04/08/2021

Chipre, los paraísos financieros y la propiedad

Francisco Torres Montealegre, Bogotá, abril 1 de 2013

Debido a que, según dicen, el hombre es un animal de costumbres, después de cinco años de crisis económica mundial, ese hombre en Europa, Estados Unidos, Asia y América Latina escucha como cosa cotidiana el derrumbe de otra nación.
Esta vez le tocó el turno a Chipre. Nuevamente colapsó el sector financiero y nuevamente ha corrido la troika –la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional- a rescatarlo. Y otra vez es sacrificada una nación a la vez que se repite la fórmula cabalística de la austeridad.
Nada porque preocuparse dicen los estadistas aquí y allá. Los mercados, esos dioses del imperialismo que se manifiestan por medio de los oráculos de las bolsas de valores y de las agencias calificadoras, apenas se conmueven un poco. Al fin y al cabo es un pequeño país en una pequeña isla con tan solo un millón de habitantes.
Pese a ello la crisis sigue imparable su curso de colisión y el hombre de costumbres escucha tocar a una banda desafinada en tanto se acerca el iceberg. Europa está peor que en 1935 –en medio de las consecuencias de la gran depresión-, el movimiento internacional de capitales ha caído el 60%, Japón debe hasta el kimono -200% de deuda pública en relación con el PIB-, Estados Unidos se ufana de anémicos crecimientos, los ingleses y los franceses deben, deben y deben. Y eso para no hablar de Grecia, Portugal, Irlanda, España, Italia, entre otros, que parecían tocar con las manos el cielo del mundo desarrollado y ahora están hundidos hasta el cuello. Hasta Islandia, la última Thule del medioevo, la democracia más antigua, vio caer sus bancos como un castillo de naipes y fue conducida a la piedra del sacrificio, de la que pudo escapar afortunadamente.
Pero esto de Chipre trae elementos novedosos.
Cae un paraíso financiero, de aquellos que tanto, supuestamente, le incomodan a los adustos prohombres que manejan las finanzas de Estados Unidos y de la Unión Europea, pero contra los cuales no han hecho nada, como lo señala Krugman, en cinco años de crisis, dejando que los monopolios continúen evadiendo impuestos y se laven fortunas ilícitas, mientras se les receta a los pueblos austeridad y más austeridad.
Se entra a saco en los ahorros e inversiones del público. En Chipre los que tengan más de cien mil euros perderán el 35%. Los defensores de la propiedad privada asaltan a los propietarios. El corralito financiero es ahora ordenado por los más altos poderes imperiales.
De tal manera que no hay razón alguna para cebarse en las costumbres cuando los defensores del capitalismo asaltan a los capitalistas –ya señaló esa contradicción hace más de siglo y medio Marx- y cuando los lugares celestiales del imperialismo se derrumban hasta el fondo del Mediterráneo. Y al mismo tiempo, como en un chiste macabro, los consentidores y beneficiarios de los paraísos financieros defienden sus medidas gritando que quién los mandó a tener el dinero en un paraíso financiero, que para qué son rusos lavando dinero y haciendo piruetas para no pagar impuestos.
En todo esto qué dirá Colombia, que debiendo la única camisa y el único pantalón aspira a competir por el título de paraíso financiero con la rebaja de impuestos y el relajamiento de cualquier control al capital financiero y por ello vive plagada de los síntomas mortales de la enfermedad holandesa, desangrada por la revaluación, asfixiada por el asalto de las importaciones con el cuño de los TLCs, convertida en arrasado país minero y viendo a su pueblo saqueado por la manguala encabezada por Santos:
¿Qué está blindada? ¿Qué creció el 4% acaballada en una burbuja inmobiliaria y en las ganancias de banqueros y transnacionales?
Muy mal. Sin embargo, detrás de la locuaz propaganda oficial se alcanzan a escuchar, cada vez más nítidas, cada vez más potentes, otras voces que defienden la producción agropecuaria e industrial de la nación, los derechos de trabajadores y campesinos, la educación para la ciencia y la democracia y que para ello, para hacerse oír, salen a plazas y caminos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *