24/07/2021

La visita de mister Steinberg, distintos métodos para un mismo fin

Aurelio Suárez Montoya, Bogotá 2 noviembre de 2010

Hay diferentes formas de matar un sapo. Una es aplastarlo con objeto contundente; otra, conocida como “sapo escaldado”, lo deposita en agua a fuego lento para matarlo paulatinamente; ambas eliminan al batracio. La variedad en los métodos se aplica en todos los campos, y entre ellos, en las relaciones internacionales.

Un ejemplo es la combinación de garrote con zanahoria, el recambio de uno a otra, que Estados Unidos ha aplicado hacia América Latina. Theodore Roosevelt, abogaba por “llevar a cabo los propósitos por la fuerza” y Kennedy adelantó la “ayuda para el desarrollo” dentro de la lucha anticomunista iniciada por Eisenhower y los dictadores militares. Kissinger, secretario de Nixon, afirmó que “la historia no se ha escrito en el Sur” y montó a Pinochet; Carter propagaba los derechos humanos y alcahueteaba su violación en Salvador y Nicaragua; Johnson ocupó Panamá y República Dominicana; Reagan montó los “contras” en Centroamérica; Bush (padre) ideó el ALCA y Clinton, en aras de democracia y paz, el Plan Colombia y los TLC.

Unos y otros tuvieron el petróleo, la inversión, el crédito externo y el comercio como objetivos centrales y a través de ellos el fortalecimiento de la hegemonía política y económica de Estados Unidos en América; garrote y zanahoria no se contradicen, se complementan.

Bush (hijo) extendió la lucha global contra el terrorismo a Colombia, que triplicó, como porcentaje del PIB, el gasto en seguridad, duplicó el píe de fuerza y reforzó los lazos militares hasta concretar el tratado de bases norteamericanas; negoció el TLC y acogió el autoritarismo de Uribe. Obama habla de “nueva agenda”. El subsecretario de Estado, James Steinberg, dijo que “el presidente Santos… ha reparado las relaciones regionales y…nuestro interés común en la paz y la estabilidad”; recalcó “un compromiso compartido con derechos humanos y gobernabilidad democrática”; “una cooperación…en proyectos como la iniciativa de energía de la biomasa (agrocombustibles)” y “la promoción conjunta de innovación y transferencia de tecnología”.

Mientras se alegra el oído a algunos con esto, Santos, entre otras, pone el superávit fiscal como norma constitucional por encima de derechos sociales; restringe la tutela para la salud; arrebata las regalías; se desentiende de la revaluación, marchitando el agro y la industria; continúa la almoneda de los recursos naturales; y así la “nueva agenda” se vuelve cortina de humo para el plan económico. Santos funge como restaurador del Estado de Derecho para acabar con el Estado Social de Derecho, su administración no contraría la de Uribe, consolida sus logros, una y otra concuerdan con el plan general norteamericano, donde a ratos se aplica garrote y en otros zanahoria, dos métodos en busca del mismo resultado.

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