Guillermo Maya Muñoz, El Tiempo, Bogotá, octubre 11 de 2011
El Foro Económico Mundial (FEM) saca un informe anual de competitividad, con una cobertura de 142 países, teniendo como elemento central el Índice de Competitividad Global (ICG), que es construido sobre unos términos de referencia dominados por los criterios del libre mercado.
Los primeros diez puestos en el índice 2011-2012 fueron, en orden de competitividad: Suiza, Suecia, Singapur, Estados Unidos, Alemania, Japón, Finlandia, Holanda, Dinamarca y Canadá. En general, en diversos informes, la lista de los primeros 10 países no cambia mucho en su composición. El cambio más dramático es el de Islandia, que estaba en el 2004 entre los primeros 10. La quebraron las reformas financieras neoliberales y los bancos. Ahora está en el puesto 30. Los países nórdicos, caracterizados por tener un fuerte sistema de bienestar social, basado en altos impuestos, continúan siendo de los primeros en competitividad.
Los resultados del IGC de algunos países latinoamericanos son: Chile (puesto 31), México (62), Brasil (53), Colombia (68), Argentina (85). Sin embargo, en el informe del 2004, la situación era la siguiente: Chile (22), México (48), Brasil (57), Colombia (64), Argentina (74). Aunque Chile sigue siendo la estrella para los neoliberales, empeora, al igual que México y Colombia. ¿Qué impacto tuvo el ochenio de los tres huevitos en la productividad?
A pesar del TLC con Estados Unidos y Canadá, en la vigencia desde el primero de enero de 1994, México es un fracaso rotundo. En 7 años, entre el 2004 y el 2010, creció a una tasa promedio de 2,38 por ciento. Mientras tanto, en Colombia, el Gobierno y los gremios se arrodillan y se humillan ante el Congreso de los Estados Unidos implorando la aprobación del TLC, que será la ruina para varias generaciones de colombianos, si tomamos a México como espejo. Los TLC son plataformas para relocalizar industrias que buscan mano de obra barata y son intensivas en partes importadas, sin mayor aporte tecnológico nacional. Talleres de destornillador.
Mientras tanto, China, al contrario, impulsa, con política industrial (pecado capital para los fanáticos del mercado, y para el FEM, por supuesto) actividades manufactureras, de media y alta tecnología, y obliga a los inversionistas extranjeros a comprar partes nacionales, a hacer empresas conjuntas con empresas chinas para aprovechar la transferencia tecnológica, a exportar un porcentaje de su producción, a reinvertir una parte de las ganancias. Un TLC, por ejemplo, no exige nada de esto: no hay exigencias de partes nacionales, tampoco de reinvertir un porcentaje de las ganancias, ni tampoco a hacer inversiones conjuntas con nacionales, ni tampoco a exportar. Como todas las exigencias chinas van en contravía del sacrosanto mercado, el índice de competitividad, por ejemplo, de China es más bajo. Sin embargo, crece a tasas del 10 por ciento anual.
Especial comentario merece Argentina, que pasa del puesto 74 al 85 en el ICG (2004-2011), a pesar de que exhibe la tasa de crecimiento aritmética más alta de la región, con 7,12 por ciento (2004-2010), mientras países como Chile (4,52 por ciento), Colombia (4,48 por ciento) y México (2,38 por ciento), están bien lejos de Argentina en crecimiento económico, creación de empleo, bienestar social, etc.
En los indicadores cualitativos es en donde mejor se expresa la ideología del FEM. Entre las 12 variables del estudio, consignadas en una encuesta entre ejecutivos, por países, las instituciones es una de ellas, con varias subvariables. Ejemplo: ¿cómo califica la protección de los derechos de propiedad, incluyendo los activos financieros? De mayor protección a menor, por encima de los países latinoamericanos, están Etiopía, Benín y Burkina Faso; Brasil (en el puesto 59), México (80), Colombia (87), Argentina (133), Venezuela (de último, 142).
Otra pregunta de esta sección: ¿cómo califica la protección de los derechos de propiedad intelectual, incluyendo la falsificación? De mayor protección a menor protección, China, un «violador» mayor en materia de patentes, ocupa el puesto 47, Chile, el 63, Colombia, el 86, México, el 85, Argentina, el 128, y Venezuela, el 140.
