02/08/2021

La peor reforma tributaria de la historia de Colombia


Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate sobre la reforma tributaria, Comisiones Terceras conjuntas de Senado y Cámara, 28 de noviembre de 2012.

Los llamados grandes contribuyentes privados aportan poco. Rebaja en impuestos por $8 billones a las empresas mayores. En Colombia no se gravan los dividendos. La banca tuvo utilidades en el primer semestre por 20 billones de pesos. El CREE no compensa lo que se les quita al SENA, el ICBF y la salud. La ley de la sostenibilidad fiscal faculta al gobierno para hacer del presupuesto lo que le dé la gana. En Colombia pagan la misma renta del 33 por ciento las grandes empresas y las medianas y pequeñas empresas. La clase media, el chivo expiatorio.
Voy a hacer una intervención de carácter general sobre la naturaleza del proyecto. Estoy aquí como vocero delegado del Polo en el Senado de la República, determinación que tomó nuestro vocero, el senador Mauricio Ospina. El tributario es un tema que hemos estudiado cuidadosamente en mi oficina. No vengo aquí a improvisar. He escrito sobre él y estoy dictando conferencias. Aun cuando no sea yo de esta Comisión, siempre me ha preocupado el tema de los impuestos, porque la idea democrática tiene como uno de sus puntos de debate quién paga los impuestos y en qué se gasta la plata.
He venido sosteniendo que esta es la peor reforma tributaria de la historia de Colombia, la más retardataria que se haya presentado nunca. Voy a explicar por qué. En primer término, porque mantiene todos los sesgos retardatarios del actual sistema, cuyo carácter profundamente regresivo reconoce todo el mundo. Y además, porque agrava en proporciones enormes lo regresivo de lo que ya tenemos. Por eso cuando digo que es la peor reforma tributaria de la historia de Colombia, no estoy haciendo una frase, sino que me propongo demostrarlo cuidadosamente en esta intervención.
¿Por qué analistas como Carlos Caballero Argáez, Amylkar Acosta, el propio Rudolf Hommes e incluso voceros del gobierno han dicho que el sistema tributario colombiano es regresivo? Regresivo significa que pagan más los que menos tienen y pagan menos los que más tienen. Esa es la lógica de la regresividad y ese es el debate. Voy a mencionar cuatro razones. En primer término, si uno mira la masa total del recaudo, el 60% de los impuestos se recoge por gravámenes de tipo indirecto, IVA, principalmente, aranceles y otros. Y cualquier tributarista les dirá a ustedes, senadores y representantes, que por definición todos los impuestos indirectos son de naturaleza regresiva. ¿Por qué? Porque gravan con la misma fuerza al que tiene mucho y al que tiene poco. Por ejemplo, un IVA del 16%, escandalosamente alto, grava los útiles de aseo familiar, jabón, escobas, desodorantes y demás, un porcentaje que en el caso de don Luis Carlos Sarmiento Angulo resulta ser un IVA despreciable, pero en el de la señora de Ciudad Bolívar se vuelve un impuesto casi que confiscatorio.
Entonces, la primera razón por la cual el aparato tributario colombiano es retardatario es porque el 60%, la mayor proporción, se paga con gravámenes de tipo indirecto. Que de pronto haya algún gravamen a un carro costoso no cambia en nada la aseveración fundamental que estoy haciendo, porque el recaudo principal lo aportan los pobres, por la simple razón de ser más.
