18/05/2022

EL PAPEL DEL CONOCIMIENTO EN EL DESARROLLO DEL PENSAMIENTO CIENTÍFICO

Bogotá D.C., 13 de enero 2022, John Alexander Granados Rico

Tiempo atrás, Rong Fang le pregunto a Chenzi: “Maestro, recientemente he oído algo sobre su Sendero. ¿Es cierto que su Sendero permite comprender la altura y tamaño del sol, el área iluminada por su luz, la magnitud de su movimiento diario, las cifras de sus mayores y menores distancias, el alcance de la visión humana, lo límites de los cuatro polos, las constelaciones en que se ordenan las estrellas, y la longitud y amplitud de los cielos y la Tierra?”

“Es cierto”, dijo Chen Zi.

Rong Fang preguntó: “Aunque no soy inteligente, Maestro, me gustaría que me obsequiara con una explicación. ¿Puede alguien como yo acceder a este Sendero?

Chenz Zi le contestó: “Sí, toda la matemática está a tu alcance. Tu capacidad para la matemática es suficiente para comprender estas cuestiones si reflexionas sobre ellas con tesón”

(Pasaje Chino de propaganda educativa escrito entre el 400 a.C. y el 200 a.C.)

 

En nuestra historia cultural todo aquello que el hombre ha aprendido se transmite a la siguiente generación por medio de la enseñanza. El avance científico también es el resultado de un proceso de transmisión de conocimientos de una a otra generación; así lo señaló el físico estadounidense, Owen Chamberlain, ganador del Premio Nobel de Física en 1955 junto con Emilio G. Segrè, por el descubrimiento del antiprotón: “El desarrollo de la física, como el desarrollo de cualquier ciencia, es continuo. Cada idea nueva depende de las ideas del pasado. Toda la estructura de la ciencia crece gradualmente, pero solo en la medida que se apoya en la base firme de investigaciones anteriores. Cada generación de científicos se sostiene sobre los hombros de aquellos que existieron antes”. La ciencia siempre está en general en proceso continuo de desarrollo, la comprensión de las causas de los fenómenos naturales y sociales crece y se profundiza y el conocimiento se expande más y más. Todo esto significa que en la educación de las nuevas generaciones el conocimiento debe tener el papel protagónico. Esto ha sido así desde que los primeros Homo, hace millones de años en las sabanas de África, tallaron herramientas de piedra y enseñaron a hacerlo a los más jóvenes de sus grupos.

Seguramente usted, apreciado maestro que lee este artículo, habrá escuchado cosas como estas: “El profesor ya no debe dedicarse a transmitir conocimientos, sino que debe ser un orientador, un dinamizador del aprendizaje del alumno”, “la enseñanza tradicional es memorística, que debe superarse, pues transmitir conocimientos es propio de una escuela decadente y no permite pensar; ahora el alumno debe construir su propio conocimiento al ritmo que permita su aprendizaje, se trata ahora de potenciar su creatividad”, “enseñar conocimientos ya no es la tarea principal de la escuela, pues todos ellos se encuentran en la Internet”, “el alumno debe aprender a hacer en contexto”, “en la escuela tradicional, la relación entre profesor y alumno es de dominación del que sabe hacia el que no sabe; se debe buscar un nuevo paradigma de relación de pares, de igualdad entre las partes”.

Pero, ¿de dónde vienen tantos ataques irracionales contra una forma particular de realizar el acto pedagógico? La respuesta a esta pregunta se puede encontrar en los campos de la filosofía, la economía y la política. La peligrosa moda del relativismo filosófico reniega del principio de objetividad al sostener, por ejemplo, que en el ámbito de la ciencia cualquier explicación es válida. Valga el caso del físico y filósofo Paul Feyerabend para quien las proposiciones “la Tierra gira alrededor del Sol” y “la Tierra es una esfera hueca que contiene el Sol, los planetas y las estrellas fijas”, tienen el mismo grado de validez. Como para esta forma de relativismo no hay “estándares objetivos y universales”, entonces, “todo vale por igual: la filantropía y el canibalismo, la ciencia y la magia, tu virtud y mi vicio” escribió el físico y epistemólogo argentino Mario Bunge en el 2013. A estas alturas del siglo XXI el pensamiento racional aún tiene que vérselas con un nuevo tipo de oscurantismo el cual, adoptando formas sutiles y engañosas, valiéndose de un complicado lenguaje filosófico barnizado con algunos conceptos científicos, a veces distorsionados, adelanta desde el siglo pasado una cruzada en contra de la ciencia. Alan Sokal y Jean Bricmont en su magnífico libro Imposturas intelectuales cuestionan las corrientes intelectuales que se caracterizan

