04/08/2021

Café: la peor plaga es el libre mercado

Carlos Tobar, Diario del Huila, Neiva, diciembre 7 de 2010

Se realizó la semana pasada el LXXV Congreso Nacional Cafetero, máxima instancia de la Federación Nacional de Cafeteros, institución que aglutina a los productores colombianos de este grano. Según muchos participantes y analistas económicos la reunión significó un “sorbo amargo” para más de medio millón de familias que tienen como principal fuente de ingresos “la venta del cafecito”.

Varias son las razones para que estén preocupadas. De entrada el problema del clima. Al fortísimo verano soportado el año anterior y a comienzos de este, ha seguido un invierno inclemente que ha afectado, en materia grave, las zonas de cultivo. La consecuencia más preocupante es el crecimiento vertiginoso e imparable de las plagas: la broca y la roya; especialmente esta última, un hongo que ataca las hojas y los tallos de la mata debilitándola y por tanto disminuyendo la capacidad productiva del cafeto. En el Huila se estima que el 80% de los cultivos son susceptibles a esta enfermedad.

Pero tal vez la principal preocupación es la tendencia a la baja de la producción. En el año anterior se tuvo una disminución de más de tres millones de sacos de 60 kilos, para cerrar con un volumen de 7.8 millones de sacos. Para responder a sus críticos el gerente de Federacafé, Luís Genaro Muñoz, anunció en Abril que esa era una situación transitoria, porque en el presente año la producción bordearía los 11 millones de sacos. La realidad es que a Octubre la producción sumaba 6.9 millones de sacos, por lo que en el mejor de los casos, se superará levemente la producción del año 2009.

Son muchas la explicaciones (¿justificaciones?) que se han dado para la dramática disminución de la producción: que el verano, que el invierno; que el envejecimiento de los cafetales, que los campesinos no fertilizan ni controlan plagas, que no se acogen a los programas de renovación del cultivo con variedades resistentes a las plagas; o que es urgente propiciar un cambio generacional en los campesinos caficultores. Todas y ninguna.

La verdad es que la aplicación de una política de libertad absoluta al mercado para la comercialización del grano, abandonando la intervención reguladora del Fondo Nacional del Café, como ocurría en el pasado –hoy la federación paga el peor precio del mercado–, condujo al desmantelamiento progresivo del área dedicada a la producción de café. Con los pequeños y medianos productores sometidos al comportamiento salvaje del mercado, con sus precios de venta envilecidos por compradores internos y externos, se llegó a una situación de extrema pauperización de las familias campesinas y, con su empobrecimiento, el subsiguiente abandono del cultivo. Este no pudo ser atendido de manera adecuada con las necesarias fertilizaciones y los controles a las plagas, para no hablar de las indispensables renovaciones de los cafetales envejecidos. Además, de que un cultivo débil no puede enfrentar los embates del clima.

Para terminar de agravar el panorama, la Asociación de Exportadores de Café –dirigida por el tristemente célebre, Jorge Enrique Botero, ex ministro de Comercio de gobierno uribista, negociador del TLC con los EE.UU. –, gremio que defiende los intereses comerciales de los monopolios internacionales, están exigiendo que la federación se sustraiga totalmente de la actividad comercializadora, entregándoles la exclusividad a este club de privilegiados. No sorprende la tímida y blandengue respuesta del ministro de agricultura, Juan Camilo Restrepo, a la pretensión de este gremio intermediador.

Definitivamente, la peor plaga del café es el libre mercado.

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