04/08/2021

DESFINANCIACIÓN, VIRTUALIDAD Y UBERIZACIÓN EN LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Bogotá D.C., 28 de abril 2020, Tribuna Magisterial Nacional

El Gobierno Duque -en línea con el imperialismo norteamericano- desde antes que se agudizara la pandemia del coronavirus, en la reunión de 18 de marzo, clausuró la mesa de negociación con FECODE, a la cual llevó una fórmula que no cierra las brechas, incumpliendo el acuerdo firmado en mayo de 2019 de realizar una reforma constitucional consensuada que garantice el crecimiento real y progresivo del SGP para cerrar las seis brechas de acceso universal, canasta educativa, jornada única, infraestructura, relaciones técnicas y educación rural. Además, no convocó a las mesas de salud, agua potable y saneamiento básico. En 1999 cuando se impuso el acuerdo extendido con el FMI, se blandió la bandera de la crisis para justificar el despojo de esos sectores mientras se llenaba de billones a la banca y, en general, al capital financiero. La pandemia ha avanzado en gran medida debido a esa política que redujo a ruinas la red hospitalaria pública, dejó sin agua potable cientos de municipios y centros poblados en los que sus habitantes no se pueden lavar las manos y no cuentan con alcantarillados para resolver otros problemas de salud y desfinanció brutalmente la educación pública.

 

El Ministerio de Educación ha aprovechado el confinamiento en que debemos estar estudiantes y profesores y la necesidad de adelantar virtualmente o a distancia la enseñanza, para imponer los contenidos y métodos de la enseñanza hasta el punto que el plan de estudios quedó reducido a cuatro áreas desarrolladas con unas plataformas digitales. El acceso a internet es precario, unos pocos estudiantes tienen computador, otros WhatsApp, otros reciben guías en físico. Los padres de familia también son distintos y no homogeneizables: con diferentes niveles académicos, con tiempo o sin tiempo, con paciencia o sin ella y con un montón de diferencias que no sólo afectan el desempeño académico sino la convivencia familiar. Las clases en confinamiento son fuente de tensiones. Tenemos una educación virtual desigual, con altos niveles de estrés y de medidas contra la autonomía escolar.

 

Pero, se dirá, es mientras pasa el coronavirus y luego volveremos a la normalidad. Las fiestas que están haciendo en torno a la virtualidad nos deben poner en alerta. De tiempo atrás hay una entusiasta, masiva y muy bien financiada campaña con la cual, en el oscuro maniqueísmo imperial, se define la educación virtual como lo bueno, lo avanzado y lo eficaz y la educación con profesor y estudiantes presenciales como lo malo, lo retrógrado y lo ineficaz.

Diane Ravitch, quien fuera subsecretaria de Educación de los Estados Unidos, al  analizar la dirección de la educación, considera que estamos ante “la irrupción de big data [grandes datos] en las escuelas. Es una fórmula empresarial para desarrollar apps, vender datos de estudiantes y hacer dinero, afirma. De hecho, el capital riesgo ya se ha fijado en este mercado y está entrando a manos llenas en compañías digitales de creación”. (1) Por ello no extraña el titular de El País de España, “Rebelión contra Zuckerberg en colegios de EE UU” Y al cual se agrega, “la educación está desde hace años en el punto de mira de Silicon Valley, que ya ha transformado los sectores del comercio minorista, el entretenimiento, la comunicación, la industria editorial, la música o el periodismo. La idea es que la tecnología puede hacer cumplir el viejo sueño de la educación personalizada, inaccesible de otra manera por falta de recursos (…) Los padres descontentos se quejan tanto de la calidad del currículo que ofrece como de la cantidad de tiempo que los niños deben pasar ante las pantallas, y no escuchando al profe (…) También hay preocupación por la gestión de la privacidad de la información que proporcionan los alumnos, teniendo en cuenta que el principal financiador de la plataforma ha creado un imperio a base de recoger y capitalizar económicamente datos de sus usuarios” (2).

“Facebook con el objetivo de competir en el mercado educativo contra los otros grandes de la industria como Google o Microsoft desarrolló Summit Learning, que se orienta a innovar dentro de un marco de una pedagogía tradicional denominada “enseñanza basada en proyectos”. Esto automatiza procesos y genera un aumento excesivo en la cantidad de tarea para el hogar de los alumnos y, al mismo tiempo, prescinde de la profesionalización de la enseñanza docente. El conflicto más importante se basa en el método utilizado por la plataforma, el “aprendizaje personalizado”. Este proceso vincula al alumno con el docente exclusivamente a través de la interfaz digital, y esa “personalización” es generada por los algoritmos de la plataforma. La “uberización” de la educación a la que hace referencia Alejandro Artopoulos se focaliza en la sistematización de la rutina del trabajo docente al omitir el lugar necesario en la conexión y la improvisación de métodos de enseñanza que puedan adaptarse a los hechos del mundo cotidiano y a las inquietudes espontáneas de los alumnos” (3) Estamos ante una política diseñada para la anulación del maestro como profesional de la educación, con el consiguiente ataque a la planta de personal, contra la relación directa y espontánea entre docente y estudiantes y su remplazo por algoritmos diseñados por empresas multinacionales que hacen de la educación un negocio y se oponen a nuestro derecho a una educación pública adecuadamente financiada, científica, democrática y nacional.

1. https://tribunamagisterial.co/que-miden-las-pruebas-de-estado/

2. https://elpais.com/sociedad/2019/06/29/actualidad/1561832269_832729.amp.html

3.  https://www.filo.news/actualidad/Facebook-y-la-uberizacion-de-la-educacion-20181113-0049.html

TRIBUNA MAGISTERIAL

Victoria Avendaño, Luisa Ospina, Elías Fonseca, Diógenes Orjuela, Timoteo Romero

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