También es parte de la regresividad lo relativo a los llamados grandes contribuyentes. No es cierto que sean ellos los mayores aportantes al fisco nacional. Ya he dicho que los indirectos ponen el 60% y las rentas el 40%. Y cuando se desagrega el impuesto de renta, tendremos que proceder a separar renta empresas, o sea, al capital, de renta trabajo, o sea, a las personas naturales, en proporción muy importante, asalariados. Y hay que mirar grandes empresas contra pequeñas. Les voy a dar este dato, realmente impresionante. Apenas el 21% del recaudo nacional es lo que aportan los llamados grandes contribuyentes privados, y subrayo privados, porque una parte importante de los grandes contribuyentes son Ecopetrol y demás contribuyentes de origen público. Los he desagregado y les doy el siguiente dato: monopolios y trasnacionales, los grandes contribuyentes, aportan apenas el 21% del total del recaudo nacional. Las 89 mayores empresas privadas de Colombia, por ingresos, solo aportan el 4,6% del total de los impuestos del país. Las once públicas más grandes contribuyen con 4,3 billones, el 6,2%. El resto de la plata la ponen los pobres de Colombia, las clases medias, las empresas no monopolistas y empresas como Ecopetrol, que finalmente es como pasar plata de un bolsillo a otro.
En tercer término y este es un aspecto especialmente reaccionario, en Colombia los dividendos de las empresas no se gravan. He visto que por ahí circula una proposición para intentar cambiarlo. Tomemos el caso del principal banquero de Colombia. Él solito es dueño del principal banco de Colombia y su empresa está llena de exenciones tributarias, pero además, los dividendos que a él le paga su propia empresa no son gravados ni siquiera en un centavo. En países como Estados Unidos sí. Por este lado tenemos también una estructura tributaria profundamente regresiva, porque en Colombia lo normal es que las empresas sean de un solo dueño o de dos o tres. Ni siquiera se trata de dividendos distribuidos con un carácter medianamente democrático.
Unas cien grandes empresas, entre monopolios y trasnacionales, que se quedan con algo así como el 80% del total de los ingresos, disfrutan de descuentos tributarios por 6 billones de pesos, según un reciente estudio del Banco Mundial. En la suma no está contabilizada la deducción esa que les permite a las mineras deducir del impuesto de renta lo que pagan por regalías, una deducción que nos vale 2 billones de pesos. Entonces, la primera idea que quiero dejar planteada es que estamos ante un sistema tributario profundamente retardatario, regresivo, calculado en beneficio de las gentes más ricas de Colombia y del mundo, porque recordemos que los ricos del mundo, don Carlos Slim y otros, se han venido tomando nuestra economía. Slim tuvo el año pasado utilidades en Comcel por 2,8 billones de pesos y los banqueros se han ganado hasta julio utilidades por 20 billones de pesos. Pero ninguno está pagando lo que debería.
¿Qué es lo que viene con la reforma? Uno creería que van a arreglar ese cipotudo adefesio, y entonces nos pondríamos de acuerdo en que algo se hiciera. Pero ojo, la reforma tributaria lo empeora muchísimo. Voy a explicar por qué. Ha insistido el gobierno nacional, y esto es muy importante para no confundirnos, en que la reforma es neutra, lo que quiere decir es que al final se seguirá recogiendo en términos reales la misma plata de hoy. Significa que la reforma se ha diseñado para que lo que se rebaje en un sitio se aumenta en otro y que lo que se aumente aquí se tiene que disminuir allá: una reforma de naturaleza neutra. Cuando el gobierno le reduce a alguien un impuesto en un lado, está obligado a aumentarlo en otro para que no se descuadren las finanzas públicas.
Es en lo relacionado con los recursos del Sena, el Icbf y la salud donde queda en evidencia la contradicción sobre el carácter neutro y las modificaciones. ¿Por qué? Porque el gobierno pretende disminuir los recursos parafiscales, es decir, los gravámenes a la nómina de las empresas, y remplazar la pérdida por un nuevo impuesto, el llamado CREE. El gobierno ha dicho que las dos sumas serán iguales, que lo que se reduzca por parafiscales se va a compensar con el CREE. Son muchos los analistas de todos los orígenes que lo desvirtúan, mostrando cómo la plata del CREE no va a alcanzar para compensar la desfinanciación del Sena, el Bienestar Familiar y la salud.
