27/07/2021

Bogotá D.C., 19 de julio de 2020, Guillermo Guevara, Tribuna Magisterial Bogotá.

¿Qué factores determinan el desempeño profesional de un buen profesor? Quien responda a esta pregunta puede proponer distintas características que definen al buen maestro, pero, de entre esas muchas considero dos, como las fundamentales:

  • Dominio adecuado de los contenidos propios de su asignatura.
  • Habilidad para escoger el método más adecuado que garantice el aprendizaje de conocimientos.

El buen docente debe estar en un proceso continuo de actualización de sus saberes, así como también de las diversas propuestas didácticas. En la dicotomía entre contenido y método, el buen profesor privilegia al primero sobre el segundo: son los contenidos los que determinan cuál es la mejor estrategia metodológica para impartirlos. Desafortunadamente, las Facultades de Educación del país hacen más énfasis en los aspectos de la didáctica, y los contenidos han quedado relegados a un segundo plano. Se están formando maestros que pueden elucubrar mucho sobre cómo enseñar, pero que saben muy poco de lo que deben enseñar. Ese es el producto perfecto para quienes consideran que el papel del profesor es solo el de ser un catalizador, un acompañante, un mediador del proceso durante el cual el estudiante aprende según sus intereses, a su ritmo, construyendo y descubriendo sus propios conocimientos, no importa si son erróneos, pues la verdad siempre es relativa. Tales planteamientos reflejan las maromas filosóficas anarquistas, propias de las concepciones del posmodernismo aplicadas en el terreno del acto educativo y en la formación de los nuevos docentes. Obviamente, una educación orientada por tan deplorable filosofía termina siendo de muy mala calidad, destinada exclusivamente a servir los intereses económicos de la minoría criolla y extranjera que expolian sin miramientos de ninguna índole las riquezas de esta nación.

Los biólogos Sara Acosta y Rodrigo Mutis, egresados de la Universidad Nacional de Colombia, acaban de publicar con mucho esfuerzo y sin ningún apoyo estatal, un hermoso texto titulado “Mamíferos de Bogotá y dónde encontrarlos” que describe con el rigor científico necesario, en un lenguaje sencillo y claro, la insospechada diversidad de mamíferos que habitan en el Distrito Capital, muchos de los cuales son desconocidos por amplios sectores de la población bogotana: por ejemplo, seguramente muchos no sabíamos que en el río Bogotá alguna vez hubo nutrias. Conocer la biodiversidad de Bogotá y del país, es esencial para entender por qué es necesario defender la gran riqueza que atesoran nuestros ecosistemas, siempre asediados por la voracidad de los intereses económicos del capital especulativo como sucedió, por ejemplo, con la pretensión del alcalde Peñalosa y los grandes constructores que financiaron su campaña de cubrir con cemento la Reserva Forestal Thomas van der Hammen (Rodrigo Mutis siempre estuvo al frente de las movilizaciones que derrotaron las intenciones depredadoras del peor alcalde de Colombia y sus aliados), o comprender cómo fue que Tasajera pasó de la exuberancia pesquera a la pobreza infernal, según el acertado título de un artículo de Norman Alarcón Rodas, cambio que está en la base de la dolorosa tragedia ocurrida en las semanas pasadas.

Estudiar la biodiversidad local no significa renunciar al conocimiento de la ecología de otras regiones del mundo: saber sobre la importancia y composición de fauna y flora de los humedales de Bogotá, no implica desconocer la ecología de, por ejemplo, las sabanas africanas. El libro de los doctores Acosta y Mutis es una vía para ir del conocimiento particular al universal para después volver desde lo universal a lo particular, de tal manera que los dos, en el juego dialéctico de la unidad de contarios, se enriquecen y fortalecen.

“Mamíferos de Bogotá” es también una propuesta lúdica, pues invita a que niños y adultos coloreen el borugo, el puma, el oso de anteojos y todos los otros mamíferos allí descritos. El libro es un excelente material de apoyo para todos los maestros de Ciencias Naturales tanto a nivel de la educación primaria como de la secundaria, un medio para poner al lector en contacto directo con el conocimiento científico; además, Sara y Rodrigo han renunciado a la mayoría de los derechos de autor avanzado así hacia una plena democratización del saber científico. Ojalá que el ejemplo de estos dos jóvenes biólogos se replique en muchos lugares del país, para que se forjen generaciones comprometidas en la defensa de los más altos valores de la nacionalidad colombiana. Quedamos a la expectativa de los nuevos aportes científicos y artísticos que vayan surgiendo durante el andar de tan admirable empresa, que merece el apoyo decidido de muchas manos.

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