“por el rechazo más o menos explícito de la tradición racionalista de la Ilustración, por elaboraciones teóricas desconectadas de cualquier prueba empírica, y por un relativismo cognitivo y cultural que considera que la ciencia no es nada más que una “narración”, un “mito” o una construcción social”. (Sokal & Bricmont, 1999, p. 19)

El conocimiento científico hace rato se convirtió en palanca fundamental para el desarrollo y progreso de las naciones. Los países del Tercer Mundo ven con pavor la manera acelerada cómo la brecha científica y tecnológica se amplía y profundiza respecto de los que pertenecen al Primer Mundo, desde donde se escuchan recomendaciones que sugieren que Colombia debe dedicarse a lo que sabe hacer bien, pero no cometer el error de tratar de incursionar en temas más sofisticados en los cuales no tiene ninguna oportunidad; que lo único que debe hacer es leer y tratar de entender la ciencia que se hace en otros países y vender a las metrópolis aquellos recursos naturales (hoy los mineros y monocultivos tropicales) que le permitan comprar, ya elaborada, toda la tecnología que necesita.

Esas tesis han encontrado eco en los Gobiernos que hemos tenido que padecer, que han definido que no vale la pena que en Colombia se haga un esfuerzo importante para crear una capacidad propia de producción de ciencia y tecnología, que lo mejor que podemos hacer es dejar esos temas a los países desarrollados. Las políticas económicas neoliberales que han aplicado los gobernantes de estas tierras, han terminado por poner a la nación en el último vagón del tren universal del conocimiento científico y tecnológico.

Científicos como el neurobiólogo Rodolfo Llinás han reclamado del gobierno colombiano darle a la ciencia y la tecnología la importancia necesaria para contribuir a mejorar el bienestar de las gentes del país. Con claridad el doctor Llinás ha señalado en el periódico El Tiempo en 2008 “Colombia no está dando todo lo que puede dar desde el punto de vista humano. Definitivamente nuestros artistas son fantásticos, nuestros escritores son fantásticos, pero nuestros científicos no pueden ser fantásticos. No porque falte capacidad, sino porque simplemente no existe el interés ni la voluntad social y política necesaria para sostener un eje científico fuerte”.

Los centros de poder mundial han decidido condenarnos, por ahora, a cien años de soledad científica y tecnológica. Para lograrlo necesitan debilitar al máximo nuestra soberanía nacional y arrasar con la débil estructura industrial y agropecuaria, objetivos que están alcanzando desde que se inició lo que se conoce como la apertura económica y que se ha profundizado con los tratados de libre comercio negociados con Estados Unidos y la Unión Europea, amén de los TLC con Canadá, Corea del Sur y otros países, así como con el ingreso a la OCDE. En las condiciones de diseño de un país atrasado, dedicado únicamente a la producción de bienes primarios, como los mineros, no hay necesidad de una educación que imparta una enseñanza científica, que garantice la formación de profesionales y científicos de primerísima calidad. Se explica entonces, lo que en su momento expresó Marco Palacios cuando era rector de la Universidad Nacional: “Quizás estemos enseñando demasiado, entregando un profesional que supera los requerimientos del mercado”.

Pero a pesar de eso, los maestros aspiramos a que nuestros estudiantes tengan la capacidad de analizar los hechos y la información de una manera profunda, es decir, que puedan identificar los detalles determinantes en la información que dan validez o nulidad a una proposición, plantear conclusiones racionales frente a una idea, transferir el conocimiento entre áreas similares, relacionar conceptos para alcanzar nuevos conocimientos y reconocer el aspecto principal de un problema para proponer una solución. Para alcanzar los anteriores propósitos todos llegamos a la misma pregunta esencial: ¿Cómo se forma el pensamiento científico en un individuo? Siendo esta cuestión, el punto central de la presente reflexión.