Sobre el punto se han cruzado datos y cifras. Me inclino a pensar que quienes abrigan la razón son los especialistas que refutan las cifras del gobierno, por dos hechos objetivos que nadie puede negar. El primero, según contó el propio director de la Dian, porque él creía que el CREE debía ser del 10 por ciento y el presidente Santos se arranchó en que fuera del 8. El hecho muestra de entrada la irresponsabilidad con la que se hacen las cosas en el país. Que un hueco enorme que les van a hacer al Sena y al ICBF se debe cubrir con un CREE del 10%, en criterio del director de la Dian, y el presidente Santos lo pone del 8. Sigue el debate, porque son muchos los que afirman que no va a alcanzar la plata.
El gobierno ha dicho que va a haber recursos del presupuesto nacional y del CREE para tapar el hueco. Pero en el articulado inicial, el ministro Cárdenas era clarísimo en señalar que el gobierno no se comprometía a cubrir el faltante. Decía el artículo literalmente que solo en condiciones excepcionales, el presupuesto nacional podrá cubrirlo. Y podrá es bien distinto a tendrá. Han sido las presiones ciudadanas, las movilizaciones de los estudiantes del Sena, las que han obligado a moverse al gobierno un poco desde allí. Pero con franqueza debo decirles, senadores y representantes, que no es responsable reemplazar recursos ciertos de parafiscales por recursos inciertos del CREE y por recursos inciertos del Presupuesto Nacional.
Colombia está cansa de decisiones oficiales en que a la gente no le cumplen. Ha habido una huelga de jueces bregando a que en el presupuesto les incluyan lo dispuesto por una ley de 1992. Mañana cualquier gobierno incumple las obligaciones presupuestales en el faltante del Sena, del ICBF y de la salud y no va a ser posible que el faltante se incluya en el presupuesto. Entre otras cosas, porque el gobierno cuenta además con un instrumento nuevo, la famosa ley de la sostenibilidad fiscal, para hacer el presupuesto como se le dé la gana. La ley le permite al gobierno priorizar las necesidades fiscales por sobre el gasto social. El doctor Santa María, refiriéndose a la ley de sostenibilidad fiscal, precisaba que era muy importante lo aprobado, “porque le dará al gobierno una capacidad de debatir los fallos de las altas Cortes cuando tienen impacto fiscal”.
Entonces si el gobierno no cumple normalmente sus compromisos presupuestales, si está en condiciones de debatir los fallos de las altas Cortes, al punto de desacatar la sentencia de la Corte que obliga a este gobierno a pagarles el salario mínimo a las madres comunitarias, si la Corte falló conminando a este gobierno a igualar la UPC del sistema contributivo y del subsidiado, y no lo ha terminado de hacer, por qué carajos vamos a creer los colombianos que la plata que les quede faltando al Sena, al Icbf y a la salud sí se va a cubrir con unos dineros del CREE, insuficientes, y con un compromiso presupuestal del gobierno nacional, que nadie garantiza. Les hago un llamado muy cordial a los senadores y a los representantes a ser responsables con la plata de dos instituciones de tanta importancia para el país, porque después de ojo afuera no hay Santa Lucía que valga. Después de que la plata no alcance, por responsabilidad del Congreso de la República, el ministro Cárdenas ya no estará y de pronto el presidente Santos tampoco, y sí serán los congresistas quienes tendrán que cargar con la responsabilidad.
