31/07/2021

Sin agro no hay futuro

Alonso Orozco Gómez, “El Líder, diario caqueteño”, Florencia, 17 de enero de 2011

Colombia es un paraíso de potencialidades: dos océanos, riqueza hídrica envidiable, abundantes recursos naturales, todos los pisos climáticos, biodiversidad abundante en fauna y flora, suelos variados y pródigos para las siembras, extensas áreas de bosques naturales, y gentes trabajadoras y emprendedoras.

No obstante, no salimos del subdesarrollo productivo. Desde antes y más ahora con la política de apertura y libre comercio se están abriendo las puertas para el saqueo de nuestros recursos naturales y se renuncia a que seamos un país autosuficiente en producción agropecuaria, tanto en alimentos como en materias primas para la industria. No hay políticas ciertas de apoyo al campo. La espantosa pobreza que cubre cada vez más amplios sectores del campesinado, el desplazamiento y la falta de motivación para permanecer en el campo, convocan con urgencia a la definición de políticas públicas que prioricen el agro nacional como estrategia de seguridad nacional. La catástrofe de las inundaciones y deslizamientos mucho tiene que ver con el desequilibrio derivado del modelo social que nos rige.

Debemos comenzar por impedir que sean letra muerta los mandatos constitucionales sobre los derechos sociales, económicos y culturales que obligan en materia agraria y ambiental. El articulo 65 consagra que la producción de alimentos y materias primas tendrá la especial protección del Estado para lo cual se propiciará la investigación y la transferencia de tecnología; en los artículos 78 al 82 se plantea el derecho a un ambiente sano y el deber del Estado de proteger la biodiversidad e integralidad del ambiente, conservar las áreas de especial importancia ecológicas y fomentar la educación para estos fines. Los artículos 58 y 64 definen la función social de la propiedad que implica obligaciones inherentes a su función ecológica y promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra, a los servicios de educación, salud, vivienda, seguridad social, recreación, crédito, comunicaciones, comercialización de los productos, asistencia técnica empresarial, las formas asociativas y solidarias de propiedad y organización, con el fin de mejorar el ingreso y calidad de vida de los campesinos.

Una administración municipal compenetrada con las causas populares no se concibe si no va de la mano con los productores agropecuarios, principales generadores de riqueza y empleo. La cultura de la defensa del agua y de la biodiversidad no puede ser retórica y debe materializarse con una política de protección del bosque natural de las cuencas hídricas, de estimulo a la reforestación y a adoptar una cultura de productividad del agro que propicie una relación sustentable y respetuosa con la naturaleza. Los invito a que en ejercicio de ciudadanía definamos y concretemos una política real de apoyo al campo para Florencia en el próximo mandato.

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