Iniciemos la búsqueda a la solución de nuestra pregunta aclarando que el pensamiento o la acción de pensar de un individuo se refiere, según la RAE, a formar o combinar ideas en la mente. En ese sentido, el científico colombiano Rodolfo Llinás dice que la mente o estado mental, es tan solo uno de los estados funcionales del cerebro; la mente es el producto de la actividad eléctrica autocontrolada que ocurre en el cerebro y que se trasmite a través de las redes neuronales, por lo tanto, mente y cerebro son codimensionales. La actividad eléctrica del cerebro se caracteriza por ser isomorfa, dicho en otras palabras: los impulsos cerebrales coinciden con el estado del mundo que es percibido por el individuo por medio de sus órganos de los sentidos (Llinás, 2017), la imagen mental es el reflejo de lo que sucede en el mundo que rodea al individuo.

Las investigaciones sobre el cerebro y el sistema nervioso han concluido que “el cerebro es un requisito evolutivo para el movimiento guiado” (Llinás R, 2017, p. 37) de los seres vivos multicelulares, por eso se puede afirmar que es indispensable poseer una red sensorial para recibir información del exterior y de un órgano que procese los estímulos externos para que las funciones motoras lleven a los individuos a alcanzar resultados exitosos y que la función principal de dicho sistema es garantizarle a los animales el desplazamiento seguro de un lugar a otro. El Homo sapiens es el único animal a quien el proceso evolutivo, a través de la selección natural, lo dotó de un cerebro de gran tamaño y bastante complejo que le ha permitido conocer y comprender las leyes que gobiernan los fenómenos del mundo natural y del social.

Por lo anterior, Daniel T. Willingham dice que el cerebro humano no tiene como función principal el razonamiento sino las tareas relacionadas con las funciones motoras, por ello, gran parte de la masa encefálica y el consumo de energía están dedicados a que ellas sean efectivas y pasa a un segundo plano las tareas que requieren concentración. Además, el mismo autor agrega que el razonamiento tiene tres características, es lento, es arduo y es aproximado, a diferencia de las funciones motoras que procesan con rapidez la información suministrada por los sentidos, que son connaturales y no requieren mayor concentración y finalmente, generalmente son efectivas, razón por la cual, los humanos en la mayoría de los casos evitan reflexionar acudiendo a la memoria para simplificar el proceso.

Tenemos que agregar que  el pensamiento humano se caracteriza por articularse mediante el lenguaje, entendiendo a este último como la concatenación de símbolos que siguen unas reglas sintácticas; por eso nuestros pensamientos se expresan en la mente mediante cadenas de vocablos que responden a unas pautas de organización, razón por la cual, el aprendizaje de una lengua en los bebes humanos es indispensable. El ser humano tiene tres rasgos que lo diferencian de otras especies de animales; 1) la autoconciencia: la facultad de la mente de la persona de percibir la realidad a través de sus sentidos y también la existencia de la mente de otras personas, 2) el pensamiento simbólico: lo que le permite al individuo elaborar representaciones mentales, proyectar ideas del futuro o abstraer recuerdos del pasado, inventar cosas inexistentes partiendo de hechos incomprensibles de la realidad o describir una teoría que explique el movimiento de los objetos celestes, en fin, definir todos los rasgos de la civilización y 3) el lenguaje: la manera como la persona articula la reflexión interna de sus pensamientos y/o los expresa, de manera oral, escrita o mediante signos, al mundo exterior (Mariño, 2018).

Hay evidencia científica que sustenta que otras especies de animales tienen la facultad de pensar, por ejemplo, los monos vervet tienen que

“resolver los problemas planteados por los depredadores, (…) poseen un complejo sistema de relaciones sociales. (…) es esencial que puedan distinguir a un mono intruso perteneciente a otro grupo (…) Conocer los recursos alimenticios y comunicarse esos conocimientos (…) distintos tipos gritos de alarma y medidas defensivas” (Diamond J, 2014, p. 204, 2005),

lo anterior son pruebas de rasgos característicos del pensamiento. Pero la facultad del pensamiento humano se caracteriza por la autoconciencia, el pensamiento simbólico y el lenguaje, como fue mencionado anteriormente, siendo el último, el rasgo distintivo.