En segundo término, el almendrón de la reforma tributaria es profundamente regresivo. Aun si fuera cierto que no se van a tocar los recursos del Sena ni del Bienestar Familiar, la reforma seguiría siendo la más retardataria de la historia de Colombia. Porque ya hemos visto que las grandes empresas apenas contribuyen con el 21% del total del recaudo. El resto lo ponen los ciudadanos del común. Y la reforma está diseñada para disminuirles aún más los impuestos a las grandes empresas. Establece con todas las letras la reforma tributaria que el impuesto de renta se disminuirá desde el 33% hasta el 25%. Y no uso sino cifras oficiales. El gobierno calcula que esa rebaja le va a costar al país 8,06 billones de pesos en el año 2013, 8,68 billones en el 2014 y aumenta sucesivamente. Redondeemos la cifra: 8 billones de pesos le cuesta al fisco nacional la disminución de los impuestos de renta a las grandes empresas. Y enfatizo, a las grandes empresas, porque una de los aspectos más reaccionarios de la actual estructura tributaria es que en Colombia pagan la misma renta del 33 por ciento las grandes empresas y las medianas y pequeñas.
Si al Polo Democrático Alternativo le dijeran que le vamos a disminuir los impuestos a las pequeñas y medianas empresas, y voy a hacer una proposición en tal sentido, no tendríamos inconveniente, ministro Cárdenas. Si usted me dice que se le van a rebajar a un señor que tiene una bomba de gasolina, una pequeña finca, un almacén, un restaurante, le respondo, listo. ¿Pero bajarle los impuestos a Carlos Slim, el ser humano más rico del mundo, bajarles los impuestos a los banqueros, bajárselos a BHP Billiton de Cerro Matoso, a El Cerrejón, a Pacific Rubiales, a la banca extranjera que opera en Colombia? Ese es mi pleito. Es a ellos a los que les van a rebajar los impuestos. ¿Y por qué a ellos? Comcel se ganó el año pasado 2,8 billones de pesos. Pacific Rubiales se ganó 2,4 billones de pesos. Los bancos a julio se están ganando 20 billones. Por qué les van a bajar los impuestos, es la pregunta que estoy haciendo.
Más grave aún. Si les bajaran los impuestos en 8 billones de pesos y quedara el hueco, sería gravísimo, pero digamos que algún tipo de explicación podría darse. Pero ojo, el ministro Cárdenas ha repetido que la reforma es neutra, lo que quiere decir que algún paganini aparecerá para pagar los 8 billones. Algún paganini habrá que encontrar. El gobierno anda en eso, esa es en últimas la reforma, cómo encontrar al paganini. Echan muchos cuentos, y el ministro sabe de eso. El doctor Cárdenas debe de recordar la frase de un ministro francés: las reformas tributarias son el arte de desplumar al ganso sin que chille demasiado.
(El ministro interrumpe).
Ministro Cárdenas, sé que usted está incómodo y lo puedo entender. Pero le pido que se calme y que me escuche con tranquilidad. Y sobre todo, permita que los demás congresistas escuchen lo que estoy diciendo.
Entonces aquí el problema es a quién le van a subir los impuestos para compensar los 8 billones de pesos de rebaja. Ahorita el ministro Cárdenas podrá decir que no, que son 6, le regalo los dos, no hay problema, ministro. Aquí el punto es que estamos hablando de plata muy grande, de billones de pesos, suponiendo, repito, que la plata del CREE y la del Sena y el Bienestar se cruzan y se anulan y quedamos en la misma circunstancia. ¿Qué dice lo que presentó el gobierno en este cuadro, que es el clave? Que por la vía del impuesto al consumo, otro impuesto indirecto, reaccionario por definición, van a recoger en números redondos un billón de pesos. Le bajan a Carlos Slim y a don Luis Carlos Sarmiento Ángulo y les clavan la mano a los pobres y a las clases medias con gravámenes de aumento del IVA y el impuesto al consumo. Algo se han movido y ahora vociferan que ya el corrientazo no y que tampoco la medicina prepagada. Pero no se pierdan en minucias, congresistas y colombianos. De algún lado tiene que salir la plata, porque la reforma es neutra. ¿De dónde más dice el gobierno que sale la plata? Del IMAN, que, según ellos, le va a dar al gobierno 4,7 billones de pesos, y van casi seis, con el billón del otro lado. Se le embolatan dos, pero el gobierno reconoce que entre el IMAN y los impuestos indirectos van a recaudar 6 billones de pesos.
