El país en crisis no aguanta reelección

Alvaro Morales, Santa Marta, agosto 11 de 2013

Para conmemorar los 194 años de la batalla de Boyacá, al terminar tres años de su gobierno, el presidente Juan Manuel Santos Santos dio un discurso beligerante en el que se despachó contra la oposición y volvió a insistir en que el país debe reelegir sus políticas, echándonos de nuevo el cuento de que su gobierno ha sido el mejor de todos los tiempos. Sufre el presidente de los colombianos una especie de esquizofrenia político-social que lo lleva a hablar de un país diferente al que nos toca vivir a diario. Los ríos de leche y miel que según Santos estamos atravesando bajo su gobierno, sólo existen en su imaginación, soportada por unas cifras que se acomodan para falsear la realidad. Aurelio Suárez, que siempre nos trae un análisis juicioso y documentado de la situación nacional, escribió esta semana en su página www.aureliosuarez.com la columna «Ficción y realidad, tres años después» que revela datos como éstos: «El 4,9% de crecimiento promedio del PIB, entre 2010 y 2012, se logró con el aporte de la minería en 10,6% y el del sector financiero en 5% y, a contramano del insuficiente 1,6% del sector agropecuario y del 3% de la industria. (…) El “milagro” de la El país sigue caminando entonces hacia un despeñadero. Mientras el gobierno continúa firmando y aprobando TLCs a tutiplén, proyectando leyes para absolver a quienes especulan con la tierra a favor de los inversionistas extranjeros, haciendo la vista gorda frente a los atropellos ambientales de grandes multinacionales como la Drummond y entregando en concesión medio país, la producción nacional, agropecuaria e industrial continúa imparable su caída libre. Como consecuencia de su política económica, Santos ha logrado algo que ninguno de sus antecesores, con todo y sus genuflexiones ante los mandatos económicos del imperio, había conseguido: que los productores nacionales se levanten a protestar, que hoy salgan a la palestra los cafeteros grandes, pequeños y medianos con los aparceros del campo; los industriales de autopartes y los fabricantes de calzado con los sindicatos y los trabajadores de las multinacionales mineras y petroleras; los médicos y académicos de la salud con los pacientes y los trabajadores de los hospitales; los magistrados de las altas cortes con los trabajadores de los juzgados; y que todos coincidan con los reclamos de los maestros y los estudiantes, las demandas de los usuarios de los servicios públicos, las denuncias de los ambientalistas, la conjunción, en fin, de la más amplia gama de sectores que se haya producido en los últimos tiempos contra las actuaciones de un gobierno.
Todos los anuncios que se han venido conociendo en los últimos días de sectores que están dispuestos a movilizarse los próximos 19 y 20 de agosto para exigirle al gobierno soluciones a sus problemas, son una sintomática muestra del fracaso total de las políticas gubernamentales en materia económica y social, que contradice, en los hechos, las alegres afirmaciones oficiales sobre el supuesto buen momento que, según Santos, estamos atravesando, y que lo ha llevado, en el pasado reciente, a formular propuestas tan estrambóticas como la de pedir que Colombia haga parte de la OCDE, el exclusivo club de los países ricos (Santos iría a este club a servir los tintos, como afirmaron en tono de burla Tola y Maruja).
Para rematar, el panorama político está que arde: consecuentemente con la crítica situación económica por la que atraviesa el país, un porcentaje cada vez mayor de colombianos rechaza la reelección santista, según revelan las más recientes encuestas. A contrario sensu, los críticos del gobierno cosechan simpatías, en el caso del uribismo, más por estar encarnando las posturas de los más recalcitrantes opositores al proceso de paz, que por tener contradicciones de fondo en torno a las políticas económico-sociales que, al fin y al cabo, tuvieron el mismo origen y el mismo tratamiento en las administraciones uribistas que en el presente cuatrienio. No se debe olvidar que Santos fue escudero principal de Uribe y su presidencia se la debe en gran medida al apoyo del ideólogo de la «seguridad democrática», así el alumno haya decidido partir cobijas con el profesor para congraciarse con la galería y para ejecutar, suelto de madrina, en la mejor forma posible, las orientaciones provenientes de la Casa Blanca.
Y mientras en las toldas de la Unidad Nacional se producen realinderamientos relacionados con el apoyo a la reelección de Santos o el deslizamiento hacia la disidencia uribista, otros sectores políticos van tomando posiciones también relacionadas con las propuestas reeleccionistas: el Partido Verde, el de la efímera Ola que los medios inflaron para tratar de ahogar a la verdadera oposición, reafirma en boca de sus principales voceros su vocación lenteja, descubierta por reveladores mensajes de uno de sus dirigentes que contó de qué tamaño era y a quiénes beneficiaba la porción de mermelada que el gobierno les asigna en recompensa por su fidelidad. Y para no quedar en el aire, fracasados sus intentos de crear uniones temporales y amañadas consultas para detener el avance del Polo, los progresistas coquetean con los verdes para llegar a acuerdos que les permitan sobrevivir políticamente sobre la base de confluir, todos a una, en el carro de la reelección.
Pero la oposición real, la del Polo Democrático Alternativo, la que está ahí, presente en todos los reclamos justos de las masas de diversos sectores sociales, muestra su arraigo cada vez mayor entre las gentes: la candidata presidencial Clara López sube en las preferencias de los encuestados, el senador Robledo como cabeza de lista al Senado por el PDA cosecha cada vez más seguidores pese a los aleves ataques del gobierno, o quizás por causa de los mismos. Con una clara postura de total oposición a Santos y a su reelección, el Polo plantea una propuesta de amplia convergencia democrática para el cambio, en la que caben todos aquellos sectores que se hayan decidido a enfrentar de una vez por todas el modelo neoliberal y proimperialista que está acabando con la Nación; en esa dirección, el partido de la oposición está confeccionando una lista al Senado que, encabezada por Jorge Robledo, va a recoger no solamente a los actuales parlamentarios consecuentes del Polo y a destacados dirigentes sociales del partido sino a una pléyade de dirigentes provenientes de diversos sectores que ven en el Ideario de Unidad y en todas las actuaciones y pronunciamientos públicos de los más destacados conductores polistas la verdadera alternativa para derrotar las desastrosas políticas santistas. Con idéntico criterio se avanza en la confección de las listas polistas para la Cámara de Representantes que seguramente recogerán lo mejor del liderazgo social y político en todos los departamentos. El panorama político es, pues, muy prometedor para el partido de la oposición, siempre y cuando su militancia y toda su dirigencia se aplique con rigor a lo que es necesario hacer: recoger el descontento social y político, construir y fortalecer los comités de base y los organismos polistas de dirección en todos los barrios, veredas, municipios, grandes ciudades y departamentos; educar a la población en torno a las verdaderas causas de la crisis nacional, desnudar la demagogia santista y crear la más amplia convergencia democrática para el cambio alrededor de la candidatura presidencial de Clara López Obregón y las listas del Polo al Senado de la República y la Cámara de Representantes, para el período 2014-2018.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

× ¿Cómo puedo ayudarte?