El pensamiento es una facultad del ser humano que se desarrolla desde la quinta semana de gestación del feto con la presencia de las primeras células que formarán más adelante el sistema nervioso, iniciando el proceso por la formación del cerebro y los ojos. Entonces, el pensamiento es fruto del desarrollo biológico, pero su progreso dependerá de los estímulos a los que estará sometido el individuo a lo largo de su vida, siendo los más relevantes aquellos suministrados durante los primeros diez años de vida. Los humanos durante ese periodo requieren mayor protección, el suministro de alimentos y adquieren los aspectos más relevantes de la cultura por parte de los adultos y pares, por ejemplo;

“entre la infancia y la niñez se adquiere un habla plena, con escasos errores gramaticales, con una facilidad pasmosa y sin la necesidad de una educación dirigida en especial para ello; basta con que haya gente hablando alrededor de las criaturas y también dirigiéndose a ellas. Un verdadero prodigio de la biología y la cultura humanas que aún no está explicado en su totalidad por la ciencia” (Mariño, 2018, p. 62).

A manera de síntesis, podemos decir inicialmente que las funciones del pensamiento de una persona progresan a medida que el cerebro crece. Al nacer la arquitectura básica del cerebro ya se encuentra desarrollada, pero durante los diez primeros años de vida del ser humano son fundamentales las experiencias para la afinación de los principales caminos cerebrales y las redes que programan el movimiento humano, aprender el lenguaje y los elementos más relevantes de la cultura. Por ende, las actividades que desarrollan la motricidad gruesa y fina, las que permiten la memorización de la lengua y de la cultura, son indispensables para el éxito del individuo en la sociedad.

De allí, la importancia de permitirles a las niñas y niños desde edad temprana, poder interactuar con todas las actividades que desarrollen la destreza y el control de sus cuerpos y movimientos, como también, conocer las reglas, costumbres, avances técnicos, tecnológicos, artísticos, lingüísticos, los modos de producción y en general las tradiciones del grupo social con el cual convive, en resumidas cuentas, los aspectos de definen la cultura de la comunidad.

Frente al último aspecto, es importante señalar que “la elaboración de la cultura depende de la memoria a largo plazo, y en esta capacidad los humanos se sitúan muy por encima de todos los animales” (Wilson, 2012, p. 251). Diferentes estudios realizados han determinado que las palomas alcanzan a memorizar alrededor de 1200 imágenes, los primates aproximadamente 5000 ítems, pero en el caso de los humanos no se ha podido determinar una magnitud de memorización hasta el momento (Wilson, 2012). Esto nos evidencia la importancia de formar y potenciar el pensamiento humano y de aprovechar la inconmensurable capacidad de memorización para transmitir los elementos de la cultura a los individuos más jóvenes.

Cuando el avance de la humanidad era limitado la transferencia de los elementos de la cultura se hacía con eficacia en el seno de la familia o de la comunidad. Los procesos de enseñanza se realizaban de madre/padre a hijo/hija, en general de los individuos adultos a los más jóvenes; las tareas especializadas como la elaboración de herramientas, armas, prendas de vestir, orfebrería, alfarería, ebanistería, carpintería, herrería, la navegación y la construcción de infraestructura eran aprendidas por el aprendiz a través de un maestro. La existencia de la colectividad dependía en gran medida de garantizar que las futuras generaciones obtuvieran los conocimientos acumulados hasta el momento y que ellos, a su vez, pudieran profundizar en los mismos, encontrar nuevos y lograr que su descendencia siguiera ese camino generación tras generación, haciendo que el proceso de enseñanza – aprendizaje fuera más complejo a medida que se comprendía mejor la naturaleza. Fue así, como China, Egipto, Persia, Grecia y la India fueron civilizaciones tan avanzadas en la antigüedad que sus aportes en astronomía y matemáticas son la base de la ciencia moderna.