Los derechos de propiedad intelectual hicieron parte de las negociones del TLC entre Estados Unidos y Colombia. En este caso sobresalen las patentes de los medicamentos por su impacto en los precios de las medicinas y en el bienestar de las personas. Los Estados Unidos lograron que el gobierno colombiano restringiera el acceso de los productores de genéricos a las patentes al alargar su vigencia, que estaba en 20 años; limitar el licenciamiento obligatorio de patentes y prohibir las importaciones de genéricos. Chile, en el TLC firmado con Estados Unidos, les concedió una vigencia de 25 años a las patentes.
También la eficiencia del mercado laboral es otra de las 12 variables. La pregunta «¿Cómo se determinan los salarios en su país?» trata de medir la flexibilidad del mercado laboral. En los primeros puestos (más flexibilidad) están Uganda (junto con Colombia, es uno de los países en donde la población desplazada es una de las mayores del mundo), Hong Kong, Kirguistán, Emiratos Árabes Unidos (una satrapía), Estonia, Singapur, Lituania y Macedonia. En Latinoamérica: Chile, 29; Haití, 33 (flexibilidad para que se mueran de hambre); Colombia, 69; México, 89; Argentina, 139. En los últimos puestos, los menos flexibles, están los países con mayor bienestar del planeta: Bélgica (129), Noruega (130), Países Bajos (132), Finlandia (133), Alemania (136), Suecia (137), Austria (140), que entre otras cosas tienen los salarios por hora más altos del mundo.Los países nórdicos han demostrado que se puede ser competitivo con mayor bienestar. Sin embargo, el mandamiento único del FEM es que no hay alternativa al mercado.
El informe de competitividad se constituye en el recordatorio anual que el FEM les hace a los gobiernos, a los gremios y a los economistas para que la agenda de reformas pro mercado siga siendo impulsada sin pausa ni descanso, pues la victoria todavía no se ha logrado. Mientras tanto, hay medallitas en Montreal, Madrid, Washington y Londres que hay que ir ganando para inflar egos, prestigios y titulares de prensa. «Ustedes son los únicos en América Latina que siguen haciendo reformas», le dijeron al ministro Echeverry.
Los primeros diez puestos en el índice 2011-2012 fueron, en orden de competitividad: Suiza, Suecia, Singapur, Estados Unidos, Alemania, Japón, Finlandia, Holanda, Dinamarca y Canadá. En general, en diversos informes, la lista de los primeros 10 países no cambia mucho en su composición. El cambio más dramático es el de Islandia, que estaba en el 2004 entre los primeros 10. La quebraron las reformas financieras neoliberales y los bancos. Ahora está en el puesto 30. Los países nórdicos, caracterizados por tener un fuerte sistema de bienestar social, basado en altos impuestos, continúan siendo de los primeros en competitividad.
Los resultados del IGC de algunos países latinoamericanos son: Chile (puesto 31), México (62), Brasil (53), Colombia (68), Argentina (85). Sin embargo, en el informe del 2004, la situación era la siguiente: Chile (22), México (48), Brasil (57), Colombia (64), Argentina (74). Aunque Chile sigue siendo la estrella para los neoliberales, empeora, al igual que México y Colombia. ¿Qué impacto tuvo el ochenio de los tres huevitos en la productividad?
A pesar del TLC con Estados Unidos y Canadá, en la vigencia desde el primero de enero de 1994, México es un fracaso rotundo. En 7 años, entre el 2004 y el 2010, creció a una tasa promedio de 2,38 por ciento. Mientras tanto, en Colombia, el Gobierno y los gremios se arrodillan y se humillan ante el Congreso de los Estados Unidos implorando la aprobación del TLC, que será la ruina para varias generaciones de colombianos, si tomamos a México como espejo. Los TLC son plataformas para relocalizar industrias que buscan mano de obra barata y son intensivas en partes importadas, sin mayor aporte tecnológico nacional. Talleres de destornillador.
