Por David Bessel – The Wall Street Journal – 6 de agosto de 2011
Traducción de José Fernando Ocampo T.
El acontecimiento que acaparó las noticias la semana pasada en la economía, fue la caída el jueves de 512.7 puntos en el promedio industrial de Dow Jones.
Y el acontecimiento más significativo puede haber sido la decisión del Banco Mellon de Nueva York de cobrarles a sus clientes corporativos una cuota por consignaciones de dinero en lugar de pagarles un interés.
Resulta sintomático de la enfermedad económica que John Maynard Keynes denominó “la trampa de la liquidez” y una razón por la que la economía de Estados Unidos está teniendo tanta dificultad para salir del hueco en que se encuentra.
Una trampa de liquidez es una enfermedad rara que apareció durante la Gran Depresión y que se creyó había desaparecido hasta que reapareció en Japón en los 90. Estados Unidos se ha convertido en un caso severo de la enfermedad.
La enfermedad se caracteriza por una economía en la que las tasas de interés son tan bajas que los consumidores, empresarios e inversionistas, no se preocupan si el dinero es en efectivo o en inversiones a interés. El Banco Mellon estaba reaccionando para salvarse de una estampida de las compañías que se volcaban hacia bonos del tesoro de los Estados Unidos.
Keynes denominó esto una “trampa” por dos razones.
Una, mientras los consumidores y los empresarios guarden efectivo en lugar de gastarlo o invertirlo porque esperan que la economía se debilite, la economía se debilitará. Las 500 compañías de Standard & Poor tienen en efectivo 963 mil millones, una suma igual al doble del producto anual del Estado de Ohio.
Dos, vuelve impotente la política monetaria convencional de la Reserva Federal. Dejar las tasas de interés por debajo de cero resulta casi imposible. Imprimir billetes para comprar bonos crea unas reservas bancarias estériles sin mucho crédito o gasto adicional.
La noción de la trampa de liquidez constituyó el tema de debate entre Keynes y sus contemporáneos a mediados del siglo XX y fue retomada en el seminario del Instituto Brookings de 1998 por el economista de la Universidad de Princeton Paul Krugman. “Nadie pensó que la trampa de liquidez se diera en Japón,” escribió. “Ahora que se está dando, nos debemos preguntar si sucedería en otras partes.” (Su presunción, entonces, era Europa)
No todo el mundo está convencido. “La dudosa reputación de la trampa de liquidez es relativamente bien merecida,” afirmó Scott Sumner, economista de Bentley College.
Ahora bien, si estamos en una trampa de liquidez, ¿cómo salir de ella? Los economistas tienen tres remedios, todos con tan graves efectos colaterales que se resisten a intentarla.
Uno, la clásica receta keynesiana de que el gobierno se endeude (después de todo, los intereses son bajos y los ahorros están inactivos) y gaste para crear demanda y empleos. En el contexto actual, esto significaría que Washington prestara y gastara ahora, al mismo tiempo que adoptara políticas de reducción del déficit (no promesas, sino cambios en la legislación), así se fueran a sufrir las consecuencias más tarde. Quizás el gobierno podría emprender en un próximo par de años todos los proyectos de infraestructura que corresponderían a los próximos diez, tomando el dinero de los contribuyentes, juntándose con socios privados y elevando los aranceles o las tarifas para ayudar a cancelar la deuda más tarde.
Pero muchos estadounidenses, y la mayoría de los congresistas republicanos, tienen el convencimiento de que el primer intento de Barack Obama de estímulo fiscal fue un fracaso y lo que ha hecho es crear una deuda que constituye un peso insoportable. Por ahora, un segundo intento resulta políticamente imposible.
Dos, es lo que propone Lars Svensson, actual vicepresidente del banco central de Suecia, la devaluación de la moneda como una “forma infalible de escapar de la trampa de liquidez”. En 2001, cuando todavía estaba en la Universidad, escribió: “la devaluación le dará un salto a la economía y la hará escapar de la deflación”.
Aunque el gobierno de Estados Unidos y la Reserva Federal, si bien no explícitamente, han contado con un declive del dólar para estimular las exportaciones, una campaña directa para debilitar el dólar es improbable e insensata, dado el papel del dólar como el ancla del sistema financiero global.
Tres, la tasa de interés que realmente importa en la economía es la tasa de precios ajustada por la inflación. Por eso algunos economistas argumentan que la salida de la trampa consiste en que la Reserva Federal convenza a todos de que va a crear más inflación. La inflación sube y las tasas de interés no, entonces la tasa de interés ajustada por la inflación cae y se vuelve negativa y así la gente tiene una razón para endeudarse y gastar.
Esto nos lleva a Keneth Rogoff, economista de Harvard, quien argumenta que añadirle más a la ya pesada deuda del Gobierno (la opción primera) es un error: “La única forma práctica de acortar el período de una descolgada dolorosa y crecimiento tardío sería un despliegue de inflación moderada, dijéramos, de 4% a 6%, durante algunos años.” Aumentos del ingreso con inflación no harían las deudas más fáciles de pagar.
El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, no ajeno a prescripciones poco convencionales, se estremece con esta última. No está convencido que la Reserva Federal pueda crear un poco más de inflación y teme un daño sostenido si el Banco Central se arriesga a abandonar su compromiso con una estabilidad de precios.
El fracaso de llegar a un diagnóstico correcto, tanto en economía como en medicina, prolonga la enfermedad; lo mismo sucede si se desechan los remedios. Esta fue la causa de que la Gran Depresión durara más de diez años.
También te puede interesar
-
1.5 MILLONES, UN SALARIO MÍNIMO PARA SALIR DEL DETERIORO DE LA ECONOMÍA
-
EL PROYECTO DE ACTO LEGISLATIVO QUE REFORMA EL SGP DESCARGA SOBRE ENTIDADES TERRITORIALES LA OBLIGACIÓN DE COBERTURA UNIVERSAL, AVANZA EN LA MUNICIPALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA Y CUMPLE CON LAS EXIGENCIAS DEL FMI Y LA OCDE.
-
VISIÓN CRÍTICA DE LA COP
-
NI GOLPE, NI AUTOGOLPE. ¡A SACAR EL PAÍS DE LA CRISIS!
-
PETRO Y LA DEMOCRACIA DEL AZADÓN