Tomó tanta importancia la transferencia de los conocimientos para el avance de la sociedad que se le garantizó a cada individuo la instrucción necesaria conforme a la posición social que ocupara en la comunidad; los más desfavorecidos con la familia y entorno cercano únicamente; los más privilegiados con los tutores especializados en las áreas más avanzadas del conocimiento de la época. Así se llegaron construir importantes instituciones educativas en Grecia y Roma de formación básica (Ludi-Magister), secundaria (Gramático) y educación superior o las creadas en el siglo IX tales como las escuelas parroquiales, monásticas e imperiales. Este desarrollo tuvo su punto máximo en Prusia en el siglo XVIII, cuando se decretó el acceso universal a la educación pública, seguido por los gobiernos franceses posteriores a la revolución de 1789 y extendido como un avance de las revoluciones burguesas y conformación de los Estados Nacionales.

La escuela pública garantiza que se transmitan los conocimientos acumulados a lo largo de la historia que cimientan la cultura humana, la lengua, la historia, la geografía, la literatura, la ciencia y facilita la integración del país enseñando los rasgos que caracterizan la cultura nacional. También, organiza la educación de una manera racional, permite que una persona especializada para la enseñanza, con los conocimientos requeridos y actualizados pueda enseñárselos a las niñas y niños de una manera adecuada y que las nuevas generaciones pueden avanzar más que las anteriores porque parten del lugar que alcanzaron sus antecesores.

Imaginemos por un instante que una persona que nace deba partir de cero con el proceso de conformación de los elementos de la cultura, por ejemplo, que tenga que iniciar el camino por lo más básico, nombrar los elementos más corrientes de la naturaleza hasta el lenguaje que es el rasgo distintivo del pensamiento humano. Los científicos afirman que el lenguaje es fruto del proceso evolutivo, su desarrollo se dio a la par que lo hacían la pelvis, el cráneo, las herramientas y el arte, hay evidencia que confirma que las primeras lenguas escritas datan hace unos de 5000  años, que eran tan complejas como las actuales, que en el caso de nuestro idioma, la raíz de algunas de las palabras que usamos datan de épocas anteriores a la invención de la agricultura  y que, se aprende en el contacto con otros humanos desde la niñez. También imaginemos, que cada generación deba retroceder unos 1500 años para inventar el sistema de dígitos que empleamos para numerar las cantidades o la notación decimal que tiene alrededor de 450 años. ¿Qué hubiera pasado sí los científicos rusos que patentaron la primera vacuna contra la COVID – 19, no hubieran contado con todo el acumulado de investigaciones del Instituto Gamelaya, que tiene 130 años de tradición científica? Si la hipótesis planteada al inicio fuera real, nosotros no podríamos gozar de las facilidades de la vida moderna porque tendríamos que iniciar el camino que recorrió la humanidad hace más de 5000 de años atrás.

Definitivamente, uno de los factores que han garantizado el éxito de la civilización humana radica en su gran capacidad de acumular conocimiento y de transmitirlo a lo largo de la historia a través de la familia, la comunidad y la escuela. Por eso es tan importante que las niñas, los niños y los jóvenes tengan la oportunidad de acceder al conocimiento de las ciencias, las humanidades y las artes, de recibir una educación integral que estimulen la motricidad y el pensamiento para que tengan las herramientas fundamentales para comprender la cultura y aportar a su desarrollo, de tal manera que, las próximas generaciones no tengan que recorrer el mismo camino, sino que forjen uno mejor sobre la base de los avances anteriores.

Por eso, están equivocados los que califican como un acto de despotismo, decir que el maestro posee un conocimiento que debe ser enseñado a los estudiantes, los que colocan en entre dicho que, en el acto educativo se deba transferir conocimiento, los que defienden que el conocimiento es un proceso de búsqueda y conciliación entre el educador y el educando o que en la escuela se deben formar únicamente en competencias para la vida.

