02/08/2021

Indignidad nacional

Carlos Tobar, Diario del Huila, Neiva, febrero 22 de 2011

Por estos días una de las noticias que más han llamado la atención de los ciudadanos es la publicación que el diario bogotano El Espectador está haciendo de los cables del gobierno y funcionarios norteamericanos sobre Colombia, difundidos por el portal Wikileaks. Según anuncia el periódico son más de 16.000 cables de Colombia y Venezuela que irán publicando a lo largo de un año, día por día. Por lo que se ve, el desayuno cotidiano será jugoso dado que irán quedando al desnudo los “intríngulis” del poder en las altas esferas gubernamentales del país y del vecindario.

De lo poco que se ha conocido hasta ahora hay un hecho de contexto que quisiera destacar, porque me parece que explica muchos de los acontecimientos de la historia nacional: la influencia determinante en la política colombiana del gobierno de los EE.UU.

Algo que se intuía desde el pasado lejano cuando Marco Fidel Suarez, presidente de Colombia de 1918 a 1921, definiera la doctrina “Respice Polum”, mirar al norte, para significar que el futuro del país debía atarse –como se hizo–, a los designios del gobierno norteamericano. En los casi cien años transcurridos desde entonces no ha habido un hecho político de importancia en la vida de la nación, en que no haya sospechado de la abierta intromisión del gobierno estadounidense.

La diferencia ahora es que los cables de Wikileaks, están poniendo de manifiesto el comportamiento imperial de la superpotencia norteamericana y la abyecta sumisión de la élite gobernante colombiana. Porque es tan indignante la intromisión indebida en los asuntos internos del país de los funcionarios “americanos”, como el asqueante arrodillamiento de la dirigencia política tradicional del país. Da dolor y vergüenza.

Siguiendo con el devenir histórico del país hay una prueba en este momento de que ese comportamiento es inveterado tanto del gobierno norteamericano como del colombiano. La semana pasada el senador Jorge Robledo, del Polo Democrático, denunció la firma de 126 contratos por más de 12 millones de dólares para hacer construcciones en bases militares colombianas, sin que haya soporte legal de tratado alguno entre los dos países para realizar tales obras. A su vez ha exigido explicación al ministro de Defensa de tales hechos.

Esta denuncia es especialmente grave si se tiene en cuenta que la Corte Constitucional declaró inexequible un convenio firmado por el gobierno Uribe que pretendía autorizar el uso de seis bases colombianas por tropas norteamericanas. Convenio que firmó pasándose por la faja la obligación de someterlo a la aprobación del Congreso y a la verificación de constitucionalidad de la Corte.

Los sucesos que vayan descubriéndose en los cables de Wikileaks que publicará El Espectador, nos irán mostrando a los colombianos que, en un mundo globalizado por la fuerza descomunal del capital financiero, para el progreso independiente de las naciones es vital y determinante la plena vigencia de la soberanía nacional. ¿Algún día los colombianos haremos valer este derecho fundamental?

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