Lo único en que ha cumplido la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) es en resucitar el contrato colonialista que regía en los inicios del siglo XX

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate sobre la Agencia Nacional de Hidrocarburos, Comisión Quinta del Senado, 8 de junio de 2011.

ANH, pésimo balance. No ha habido nuevos hallazgos de importancia. Medran por ahí algunos especuladores financieros dedicados a inflar las acciones en la bolsa. El negocio de Rubiales, bastante sospechoso. Graves denuncias de la Contraloría. La ANH obstaculiza la labor de los auditores e incluso ha llegado a amenazarlos.

Primero, unirme al querer de todos los senadores en la idea de que nos va a tocar mirar con más despacio este tema después del 20 de julio, ojalá un día que podamos empezar bien temprano la sesión para entrar en detalles.

ANH, pésimo balance
 

Hace unos días me preguntaron qué pensaba de la idea de montar algo así como una agencia nacional minera, copiando a la Agencia Nacional de Hidrocarburos, y dije que habrá que ver si es buena o mala idea. Pero si de lo que se trata es de montar un aparato parecido a la Agencia Nacional de Hidrocarburos, desde ya tenemos que empezar a decir que la idea no es buena. Porque los resultados que aquí estamos viendo así lo indican.
 

El propósito principal que tenía la Agencia Nacional de Hidrocarburos era aumentar en proporciones importantes los hallazgos petroleros. Hay consenso en que no se ha cumplido. Si no lo saben los colombianos, es porque en el país, lamentablemente, las informaciones suelen darse recortadas. Aquí informan en cuánto ha aumentado la exportación, pero no sacan nunca la cifra del aumento en las reservas de petróleo. Y resulta que está aumentando la exportación, me lo explicó un especialista de una manera muy gráfica, no porque haya nuevos hallazgos, sino porque están sacando el crudo ya conocido de una forma más rápida. Me daba un buen ejemplo. Haga de cuenta, senador, que usted en vez de sacar por un pitillo el líquido de una botella de gaseosa lo saca por tres. Algo parecido nos está sucediendo aquí. Este, que era el principal propósito de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, no se ha cumplido.

Y en cambio sí ha habido deterioros evidentes, por ejemplo, con el nuevo contrato petrolero, el verdadero aporte de la Agencia Nacional de Hidrocarburos. Con el pretexto de atraer inversionistas, la ANH revivió el contrato ese de tipo colonial vigente en los inicios del siglo XX, que lo que hace es envilecer las condiciones de la participación del Estado en la renta petrolera. No lo voy a detallar, porque es de sobra conocido. Y cuando se mira quiénes son los inversionistas, descubre uno que se trata de un poco de empresas enclenques cuyo promedio de inversión es del orden de 18 millones de dólares y que no están produciendo ningún resultado de importancia. Ni siquiera en la propia lógica, que yo discuto, de entregarles el país a los inversionistas extranjeros, ha funcionado la ANH. Y cada vez se conoce más sobre unos contratistas sospechosos, como los que reseña hoy la prensa, al parecer unos aventureros que andan por ahí a ver qué pescan, como en río revuelto. Parecido a lo que está sucediendo en minería y que se sabía desde hace rato y apenas ahora se empieza a mencionar. Este solo tema daría para mirar hasta dónde aquí lo que hay son procesos de especuladores en el sentido estricto de la palabra, no petroleros sino financieros, dedicados a engordar acciones en bolsa. La otra vez el diario La República contó cómo en la Bolsa de Canadá alguna petrolera había inflado el valor de sus acciones dando informaciones falsas sobre supuestos hallazgos.

Segundo tema al que, desde ya se lo digo, doctor Zamora, voy a echarle ojo el semestre entrante. Cómo fue el negocio de Rubiales. El aumento de la producción ha estado principalmente en Rubiales, uno de esos campos viejos que ya estaba operando desde 1996, un campo que se le restituyó casi todo al Estado en 2007 y que la Agencia Nacional de Hidrocarburos transfirió a unos inversionistas privados. En vez de poner a Ecopetrol a explotar unas reservas ya sabidas, una actividad rentable incluso en ese momento, porque era negocio aun siendo de crudos pesados, curiosamente ese que, digamos, era una especie de lotería para el Estado colombiano, la ANH se lo transfirió a unos inversionistas privados, subdividiendo además los campos, otro manejo que no deja de ser por lo menos curioso.

Entonces desde ya le anticipo, doctor Zamora, que la idea es que le peguemos el semestre entrante una mirada en detalle a ver por qué Rubiales, que estuvo en manos de la nación, se terminó entregando a unos particulares. Uno supone que a la Agencia Nacional de Hidrocarburos le debe interesar que al país le vaya mejor.
 