Afirmar que el maestro es un experto en pedagogía y en una disciplina del conocimiento, y que en la escuela pueda enseñar lo que conoce al grueso de la juventud, no es un acto de despotismo sino por el contrario, es una manifestación del desarrollo de los principios más importantes de la democracia, porque el docente permite que toda la población, sin importar su origen de clase, tenga acceso a los elementos más importantes elaborados por la cultura humana a través del proceso educativo, permitiendo el progreso de la sociedad en todos los campos y a su vez derribar los aspectos culturales que se convierten en un lastre para el avance de las comunidades. Por ejemplo, la revolución científica gestada por Kepler, Copérnico, Galileo y Newton sentaron las bases del pensamiento moderno eliminando la idea geocéntrica; la enseñanza de estos contenidos por parte de José Celestino Mutis tuvo un gran impacto en el pensamiento de los jóvenes del Virreinato de la Nueva Granada, entre cuyos discípulos se distinguieron Francisco José de Caldas, José María Carbonell, Sinforoso Mutis y Miguel Pombo destacados por su actividad científica durante la Expedición Botánica y por el papel desempeñado en la Revolución de la Independencia de Colombia del Imperio Español.

Como lo hemos dicho anteriormente, la educación tiene dos propósitos fundamentales:  estimular los procesos de pensamiento del individuo y transmitir los conocimientos más importantes para el avance de la cultura en la sociedad, proceso que se desarrolla en la familia, la comunidad y en la escuela. También hemos afirmado que el pensamiento es producto de los estímulos externos captados por los sentidos, que el desarrollo de la cultura humana se ha logrado gracias a la inconmensurable capacidad de memorización del ser humano, la cual se trasmite de forma oral y escrita generación tras generación y que la memoria le permite a la persona ahorrar tiempo y esfuerzo para solucionar problemas.

En ese orden de ideas, cuando los maestros buscamos que nuestros estudiantes desarrollen las características del pensamiento científico, tenemos que trabajar en dos aspectos esencialmente: primero, diseñar actividades que estimulen las características de dicho nivel de pensamiento en el alumno y segundo, enseñarle los conocimientos requeridos para estimular el pensamiento, expresado de otra manera; los conocimientos proporcionan la materia prima que permite estimular las funciones de análisis que se desean alcanzar. Por ejemplo, un maestro de química antes de ir al laboratorio con sus estudiantes primero les enseña los conocimientos necesarios y los datos que esperan obtener del trabajo que van a realizar; si se le pide a un estudiante que explique el impacto que tuvo la reforma educativa realizada por Francisco Moreno y Escandón en 1779, en el Virreinato de la Nueva Granada, se le debió enseñar inicialmente los hechos históricos de ese periodo de la historia nacional y si se quiere que un niño de grado cuarto explique con sus propias palabras lo que entendió de la lectura de un cuento, hay que garantizarle de manera previa que conozca la lengua en que fue escrito, el significado de las palabras y unos conocimientos que le permitan relacionar el contenido con su experiencia.

Los ejemplos anteriores dejan en relieve la importancia de enseñar conocimientos a la par que se estimulan las funciones del pensamiento del individuo. Para explicar dicha relación, los científicos han evidenciado que la mente tiene dos componentes, el primero la memoria de trabajo y el segundo la memoria a largo plazo. La memoria de trabajo es el lugar que está directamente expuesto al entorno y por ende donde se genera la conciencia de las cosas que existen alrededor, contiene la información sobre lo que se está pensando; la memoria a largo plazo es donde se guardan todos los conocimientos que hemos adquirido del mundo y de la cultura. Toda la información que reposa en la memoria de largo plazo está fuera de la conciencia hasta que la memoria de trabajo la requiere para realizar alguna tarea, por lo tanto, el proceso de pensamiento humano combina los datos obtenidos del mundo exterior a través de los sentidos con los conocimientos memorizados previamente (Willingham, 2011). Por esa razón es tan importante estimular la memoria con conocimientos concretos para estimular el desarrollo del pensamiento de los niños y niñas desde temprana edad.

Como se dijo anteriormente, la memoria de trabajo es el lugar del cerebro donde se manipulan y combinan los estímulos obtenidos del exterior con los datos aprendidos con antelación, en consecuencia es más un sitio de procesamiento que de almacenamiento de información, de ahí que cuando el individuo se enfrenta a una situación desconocida deba detenerse y buscar en su memoria de largo plazo experiencias similares que le sean útiles para dar una respuesta,  proceso que exige concentración para buscar y relacionar en la memoria recuerdos anteriores y tener un conocimiento amplio de diversos temas para que sea exitoso. Así que, “las facultades intelectuales que deseamos estimular en nuestro alumnado (reflexionar con lógica y actitud crítica) son indisociables de la cultura general” (Willingham, 2011, p.59).

