24/07/2021

El “modelo Kirchner” y el futuro de argentina

Mario Alejandro Valencia, Cedetrabajo, Bogotá, 31 de octubre de 2010

En el año 2005, el fallecido ex presidente Néstor Kirchner expresó que su pueblo estaba en un “duro camino para sacar a Argentina del infierno”. Nada más cercano a la realidad. Tras “una década de vaciamiento” como la que narra el documental de Fernando Solanas, Memorias de un Saqueo, la economía y la sociedad estaban destruidas.

La gente no soportó más la miseria impuesta por el Fondo Monetario Internacional, quien ordenó las privatizaciones, la apertura económica, la paridad del peso con el dólar, la venta a regalona de la petrolera YPF y el gas, la entrega de los ferrocarriles y los puertos. El mayor despojo sufrido por el pueblo gaucho en la historia. El ‘cacerolazo’ fue como se le llamó a la patriótica resistencia que protagonizó el pueblo argentino para derrotar la política neoliberal, convertida en una afrenta contra la dignidad de las personas y la soberanía de la nación argentina. Ignominia que llegó a despropósitos iguales a los que todavía sufren la mayoría de países latinoamericanos, con gobiernos dóciles al capital financiero y monopolista y obedientes a las exigencias del FMI. El presidente Santos y su gabinete, llamado por algunos analistas como “la selección Colombia del neoliberalismo”, representan los mismos intereses y las mismas “relaciones carnales” con Estados Unidos que en la época lideraron en Argentina Carlos Menen, Domingo Cavallo, Guido di Tella y tantos otros.

¡El pueblo no se va! era el grito de la gente en las calles, enfrentándose a la violenta represión ordenada por De la Rúa, quien, como resultado de la movilización, la resistencia y el coraje, terminó abandonando el poder el 20 de diciembre de 2001.

Con Néstor Kirchner, el 25 de mayo de 2003, llegó a Argentina una nueva era de prosperidad. Las medidas adoptadas por el ex presidente encausaron de nuevo a ese país por la senda del desarrollo, la disminución del hambre y la desigualdad. Kirchner rescató el papel central del Estado en el desarrollo económico y su capacidad para intervenir, detuvo las privatizaciones, redujo a la cuarta parte la deuda externa bajo el lema de “no hay pago de deuda sin desarrollo”, rompió relaciones con el FMI, derrocó la Ley de “punto final” para permitir el juicio a los militares de la dictadura, participó en la derrota del proyecto expansionista estadounidense para toda América del ALCA y, sobre todo, recuperó la dignidad y la soberanía argentina, que ha servido de ejemplo a los sectores democráticos de Latinoamérica.

Los resultados de estas y otras tantas medidas son incontrovertibles. En el año 2002 la economía argentina tuvo un decrecimiento del 11%. Durante los cuatro años de gobierno de Néstor Kirchner la producción creció en promedio 8,7% anual. El desempleo pasó del 21,5% al 8,7. En el año 2003 la deuda externa era de 178.000 millones de dólares y la llevó a 39.900 millones de dólares para el año 2008. La pobreza, el hambre y la desigualdad se redujeron. El mayor acceso a la educación y a la salud beneficiaron a la mayoría de argentinos.

Las reformas continuaron en 2007 con su esposa Cristina Fernández, quien protagonizó uno de los mayores golpes al sistema financiero especulativo argentino, nacionalizando los fondos de las pensiones de sus habitantes. En el año 2002 el 5% del presupuesto era para pagar la deuda y el 2% para la educación. Para el año 2011 el 6,47% del presupuesto será para educación y el 2% para la deuda. Con orgullo hoy los argentinos pueden repetir las palabras del actual ministro de economía de esa nación, Amado Boudow: “Chau Fondo Monetario Internacional, tus recomendaciones no las queremos. Las decisiones de la Argentina se toman en la Argentina”.

La muerte de Néstor Kirchner deja un vacío grande en la institucionalidad argentina. La continuación de ese proceso nacionalista y anti neoliberal iniciado en 2003 dependerá de la capacidad de la presidenta Fernández para unificar al peronismo y fortalecer ideológica y pragmáticamente a la izquierda gaucha. Deberá enfrentarse en el 2011 a unas elecciones en las que las cartas de la derecha y las transnacionales estarán jugando con mucha fuerza.

El proceso político de Argentina es complejo. El “modelo K” no ha estado exento de errores y finalmente son las fuerzas sociales de ese país quienes tienen la última palabra. Pero a pesar de sus falencias, Néstor cumplió un papel progresista que contribuyó a la defensa de la soberanía nacional y demostró lo que una vez él mismo afirmó: “hay vida después del Fondo”.

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