Graves denuncias de la Contraloría

En tercer término voy a detenerme en una serie de denuncias que viene haciendo la Contraloría General de la República sobre el funcionamiento de la Agencia Nacional de Hidrocarburos y que me parecen también graves, doctor Zamora. Hay una investigación caminando en contra de la Agencia Nacional de Hidrocarburos por la actitud contumaz de no facilitarle a la Contraloría las labores que le son propias. Me parece de una gravedad inaudita. Que los funcionarios de una agencia del Estado se dediquen a estorbarles a los entes de control el ejercicio legal y constitucional de auditar y vigilar me parece de lo peor que pueda hacer un funcionario. Y de eso es de lo que lo están acusando a usted, doctor Zamora, la Contraloría General de la República.

Voy simplemente a leer de varios informes, todos de la Contraloría General de la República, para que la Comisión Quinta del Senado se haga una idea de la gravedad de lo que estoy expresando. Mencionaré además algunos contratos que son por lo menos sospechosos. El informe de auditoría a la Agencia Nacional de Hidrocarburos en la vigencia del 2009 precisa: “En el trabajo de auditoría se presentaron las siguientes limitaciones que afectaron el alcance de nuestra auditoría. Primero, la inusual práctica de esa entidad de asignar a una contratista enlace para atender los requerimientos de información y coordinar”. La Contraloría señala, y no deja de ser bien llamativo, que dicha labor le compete a la oficina de control interno de la ANH y no a particulares. “Por otra parte existieron limitaciones de acceso a las dependencias de la Agencia Nacional de Hidrocarburos y también se apreció que existieron restricciones en la comunicación directa con los funcionarios de la entidad. Se pudo establecer que la Agencia Nacional de Hidrocarburos no suministró oportunamente la información necesaria para los análisis. El acceso a la información presentó limitantes. La entidad no facilitó la interacción directa con los funcionarios dueños de los procesos”. Estoy mostrando una actitud que ya resumí. Agrega que “en el hallazgo número 7 hubo incertidumbre e inexactitud en la incorporación de las reservas de gas”. Sobre las cifras que ustedes aportan ha surgido una discusión, doctor Zamora. “La Contraloría observó que lo datos reportados para los periodos 2007-2009 de dicho indicador son discutibles, porque revuelven reservas probadas y probables”.
 

“Una alta contratación de servicios personales por cuenta de contratistas”, dice. “De 54 funcionarios de planta solo hay 44 cargos provistos y hay diez vacantes, pero hay 53 contratistas”, prácticas no menos curiosas. La Contraloría resalta un fenómeno importante que suele olvidarse en el caso de los contratistas y es que los trabajadores de planta se vuelven un acervo de la institución en la medida en que estudian y profundizan en sus conocimientos, conocimientos que se pierden en la medida en que se cambian los contratistas. No es un debate de poca monta, porque se trata de entidades en que la cuestión técnica pesa de forma decisiva.
 

Además de los casos de Fonade y de la FEN, ya mencionados aquí, me llama la atención un contrato de la Agencia Nacional de Hidrocarburos con la ANDI, la Asociación Nacional de Empresarios, por 2.250 millones de pesos. Puntualiza la Contraloría que la ANH “desconoció el principio de selección objetiva, ya que debió contratar el estudio a través de una firma consultora escogida por convocatoria pública”. Dice además: “La Agencia Nacional de Hidrocarburos no tiene dentro de las funciones que le asigna el decreto (…) la de realizar estudios sobre mercados de bienes y servicios”. Hace ver que la ANDI “no tenía la logística ni el personal idóneo para ejecutar el contrato, por lo que debió subcontratar la realización del estudio”. Esto qué es, señores, qué son este tipo de prácticas que le llaman la atención a la Contraloría.
 

El 25 de mayo de 2010, y sigo citando documentos de la Contraloría, varios de sus investigadores le piden al contralor delegado de Minas y Energía y al director de Vigilancia Fiscal abrirle un proceso sancionatorio a la Agencia Nacional de Hidrocarburos, “por las faltas reiteradas y continúas al desarrollo del proceso auditor evidenciadas por la demora reiterada en la entrega de la información, entrega de la información incompleta o no pertinente, así como de las continuas y reiteradas limitantes al uso de aplicativos informativos lo que en definitiva está obstaculizando de manera grave el normal desarrollo del actual proceso auditor”. Palabras mayores lo que se plantea este documento y que sustenta a lo largo de un poco de páginas.
 

Todo lo hasta aquí denunciado por la Contraloría General de la República me parece demasiado grave. Creo que en otro país, donde los ministros estrellas no fueran como el de Comercio de Colombia, que se da el lujo de tener a su señora como excontratista de Saludcoop, las sanciones no tardarían en llegar. Aquí no pasa nada.
 