¿Quién pone el IMAN? A quién grava el IMAN, ¿a las empresas? Por supuesto que no. ¿A los monopolios y a las trasnacionales? Tampoco. ¿A los rentistas que reciben dividendos? Tampoco, porque la reforma no los grava de ninguna manera. Entonces, contra quién es el IMAN. Es clarísimo que es un impuesto contra la clase media, contra cualquier colombiano que gane un poco más de 3 millones de pesos, a quien le pega el gobierno la clavada del siglo. Cómo se llaman: los de la clase media. Estamos hablando fundamentalmente de ingresos por trabajo, no por ganancias, que es distinto. Uno en esto no se puede perder. Otra de las aberraciones de la estructura tributaria colombiana es que llama impuesto de renta tanto a lo que paga un trabajador por su salario como a lo que pagan un magnate y un gran capitalista por sus ganancias, lo que por supuesto es una deformación para confundir y engañar a la gente. Entonces resulta que al médico o al profesor universitario, que se ganan una plata por su trabajo o por honorarios, nos los igualan con el señor Carlos Slim a la hora de decir que los dos pagan un impuesto de renta. Otro truco, doctor Cárdenas, que debería desmontarse.
Quiero insistirles a los congresistas en que el IMAN lo va a pagar la clase media. Ahora, que la clase media gana más que el salario mínimo es una bobería decirlo, que la clase media no se está muriendo de hambre como un trabajador de salario mínimo, por supuesto que no. Pero les pregunto a ustedes, senadores y representantes, de cuándo acá es democrático disminuirles los impuestos a Carlos Slim, a Luis Carlos Sarmiento Ángulo, a las petroleras, a las mineras, a los banqueros, para subírselos a unos profesores universitarios, a un médico, a un odontólogo, a cualquiera que reciba honorarios o salario. Es el debate de fondo. Repito, así se arreglara lo del Sena, no se salvaría la reforma tributaria. Y el gobierno no se ha movido un centímetro. Sigue hablando de bajar la renta del 33 al 25 por ciento y la medida vale 8 billones de pesos.
El Congreso de la República tendrá que informarle al país quién va a pagar la disminución de los impuestos que el gobierno les está haciendo a los recontrahipermegarricos del mundo. Y está claro que va a ser la clase media. Lo que me lleva, senadores y representantes, a hacerme una pregunta: ¿cuál es el crimen que debe pagar la clase media? Cuando algún colombiano logra salir de la pobreza, o porque estudió, o porque trabaja, o porque se esforzó y percibe un sueldo varias veces superior al mínimo, ¿hay que declararlo entonces enemigo del progreso de Colombia? Les doy un dato aterrador. Lo calculó el Observatorio de Estudios Laborales de la Universidad Externado de Colombia: a un ciudadano que reciba ingresos por trabajo, honorarios o sueldo de 3,3 millones de pesos le sube el impuesto de renta en 300%. ¡300%! Cómo lo explica el ministro Cárdenas. Una persona que se gane tres millones de pesos en Colombia ¿es un multimillonario, un oligarca? Es la responsabilidad que tendremos que asumir aquí los congresistas colombianos. Cuál es el crimen de la clase media, una clase en sánduche todo el tiempo, maltratada de mil maneras, condicionada publicitariamente porque la ponen en situaciones de dificultad, y sin embargo, la lógica del presidente Santos, un hombre perteneciente a la élite de Colombia, a los verdaderos ricos de Colombia, como en general la gente que lo rodea, descubrió por fin el chivo expiatorio.
