31/07/2021

Ni pesimistas ni optimistas

Francisco Torres

Secretario de prensa de ASEDAR, Arauca

diciembre 3 de 2012

A raíz de los resultados de las últimas encuestas que reafirman que la popularidad del gobierno Santos va en caída libre, la gran prensa afirma que los colombianos nos volvimos pesimistas. Ahora bien, creo que fue Mingote quien dio una nueva definición a ese estado de ánimo. Pesimista es un optimista bien informado.
La verdad es que la gente se ha estado informando acerca de cómo está este país y como lo dirige y en beneficio de quienes el doctor Santos. La reforma a la justicia, por ejemplo, se debatió, analizó y determinó como una descarga de pus en un mar de podredumbre. Las narices de los colombianos quedaron bien informadas del nauseabundo olor que emanan las iniciativas de la casa de Nariño. Vino el proyecto de ley presentado en cabeza del camaleónico adalid de la unidad nacional santista, Roy Barrera, para acabar con la tutela en la salud, pero fue él y su clientelista aglomeración de bancadas cogidos in fraganti en la maniobra y obligados a retroceder. Y la de despojar de la mitad de sus cesantías a los trabajadores para que se enriqueciera aún más el capital especulativo.
Que decir de las negras intenciones de este gobierno de perpetuar el contrato de Cerromatoso a una empresa que ni siquiera paga las regalías, depreda el medio ambiente, viola los derechos laborales y pisotea a las comunidades. La inaudita pretensión de convertir en un desierto tóxico el páramo de Santurbán, que parece de novela de ciencia ficción, pero no, es de la seudo ciencia cipaya de quienes gobiernan a Colombia, desvelada y derrotada por los valerosos santandereanos. Desviar el Río Ranchería, un crimen con todas las letras mayúsculas, con negrilla y subrayado, entendido, repudiado y vencido por los guajiros.
El cuento chimbo de la untada de la mermelada de las regalías para todos los municipios y departamentos ¿En qué terminó? Ya lo saben alcaldes y gobernadores, asambleas y concejos, y lo sufren los ciudadanos. Rebosando mermelada la tajada de los bancos extranjeros, la plata en manos del Gobierno para beneficio de quienes ya sabemos, y las entidades territoriales de limosna igual que sus pobladores.
Es que cada día se alza una lucha de sectores de la población contra las medidas gubernamentales. Los maiceros y algodoneros en Córdoba, el campesinado caficultor, la rama judicial, los estudiantes universitarios, los del SENA, el magisterio, los estudiantes de secundaria, el proletariado petrolero, el de la palma africana, los pequeños y medianos mineros, la marcha cacaotera, el congreso de los pueblos, la afligida y enfurecida población de la costa contra los atropellos del monopolio extranjero Electricaribe. Y la lista continua, casi interminable.
Cada uno de esos sectores ha madurado aconsejado por la dura realidad, se ha desengañado de la mendaz propaganda oficial y se ha informado por diversos medios, entre ellos los debates de los parlamentarios del POLO, que han hecho del Congreso de la República una tribuna de denuncia, al igual que en concejos y asambleas se ha debatido cada medida contra el pueblo y la producción nacional. Por ejemplo, de la reforma tributaria para la prosperidad –de los monopolios y multinacionales que pagan ínfimos impuestos como lo ha denunciado el senador Robledo-, de mayores impuestos para los sectores populares y la clase media, y de liquidación del SENA, Bienestar Familiar y la salud de los trabajadores. De la licitación de la 4G, no para prestar un mejor servicio, sino para consolidar el monopolio de CLARO, del señor Carlos Slim, de abusivas tarifas y pésimos servicios. De la extranjerización de la tierra para beneficio de empresas extranjeras y despojo del campesinado y los productores agrarios. De la proliferación desaforada de Tratados de Libre Comercio para que los imperios salgan de su superproducción a costillas de aniquilar la industria y agricultura colombianas, dejando sin trabajo a millones y acabando con el empresariado de esta nación.
Se mesan los cabellos en palacio y en las salas de redacción de la gran prensa. Pero cómo, si el presidente ha hecho tanto. Sí, mucho, quizás más que sus antecesores, pero todo a la medida de los intereses, gustos, deseos e intenciones de los bancos y las multinacionales. Pues bien, eso es lo que le están cobrando los colombianos.
Ya no le basta a Santos y a sus amos del norte la política del tapen-tapen. La realidad no se deja echar tierra, ni la gente encuentra de su agrado que le arrojen arena a los ojos. Mucho menos que los culpables del cercenamiento que ha sufrido Colombia de miles de kilómetros cuadrados de mar se pavoneen como los salvadores. Inicuos canallas que con palabras pretenden pasar de agache.
En buena hora el POLO ha anunciado que radicará una denuncia para que el Congreso de la República adelante un juicio político contra Santos, Uribe y Pastrana. Que se sepan hasta los últimos pormenores de sus actuaciones y respondan por ellas.
Como se ve, no es pesimismo, es que nos estamos informando.

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