31/07/2021

El informe del Banco Mundial y el grado 12

Francisco Torres
secretario de prensa de ASEDAR, Arauca, 
febrero 5 de 2013

Hubo una época en que los jugadores no dominaban la técnica de lo que vino a llamarse el chanfle y luego, poner efecto al balón. Ahora, cualquier chino de escuela sabe hacer unas curvas de miedo.
En eso de poner efecto a las pateadas los detentadores del poder se les adelantaron hace mucho tiempo a los futbolistas. Sus jugadas van con tal efecto que cuando el público espera el golpe por el lado izquierdo le meten el gol por el derecho.
Por eso cuando el Banco Mundial le receta a Colombia el grado 12 nos pone a pensar cuál será el efecto, el chanfle de semejante tiro libre. Y por lo tanto, donde debemos poner la barrera para que no nos metan un nuevo gol. Aunque, bien es bueno decirlo, esa propuesta es apenas uno de las tantas penas máximas que nuestros sabios consejeros internacionales nos patean.
Han sido las agencias internacionales como el Banco Mundial las que han impuesto las políticas que actualmente dominan la educación colombiana y la han llevado al desastre. Y ahora, el mismo Banco Mundial y la OCDE en su Evaluación de Políticas Nacionales de Educación nos lanzan a la cara una ducha fría de recomendaciones y pasos a seguir para superar la crisis que han contribuido a crear. Y todo ello desprovisto del más mínimo sentido de autocrítica y, en cambio, con mucha puntería para continuar en las andadas.
Piden las dos beneméritas instituciones que se supere el rechazo multitudinario a la reforma de la ley 30 –para privatizar a más y mejor, permitiendo el ingreso de las universidades de garaje gringas-, más recursos para el programa ACCES del ICFES –una forma para que los recursos públicos fluyan hacia las universidades privadas-, someter la investigación de las universidades públicas a las empresas privadas –prioritariamente a las multinacionales-. Se lamentan que la internacionalización se encuentre en fase muy temprana, que las universidades tengan demasiada autonomía. Piden que el SENA se integre plenamente a la educación superior, que se reforme el sistema de asignación de recursos para las universidades. Critican al ICFES en lo tocante a las pruebas SABER 11 y piden mayor énfasis en competencias genéricas y específicas comunes –olvidando para su comodidad que las competencias más que mejorar han perjudicado-.
Como cabría esperar, los medios de comunicación han hecho hincapié en lo más pintoresco, la propuesta de un grado 12. En una más que hipócrita jeremiada los países ricos del mundo se mesan los cabellos por lo mal preparados que se gradúan los bachilleres colombianos, agregando que, para colmo de males entran a las universidades muy biches y que, por lo tanto, lo mejor sería que se pasaran un año más en los colegios. O que hicieran un curso puente entre la educación media y la superior.
Con la promoción automática, el cierre de los pre jardines y jardines en los colegios, la doble jornada, las instituciones educativas convertidas en empresas y los rectores en gerentes, la municipalización, los subsidios a la demanda, los exámenes SABER diseñados para imponer la ideología posmoderna y anticientífica en boga, se podría dejar a los jóvenes hasta el grado 15 o ponerlos a hacer cursos puentes y no se resolvería nada. Buscan astutamente la fiebre en las sábanas.
No faltaría sino que esa propuesta estuviera en consonancia con la que un rector de la Universidad Nacional hiciera hace unos años en el sentido de disminuir a cuatro años el pregrado. O que sea un artificio para que las otras iniciativas pasen de agache. O que se esté organizando el negocio de los preuniversitarios para beneficio de quienes sabemos.
Lo cierto es que las recomendaciones del Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que han sido recibidas como palabras divinas por el Gobierno de Santos, apuntan a continuar deformando la educación de nuestro país al servicio de los intereses del imperialismo de Estados Unidos. Las elegantes palabras del informe son en realidad el envoltorio de una política que se adelanta a punta de retro excavadora y pala mecánica en el interés de ahondar la brecha entre una élite con una educación de élite que provee el personal de alto nivel que necesitan las multinacionales mineras, agroindustriales y maquiladoras, y la inmensa mayoría de la población sometida a una educación de la mayor pobreza que proporciona un flujo continuo de mano de obra poco calificada y muy barata que requieren las susodichas multinacionales.

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