Digamos algo que sabe hasta el más ignaro en asuntos económicos. En el mundo del capitalismo, el consumo de la clase media es clave para sostener el conjunto de la economía. Lo sabe hasta el más ignorante. Cuando una persona de clase media consume algo, lo que quiere decir es que alguien lo tiene que producir. Y esa industria o esa finca o ese sector agropecuario que producen ese algo generan más empleos. Y si se genera más empleo, hay más salarios, y si hay más salarios hay mayor capacidad de compra, lo que obliga a crear nuevas empresas. Es lo que se llama en economía un círculo virtuoso. Uno de los efectos perniciosos de la concentración de la riqueza, y Colombia es el tercer país más desigual del mundo, es que como el multimillonario no puede comerse 20 huevos al desayuno, se reduce el consumo nacional y por esa vía se anquilosa el desarrollo del país. Luego ver como enemigos a la clase media y al pueblo porque supuestamente gastan mucho es una concepción profundamente reaccionaria, que no se compadece con las necesidades del país.
Y cuando uno ve al doctor Ortega –de quien debo repudiar su actitud de maltrato a los estudiantes del Sena y su desplante insoportable– diciendo en una entrevista con Camila Zuluaga en El Espectador que hay que clavarse a la clase media porque si les ponen impuestos a las trasnacionales, se van de Colombia, uno se pregunta en qué país estamos. A las trasnacionales hay que regalarles los recursos naturales y entregarles el país, pero además no se les puede cobrar impuestos porque de pronto se ponen bravas. Es lo que dice el doctor Ortega. Aquí hay que definir como rico al que se gane 120 millones de pesos al año y cargarle la mano, porque o si no, los otros, los verdaderos adinerados, que dizque se van de Colombia.
No es cierto que la reforma tributaria genere empleos. No es cierto. Todos los analistas serios lo desmienten. No nos echen más ese cuento, señores del gobierno. Nos lo están echando desde 1990. No hay reforma reaccionaria en la historia de los últimos veinte años, no hay medida contra los trabajadores y contra la clase media que no se haya montado con el cuento de que es para generar empleo y para formalizar el empleo. ¡Paja! Carreta barata, no lo pueden demostrar ni en la práctica ni en los estudios. No les voy a citar a todas las autoridades que contradicen al gobierno. Lo han dicho los propios empresarios colombianos. Varios de ellos han tenido la franqueza de decir que si yo disminuyo mis impuestos, no necesariamente genero más empleo. Yo cojo esa plata y veré qué hago con ella. Cuando son las trasnacionales las que ganan más plata por los impuestos que no pagan o por los salarios que logran mantener congelados, se llevan las ganancias para el exterior, se las giran a sus casas matrices.
Bochornoso resulta ser que el presidente Santos haya salido a decirles a los colombianos que pagarán más los que más tienen y menos los que menos tienen. Es lo que más me ha podido irritar en estos diez años en el Congreso de Colombia. Tanto me irritó esa afirmación falaz de Santos, cuando ya hemos visto que es exactamente al contrario, que en unos pocos minutos me vi obligado a lanzar un twitter diciendo que aquí alguien le miente a los colombianos. Les miente el presidente Santos o les miente el senador Jorge Enrique Robledo y el Polo Democrático Alternativo, que estamos diciendo lo contrario. Y entonces uno de los dos miente. Y entonces uno de los dos debería entregar su credencial, porque no es tolerable que altos funcionarios públicos les faltemos a la verdad a los colombianos. No es cierta la afirmación de Santos o es cierta de una manera mañosa, porque claro, si elimina de la ecuación a Luis Carlos Sarmiento, a Carlos Slim, a las trasnacionales del petróleo y de la minería, si elimina a los magnates de los hipermercados, pues claro, un tipo que se gana 3 millones de pesos resulta ser un magnate al lado de uno que se gana un salario mínimo, pero no es serio hacer las cosas de esa manera. A los congresistas y a los colombianos nos tiene que respetar el presidente de la República y no nos puede tratar como a bobos. Aquí tenemos capacidad de análisis para saber qué está sucediendo.