Respecto a la memoria hay que agregar que, ella es el resultado del proceso de reflexionar sobre un tema, porque

El cerebro elige de manera pragmática: si no se reflexiona mucho sobre algo, es probable no se tenga que utilizar de nuevo y por tanto no se necesite recordarlo. Por el contrario, si se reflexiona sobre algo, es probable que se necesite pensar en ello de nuevo y del mismo modo (Willingham, 2011, p.89).

y también, que poseer en la memoria un amplio repertorio de contenidos de cultura general facilita el aprendizaje, dado que “recordamos mucho mejor cuando algo tiene sentido para nosotros” (Willingham, 2011, p. 65). En un artículo reciente (Rimas, memoria y matemáticas, El Espectador, 8 de julio de 2021) del matemático y exrector de la Universidad Nacional de Colombia, apuntaba:

“En contra de quienes opinan que memorizar cosas no sirve, ni enseña nada, opino que no se puede generalizar y este es justamente un buen contraejemplo, ya que aprender que 7×5 es igual a 35 le enseña inmediatamente al niño que puede ahorrarse una nueva sin esfuerzo alguno, basta saber que 5×7 también es igual a 35 y con este beneficio el niño está aprendiendo entonces que la multiplicación es una operación conmutativa, propiedad maravillosa, gracias a la cual él necesita un menor trabajo”. (Mantilla, 2021)

En virtud de lo anterior, el currículo escolar a lo largo de los ciclos educativos de preescolar, básica y media debe enseñar contenidos y estimular el intelecto con metodologías y actividades adecuadas para formar un carácter científico en el estudiantado, suministrando las ideas que cimientan cada una de las disciplinas del conocimiento para garantizar que tengan las bases sólidas de las ciencias humanas y exactas, la historia, las artes, la literatura y en general los elementos fundamentales que edifican la cultura y sin los cuales no podrían aportar significativamente a su progreso. Dicho de otra forma, es un proceso que parte de la experiencia para alcanzar el conocimiento, pero de igual forma permite desde el conocimiento alcanzar la experiencia. Comprendiendo que primero se estudian los aspectos particulares de las cosas de la realidad para que gradualmente se puedan conocer sus generalidades, las cuales son la base para seguir profundizando en el entendimiento del funcionamiento de los fenómenos de la naturaleza y la sociedad.

Además, debemos recordar nuevamente que en la escuela se transmiten los conocimientos más importantes acumulados por la cultura humana agrupados en las diferentes disciplinas de estudio, los cuales son la base para desarrollar nuevos conocimientos. Básicamente, en el ciclo escolar los jóvenes deben comprender las leyes primordiales que rigen la naturaleza y la sociedad. La comprensión es el cimiento para que, con el tiempo, el estudio y la experiencia, logren ser expertos en un área específica. La falta de comprensión de este tema lleva a concentrar esfuerzos en actividades que generarán frustración y desmotivación, truncando el proceso educativo y el desarrollo de las facultades de pensamiento que queremos alcanzar.

Finalmente, podríamos decir que desarrollar el pensamiento científico de los alumnos equivaldría a enseñarles a basar su vida en el uso de la razón, lo que en palabras del científico Richard Dawkins

“significa basarla en la evidencia y en la lógica. La evidencia es la única forma que conocemos mediante la cual descubrimos lo que es verdadero en el mundo real. La lógica es el modo en que deducimos las consecuencias que se derivan de la evidencia” (Dawkins, R. p, 367. 2019).

Por ende, es indispensable cultivar todas las actividades que permitan a los jóvenes nutrir su intelecto y conocimiento para que tengan los argumentos para analizar la realidad, enfrentar con éxito las diversas situaciones nuevas que se presentan en la cotidianidad recurriendo a la experiencia previa acumulada en la memoria y relacionar cosas que ya conoce para plantear soluciones a problemas que encuentre y pueda basar su vida en el uso de la razón.

 

 JOHN ALEXANDER GRANADOS RICO

Docente INEM Francisco de Paula Santander

Asesor CEID – FECODE

Delegado a la Asamblea de delegados de la ADE

 

 

REFERENCIAS.
 
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