24/07/2021

El algodón: una bonanza que no podrá ser

Carlos Tobar, Diario del Huila, Neiva, noviembre 16 de 2010

El precio mundial del algodón está disparado. Durante los últimos tres meses los precios han subido, de manera consistente, en el mercado norteamericano –principal exportador mundial–, de 77 centavos a 107 centavos de dólar por libra; y en el mercado mundial de 86 centavos a 118 centavos de dólar por libra. Esta situación de precio favorable para este commodity se da por la confluencia de varios factores. Los más relevantes, de una parte, las dificultades que atraviesan varios de los países productores más importantes, afectados sensiblemente por factores climáticos –China, India, Pakistán e incluso Estados Unidos–; y por otra parte el incremento de la demanda mundial por un incremento en el consumo de la fibra, especialmente en China.

Colombia que llegó a tener un área sembrada anual de relativa importancia hacia finales de la década de los 70 del siglo pasado, 370.000 hectáreas en 1977 que produjeron 485.000 toneladas, hoy siembra escasamente 14.000 hectáreas con una producción aproximada de 36.000 toneladas. Esta precaria situación satisface a las directivas gremiales del sector que viene de atravesar 30 años de penurias y abandono.

¿Qué pasó en Colombia y en América Latina, con contadas excepciones, para que se produjera esta dramática reducción en el área sembrada, la producción, la acumulación de capital y la generación de empleo? Señalemos no más que para 1977 cerca de 350.000 colombianos estaban vinculados directamente a este cultivo y que el valor de la producción en ese año significó el 11% de valor de la producción agrícola, sin café y ganadería. Regiones como el Tolima, el Huila o el Cesar, fincaron parte de su prosperidad en el “oro blanco”.

Para comienzos de la década de los 80 las presiones globalizadoras de los capitales excedentarios, especialmente norteamericanos, capitales que se acumulaban en sumas fabulosas por ejemplo en la industria del petróleo debido a los descomunales crecimientos de los precios, empezaron a buscar nuevos mercados para su creciente producción, incluidos los bienes agrícolas y pecuarios. Con el fin de lograr ese objetivo, el gobierno norteamericano, verdadero defensor y promotor de sus productores, diseñó una serie de políticas para colocar los excedentes de su mercado interno en el mercado internacional.

Así políticas como los subsidios a sus productores, subsidios a la exportación o las presiones económicas, utilizando organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial condujeron a que gobiernos débiles y sumisos –uno de ellos el colombiano–, se sometieran a sus dictados desmontando centros de investigación, v.gr. el ICA, o las políticas de crédito subsidiado, o los instrumentos de estabilización de precios y comercialización, como el IDEMA. Para completar el cuadro de desventajas de la producción nacional con la implementación de las políticas de libre comercio se desmontó la protección arancelaria y de franjas de precios, que llevaron a la ruina a los productores nacionales.

La diferencia con países del vecindario, con políticas propias e independientes, como Brasil, salta a la vista. Investigación de nivel mundial, créditos baratos, suficientes y oportunos, sistemas de comercialización modernos de gran músculo financiero, etc., los colocan como un ejemplo a seguir. Ojalá hayamos aprendido la lección.

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