Mientras tanto, China, al contrario, impulsa, con política industrial (pecado capital para los fanáticos del mercado, y para el FEM, por supuesto) actividades manufactureras, de media y alta tecnología, y obliga a los inversionistas extranjeros a comprar partes nacionales, a hacer empresas conjuntas con empresas chinas para aprovechar la transferencia tecnológica, a exportar un porcentaje de su producción, a reinvertir una parte de las ganancias. Un TLC, por ejemplo, no exige nada de esto: no hay exigencias de partes nacionales, tampoco de reinvertir un porcentaje de las ganancias, ni tampoco a hacer inversiones conjuntas con nacionales, ni tampoco a exportar. Como todas las exigencias chinas van en contravía del sacrosanto mercado, el índice de competitividad, por ejemplo, de China es más bajo. Sin embargo, crece a tasas del 10 por ciento anual.
Especial comentario merece Argentina, que pasa del puesto 74 al 85 en el ICG (2004-2011), a pesar de que exhibe la tasa de crecimiento aritmética más alta de la región, con 7,12 por ciento (2004-2010), mientras países como Chile (4,52 por ciento), Colombia (4,48 por ciento) y México (2,38 por ciento), están bien lejos de Argentina en crecimiento económico, creación de empleo, bienestar social, etc.
En los indicadores cualitativos es en donde mejor se expresa la ideología del FEM. Entre las 12 variables del estudio, consignadas en una encuesta entre ejecutivos, por países, las instituciones es una de ellas, con varias subvariables. Ejemplo: ¿cómo califica la protección de los derechos de propiedad, incluyendo los activos financieros? De mayor protección a menor, por encima de los países latinoamericanos, están Etiopía, Benín y Burkina Faso; Brasil (en el puesto 59), México (80), Colombia (87), Argentina (133), Venezuela (de último, 142).
Otra pregunta de esta sección: ¿cómo califica la protección de los derechos de propiedad intelectual, incluyendo la falsificación? De mayor protección a menor protección, China, un «violador» mayor en materia de patentes, ocupa el puesto 47, Chile, el 63, Colombia, el 86, México, el 85, Argentina, el 128, y Venezuela, el 140.
Los derechos de propiedad intelectual hicieron parte de las negociones del TLC entre Estados Unidos y Colombia. En este caso sobresalen las patentes de los medicamentos por su impacto en los precios de las medicinas y en el bienestar de las personas. Los Estados Unidos lograron que el gobierno colombiano restringiera el acceso de los productores de genéricos a las patentes al alargar su vigencia, que estaba en 20 años; limitar el licenciamiento obligatorio de patentes y prohibir las importaciones de genéricos. Chile, en el TLC firmado con Estados Unidos, les concedió una vigencia de 25 años a las patentes.
También la eficiencia del mercado laboral es otra de las 12 variables. La pregunta «¿Cómo se determinan los salarios en su país?» trata de medir la flexibilidad del mercado laboral. En los primeros puestos (más flexibilidad) están Uganda (junto con Colombia, es uno de los países en donde la población desplazada es una de las mayores del mundo), Hong Kong, Kirguistán, Emiratos Árabes Unidos (una satrapía), Estonia, Singapur, Lituania y Macedonia. En Latinoamérica: Chile, 29; Haití, 33 (flexibilidad para que se mueran de hambre); Colombia, 69; México, 89; Argentina, 139. En los últimos puestos, los menos flexibles, están los países con mayor bienestar del planeta: Bélgica (129), Noruega (130), Países Bajos (132), Finlandia (133), Alemania (136), Suecia (137), Austria (140), que entre otras cosas tienen los salarios por hora más altos del mundo.Los países nórdicos han demostrado que se puede ser competitivo con mayor bienestar. Sin embargo, el mandamiento único del FEM es que no hay alternativa al mercado.
El informe de competitividad se constituye en el recordatorio anual que el FEM les hace a los gobiernos, a los gremios y a los economistas para que la agenda de reformas pro mercado siga siendo impulsada sin pausa ni descanso, pues la victoria todavía no se ha logrado. Mientras tanto, hay medallitas en Montreal, Madrid, Washington y Londres que hay que ir ganando para inflar egos, prestigios y titulares de prensa. «Ustedes son los únicos en América Latina que siguen haciendo reformas», le dijeron al ministro Echeverry.
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