31/07/2021

La sangre de los pacientes engorda a los mercaderes de la salud

Álvaro Morales Sánchez, Editorial de Tribuna Magisterial, marzo 13 de 2011

Muy graves las denuncias que ha hecho en estos días el senador Jorge Enrique Robledo acerca de la sobrefacturación por más de 825 mil millones de pesos, es decir, casi un billón de pesos, en los costos de medicamentos que han hecho las EPS Saludcoop, Cafesalud y Cruz Blanca, que según un estudio del Centro de Investigaciones para el Desarrollo, de la Universidad Nacional, significaron un sobrecosto de 5,7 veces más que las demás EPS en el sólo año 2009.

En medio de la irracionalidad neoliberal constituye un principio que las ganancias del capital hay que conseguirlas a cualquier precio, no importa si para ello hay que jugar hasta con la vida de las personas como sucede en este caso, en el que la salud se convirtió en uno de los filones más ricos para la voracidad del capital financiero. Las ganancias de las EPS, y particularmente de las que están involucradas en las denuncias del senador del Polo Democrático Alternativo, son exorbitantes y ofensivas, en un país donde los niveles de pobreza van más allá del 60% de la población y la miseria rodea al 30%. Pero que estas ganancias se basen en el asalto a mano armada que los dueños de estas empresas les hacen a sus afiliados forzosos rebasa el límite de la imaginación, del descaro y de una criminalidad que se pasea oronda e impunemente en este país.

Y el hecho de que el Ministro encargado de los asuntos de la salud guarde silencio frente a las denuncias sobre el arbitrario proceder de los mercaderes de la salud no sólo hace más ominosa la situación, sino que demuestra a las claras, una vez más, que el gobierno está al servicio de un pequeño grupo de oligarcas que se lucran con las desgracias de la mayoría de los colombianos. La ley 100 y todas las normas que se han expedido al amparo de ella, y las reformas que ha sufrido, desde que su inspirador, Álvaro Uribe Vélez, la hizo aprobar cuando era senador, con el apoyo del gobierno de César Gaviria en 1993, es una muestra fehaciente de que estamos gobernados por una panda que sólo busca su beneficio propio sobre la base de expoliar al resto de los ciudadanos. Esta aberrante situación sólo podrá ser modificada cuando los colombianos de bien, que somos el 95% y más de la población, nos decidamos a prescindir de la dominación de esta minoría y construyamos una nueva nación, sobre las ruinas de la vieja sociedad.

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