Miremos ahora la carta del contralor delegado, Octavio Rafael García, al doctor Armando Zamora: “Por segunda ocasión la doctora Sonia Osorio se siente tratada en forma agresiva por la contratista, doctora Liliana Jaramillo, facilitadora por designación suya del proceso a la Agencia Nacional de Hidrocarburos”. Lo que está denunciando el contralor delegado es una agresión de los contratistas de la Agencia Nacional de Hidrocarburos a los funcionarios de la Contraloría General de la República. Y agrega. “Igualmente el líder del grupo, doctor Orlando Salamanca, informa el señalamiento suyo de interponer acciones penales por la Agencia Nacional de Hidrocarburos en contra de miembros del grupo auditor u otros funcionarios de la Contraloría General de la República. Además usted ha expuesto que el proceso auditor es manejado por terceras personas ante lo cual desconoce el doctor Salamanca si se trata de acciones directas o de estrategias intimidatorias”. Es en resumen una carta que le dirige a usted el contralor delegado, acusándolo a usted, doctor Zamora, de estar incurriendo en este tipo de prácticas y amenazando a los auditores. Algo parecido di a conocer en el debate de Saludcoop, donde también es una práctica común de sus agresivos abogados amenazar con sanciones penales a los funcionarios que están cumpliendo con su deber, sanciones consistentes en que a un funcionario con un salario bien escaso le toca vender la casa para poder pagar el abogado que lo defienda de la acusación que le están haciendo. Prácticas como estas debieran dar por sí solas para que tuviera que renunciar un funcionario, si es que no ameritaría una destitución fulminante. Es el mundo al revés. Los auditores, funcionarios de rango medio o bajo, bregando a cumplir sus funciones, y se tropiezan con una especie de señor feudal que les monta una pelea y los amenaza con un proceso penal. Son prácticas inaceptables. Hasta dónde va a llegar este país.
 

Hay otro documento también especialmente grave, enviado a la ANH por Róger Alberto Sanguino Rodríguez, líder de la Comisión de Auditoría, el 26 de noviembre de 2010, y dirigido a la contralora delegada para el Sector de Minas, contando un hecho que les pasó. Resulta que la Agencia Nacional de Hidrocarburos les dio una oficina a los funcionarios de la Contraloría General de la República para que adelantaran allí sus labores, especialmente complejas y largas y engorrosas. Miremos qué sucedió: “El 26 de noviembre del año en curso me dirigí a la oficina que la Agencia Nacional de Hidrocarburos destinó para el desarrollo de las funciones de la Contraloría, encontrando que de dicha oficina se extrajeron cuatro equipos de cómputo de mesa, un computador portátil, una impresora y dos teléfonos que habían sido asignados e inventariados a este grupo auditor. Este retiro se realizó sin la autorización de los miembros del equipo y este procedimiento se hizo sin la presencia de los funcionarios de la Contraloría General de la República”. Doctor Zamora, esto es de una gravedad incalculable. Y agrega: “Lo anterior evidencia que la Agencia Nacional de Hidrocarburos siempre tuvo acceso a la mencionada oficina, lo cual por sí mismo es preocupante, sumado a lo anterior que el proceso auditor aún está en curso y en esos computadores se encontraba información vital para el desarrollo de la auditoría, la cual goza de reserva, elemento que no desconoce el sujeto de control”. En resumen, le sacaron la información a la Contraloría. “Lo expuesto denota una vez más las dificultades que a lo largo de la auditoría ha tenido que afrontar el equipo, dejando entrever las prácticas restrictivas y dilatorias que la Agencia Nacional de Hidrocarburos emplea con el fin de entorpecer y obstaculizar el proceso auditor”.
 

Es probable que yo sea tan joven que apenas hasta hoy vengo a enterarme de que aquí ocurren cosas como esta. O es probable que sea inaudita o que suceda por primera vez. Solo les reitero a los senadores y a los colombianos, a los medios de comunicación, no, porque brillan por su ausencia aquí, la gravedad de lo que está ocurriendo en la Agencia Nacional de Hidrocarburos. Y de una vez le digo al ministro Carlos Rodado, al que algún día, me imagino, le contarán de este debate, al que lastimosamente no vino, que si este es el ejemplo que se va a seguir en minería, donde vamos a salir de Ingeominas a la Agencia Nacional de Minería, que estamos pasando de Guatemala a Guatepeor. Lo que están tratando de montar en la ANH es una especie de superpoder por allá en las nubes al que los funcionarios encargados de auditarlo no pueden ni atreverse a asomar, Realmente cada vez se aterra uno más de las cosas que están pasando en nuestra querida Colombia.

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