27/09/2021

La ganadería, una “especie” en vía de extinción

Carlos Tobar, Diario del Huila, Neiva, marzo 1º de 2011

El pasado fin de semana asistí a un foro sobre las consecuencias que tendrá la aplicación de medidas sanitarias, promulgadas por el gobierno, en la producción y comercialización, a través de la cadena popular, de la leche de origen nacional. El foro era convocado por el Centro de Estudios del Trabajo, organización que aglutina a jóvenes profesionales preocupados por los temas del desarrollo económico, social y ambiental de la región.

Los expositores fueron la doctora Luz Enith Muñoz, directora ejecutiva del Comité de Ganaderos del Huila y el doctor Aurelio Suárez, director ejecutivo de Salvación Agropecuaria. Ilustraron al auditorio sobre la situación actual de la ganadería en la región y sobre las amenazas que se ciernen como “espada de Damocles” sobre este sector vital de la economía nacional por la aplicación de medidas sanitarias exigidas desde el anterior gobierno, en cumplimiento de los acuerdos de libre comercio firmados, principalmente con los EE.UU., la Unión Europea y el Mercosur.

Fue evidente en las dos exposiciones que las condiciones en la que van a poner a competir a los ganaderos colombianos con los poderosos productores de los países desarrollados, y a los pequeños comercializadores (jarreadores), con las multinacionales de la industria y el comercio de la leche y sus derivados, es descomunalmente desigual. De la cantidad de datos suministrados ilustremos con uno la abismal desigualdad: mientras una vaca en Colombia produce un promedio de 3.5 litros/día, una vaca en Holanda produce en promedio 18 litros/día.

La razón de ese desequilibrio está en que en los países desarrollados hay una política pública de apoyo a la producción, comercialización, industrialización y exportación de excedentes, política que se expresa en generosos subsidios a lo largo de toda la cadena. Así la investigación, innovación en procesos y productos, almacenamiento, estímulos a la exportación, etc., han corrido por décadas a costa del erario público. Mientras eso sucede allá, en nuestro país no existe una política pública de apoyo a la ganadería nacional que ha debido batirse a “brazo partido” y a puro pulso para ver de desarrollar una ganadería que garantice el suministro de un alimento vital en la dieta de los colombianos y a defender una fuente importante de empleo nacional.

Exigir entonces normas sanitarias exageradas y antitécnicas, como las que está exigiendo el gobierno para el ordeño, almacenamiento, industrialización de la leche y sus derivados, así como para su comercialización, imponiendo normas de la Organización Mundial de Comercio- OMC, organismo que defiende los intereses de los monopolios transnacionales, y no las normas de la Organización Mundial de la Salud –OMS, entidad de la Naciones Unidas que considera la leche hervida como un alimento sano para la sociedad, está desnudando la naturaleza antinacional de tales medidas. La gran paradoja es que mientras en los países desarrollados se apoya a sus nacionales, en Colombia se los persigue.

De llevarse a cabo la pretensión monopolista con el apoyo del gobierno, no solo desaparecerían los comercializadores populares, que hoy distribuyen más de la mitad de la leche que se produce en el país, sino que la ganadería pequeña y mediana, escampadero final de productores que en el pasado fueron llevados a la quiebra en cultivos como trigo, cebada, algodón, maíz, soya, sorgo, ajonjolí e incluso el arroz, estaría amenazada de muerte. Con el agravante de que con su quiebra, podríamos estar frente al más grande despojo de tierras de la historia nacional.

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