De aquí hacia adelante, las responsabilidades dejan de ser del Presidente de la República y del doctor Cárdenas para volverse responsabilidades del Congreso. Por qué. Porque hasta aquí hemos visto el calibre del engendro. La reforma no tiene arreglo, es un Frankenstein. No crean, congresistas de la Comisión Tercera, que porque uno coja a Frankenstein, le ponga colorete en los labios, le encrespe las pestañas, deje de ser Frankenstein. No va a pasar. La reforma es un Frankenstein horroroso contra el progreso de Colombia. Y no la van a arreglar porque la retoquen ni porque nos metan el cuento de que ahora sí se van a proteger los recursos del Sena. Aquí hay un hueco de 8 billones de pesos que alguien va a tener que pagar si la reforma se aprueba.
Y como si fuera poco, y ahí está la responsabilidad del Congreso, el gobierno la viene ferrocarrileando. Cómo así que el ministro de Hacienda es el que redacta la ponencia, el deber que les corresponde a los congresistas, y terminan ustedes convertidos en firmones de lo que redacta el Ministerio de Hacienda. La base mínima de la democracia es la separación de los poderes, lo que debe suponer el respeto del gobierno nacional a las decisiones y los ritmos de los congresistas.
¿Y qué es a lo que estamos asistiendo hoy aquí? Hay un escándalo nacional entre las personas informadas por lo que está pasando. Están ferrocarrileando el proyecto. Todos sabemos que no hay tiempo para un debate democrático, todos sabemos que los tiempos no dan si de verdad se consideran los puntos de vista de los representantes y de los senadores de las Comisiones Terceras y mucho menos de la plenaria. Nos metieron en el cuento de resolver a las patadas una reforma de 155 artículos que tiene que ver con lo divino y lo humano, con temas complejos, abstrusos. No me puedo referir a toda la reforma, porque necesitaría tres horas, tan solo estoy cogiendo las partes principales. Pero cuando votemos, se va a tener que discutir todo. Entonces me parece inaceptable, y lo rechazo, que el gobierno presione para que se ferrocarrilee el proyecto, para que se pupitree, como se dice, porque son prácticas contrarias a la democracia.
Que las fuerzas amigas del gobierno tengan una mayoría no los autoriza a proceder de esa manera. Aquí hay responsabilidades precisas de cada uno de ustedes, senadores y representantes, del Partido Conservador, del Partido Liberal, de la U, de Cambio Radical, del Partido Verde y del PIN, que también hace parte, como todos sabemos, de la “Unidad Nacional”.
Y entonces mi llamado y con esto concluyo, es a que ustedes no se le unan al gobierno en este horror. Piensen en el país, pero además en ustedes mismos. Este es de esos proyectos que desacreditan al Congreso de manera inmisericorde. Ustedes creen que los colombianos no se van a dar cuenta el año entrante, cuando llegue la hora de pagar, que la clase media no se va a dar cuenta de qué fue lo que pasó. Y por supuesto que tenemos un deber de bregar a que el Congreso no se desacredite más. Ya se ha desacreditado bastante. Nos odian los colombianos. No a ustedes, a los que están votando hoy estos proyectos y a los que los voten. Nos desacreditamos todos, porque no nos distinguen los colombianos.
Mi llamado muy cordial a los senadores y a los representantes de la Comisión Tercera a que asumamos la responsabilidad y les digamos al ministro Cárdenas, al presidente de la República, que el proyecto es un Frankenstein y debe retirarse. Y que si el gobierno quiere, lo presente el semestre entrante, no terminando la legislatura, como ahora. A quién se le ocurre presentar en octubre un proyecto de este calibre. Que retiren ese proyecto o que se hunda, pero que no se les vaya a dar a los colombianos de regalo de navidad una cosa tan horrorosa, tan retardataria, como esta que está haciendo tránsito en las Comisiones Terceras.
Para el video de la intervención: http://bit.ly/Rj9iG8 (video 33:50)

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