Altos costos educativos llevan a universidades de Estados Unidos a dejar de soñar en ser las mejores del ranking




Una referencia para nuestro sistema de educación superior

Dic 12/11 El alto costo de la universidad en Estados Unidos, la enorme deuda de los egresados y la presión social llevó a que el pasado lunes el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se reuniera con un grupo de presidentes de las universidades americanas para analizar estrategias que permitan bajar los costos.
Dejar de obsesionarse con la investigación de avanzada, los mejores campus y programas costosos, son algunas de las salidas, así como buscar alianzas y dar más fuerza a la formación en línea para abaratar el proceso.
Esta idea refuerza la hipótesis de algunos académcios colombianos que piensan que la obsesión por los rankings, los grupois de investigación y la acreditación de alta calidad pueden estar desvirtuando la finalidad de la educación superior.
La siguiente es una adaptación de www.universidad.edu.co del artículo publicado en The Economist, titulado «University Challenge».
Los máximos directivos de las universidades se consideran como extrañas criaturas. ¿Son altos ejecutivos o líderes sindicales?, son jefes de gremios preindustrializados o campeones en una de las industrias más exitosas de los Estados Unidos? Son defensores de la civilización o despiadados críticos? Cualesquiera que sean, están en el centro de una tormenta política. La ira social sobre el costo de la universidad va desde padres hasta estudiantes. Obama está tratando de canalizar la ira, para evitar roces.
La Casa Blanca se ha quejado porque los costos de la educación se han triplicado en las últimas tres décadas. Arne Duncan, el secretario de Educación, ha instado a las universidades a hacer frente a los costos con una «urgencia mucho mayor».
Este sentido de urgencia está justificado en que los egresados universitarios tienen deudas de cerca de $ 1 billón de dólares, lo cual conlleva a una regflexión muy serena, pues el aumento de los costos universitarios son el síntoma que refleja problemas mucho más profundos, y que se vuelven señales más críticas en épocas de austeridad, como la actual.

El primero de esos problemas es la incapacidad de decir «no». Durante décadas, las universidades estadounidenses se han dedicado a ofrecer toda clase de cursos, a buscar más estudiantes en grupos de investigación para profesores y mejores construcciones, bajo el alegre supuesto de alegre que siempre habría más dinero para pagartodo eso.
El segundo problema es la obsesión por estar en el top de las mejores universidades, con lo que eso significa para las inversiones.
Eso ha llevado a aumentar, tal vez de forma frenética, la producción investigativa, mientras que los estudiantes en muchas ocasiones tienen otras expectativas. Por ejemplo, escritos de investigación en literatura están por el orden de 70.000 publicaciones académicas al año, en comparación con 13.757 en 1959, auncuando la mayoría de estos escritos on simplemente formadores y no de investigación novedosa. Para Mark Bauerlein, de la Universidad de Emory,  señala por ejemplo que, de los 16 documentos de investigación producidos en 2004 por el departamento de literatura de la Universidad de Vermont, una institución bastante representativa, 11 de ellos han recibido desde entonces entre cero y dos citas. La pérdida de tiempo escribir los artículos que no se pueden leer, no puede ser dedicado a la enseñanza.
En el escrito titulado «Académicamente a la deriva» Richard Arum y Roksa Josipa sostienen que más de un tercio de los estudiantes de Estados Unidos no muestran ninguna mejora en el pensamiento crítico o razonamiento analítico después de cuatro años en la universidad.
Así como la furia popular por los altos costos de las universidades va en aumento, también la tecnología, y concretamente la internet, está cambiando las reglas. Ahora los académicos estrellas pueden dar conferencias a millones de personas en línea, en lugar de trabajar con pequeños grupos, y esto ha ayudado a que instituciones con ánimo de lucro, como la Universidad de Phoenix, se enfoquen en la plena utilización de la Internet. Según la Fundación Sloan, las inscripciones para programas en línea crecieron 10% en 2010, frente al 2% de la totalidad del sector universitario.

Es así como, en medio de la tormenta por los costos, la industria de la educación superior se enfrenta a un difícil dilema: adaptarse a un mundo que cambia rápidamente, o a optimizar sus inversiones y costos, so pena de tener que recortar personal académico o, en el peor escenario, reducir los subsidios estatales.
Pero, según los hechos analizados, ya se ven señales de reforma, y se está replanteando la obsesión por ser las más competitivas y mejores, revisar inversiones y buscar alianzas con el sector productivo.
Es así como se menciona el caso de la asociación de universidades del oeste americano (UAA) en Salt Lake City, que fue fundada en 1996, y que desde entonces previó que para reducir costos lo mejor era incentivas la enseñanza en línea. También incentivaron prácticas diferentes de las de las universidades tradicionales: Los profesores deciden lo que quieren los estudiantes aprender y autónomamente diseñan pruebas para evaluarlo; compran los materiales didácticos en editoriales independientes y emplean «tutores» para guiar a los estudiantes.

Por su parte, instituciones como la Brigham Young University de Idaho decidió enfocar todos sus esfuerzos hacia la enseñanza, con lo que desechó costosas conversiones como los programas de atletismo, los programas de doctorado y cursos de duración anual. La Universidad de Cornell tiene a 10 mil estudiantes en línea cada año, la mayoría de elllos adultos que trabajan. Southern New Hampshire University creó cinco escuelas satélite para facilitar el estudio cerca de los hogares de los estudiantes. Y la Universidad del Sur de California formó sociedad con una empresa privada, para diseñar curos para estudiantes en 45 estados y más de 25 países.

Desde hace casi cien años las universidades americanas enfrentan preocupaciones similares sobre los costos crecientes y su distanciamiento con el resto de la sociedad. Lawrence Lowell, presidente de Harvard, sostuvo que «las instituciones son rara vez asesinadas, sino que llegan a su fin mediante el suicidio …Se mueren porque han perdido su utilidad, o dejan de hacer el trabajo que el mundo quiere que se haga».
Ese es el reto.

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