02/08/2021

A modo de elegía: En la muerte de Raúl Arroyave

José Fernando Ocampo, Bogotá, enero 27 de 2011

Cómo te vas en este momento Raúl. No te podías haber ido ahora. Era aquí cuando más te necesitábamos. Hacías parte del Ejecutivo Central. Dirigías la Comisión Obrera. Ocupabas la secretaría internacional de la CUT. Trabajabas conmigo en la Escuela. Te necesitaba el Polo y te necesitaba Bogotá. Habíamos comenzado a trabajar juntos desde la década del ochenta del siglo pasado. Recuerdo que habías llegado a Codazzi, Cesar, como maestro y habías entrado a la dirección departamental del Sindicato. Ya una vez te habían destituido del magisterio cuando trabajabas en Puerto Berrío por participar en una lucha por la defensa de la educación pública. En el entretanto, te habías aventurado en la organización de los campesinos y en la tarea de desbrozarle el camino a la política revolucionaria de lo que en el Moir llamamos entonces política de pies descalzos. Al volver, comenzaste a atender con tu moto el trabajo sindical en Valledupar. Te eligieron presidente de Aducesar, el sindicato de los maestros del Cesar. Para entonces habías encontrado para tu vida a Ruby, una mujer fuerte y decidida, con la que habías iniciado la formación de una familia y tus hijos Lorena, Lauren, Leslie y Sebastián. Te habían elegido a la dirección de los maestros nacionales y viajabas a Bogotá para atenderla. Llegaste a la Asamblea del Cesar elegido por el pueblo del departamento en una de esas alianzas indispensables de la izquierda. Eras incansable entonces como lo fuiste siempre aún en los peores momentos de tu salud muy afectada.

Cómo te vas en este momento Raúl. Me acompañaste en la dirección de FECODE con Alvaro, Medardo, Elías y Diógenes y con tantos compañeros en la dirección de los sindicatos regionales. Fuimos a los congresos juntos y a las elecciones directas de Ejecutivo sindical, recorrimos el país con los maestros y viajamos adondequiera fuera necesario sin importar el medio de transporte, nos enfrentamos a la política imperialista de la educación y la desmenuzamos para hacerla comprender del magisterio, nos comprometimos con la ley general de educación, estuvimos al frente de los paros del magisterio, le dimos un contenido revolucionario a los conceptos sobre la educación colombiana. Y llegó el momento en que te encargaste del trabajo del Partido en el terreno educativo nacional, lo llevaste adelante, enfrentaste todas las dificultades de acuerdos y alianzas sindicales e iluminaste con tus luces el carácter imperialista de la política educativa de los gobiernos neoliberales. Cómo trabajaste por garantizarles a los maestros sus cesantías y sus pensiones en el Fondo Nacional de Prestaciones. Te enfrentaste en la teoría y en la lucha a los actos legislativos reaccionarios de esta década pasada que están destruyendo la educación pública colombiana. Nos diste la sorpresa de cien mil votos en las elecciones para el parlamento andino. A pesar de que tu corazón estaba fallando hacía rato, jamás te negaste a una tarea sindical, a un viaje a dondequiera fuera en la geografía nacional para llevar la presencia de FECODE y de la CUT, a una representación en los organismos sindicales internacionales, a una conferencia de formación dirigida a los obreros o a los educadores o al público en general. Nunca desfalleciste un solo momento en la lucha consecuente y jamás diste un paso atrás en los principios, aún cuando en ocasiones todos los factores nos eran desfavorables.

Cómo te vas en este momento Raúl. Envidié tu sorprendente memoria. Cantabas de memoria todos los vallenatos del mundo, recordabas de una todas las fechas históricas, tenías a flor de labio los chistes y cuentos más inverosímiles, recordabas en los momentos precisos las anécdotas de la historia mundial. Eras un lector incansable. La última semana estabas leyendo la biografía de Garibaldi, el de la revolución democrática italiana, y comentamos en la clínica el aporte de las biografías a la formación de una conciencia histórica. Habíamos leído la de Pancho Villa ahora para la conmemoración del centenario de la revolución mexicana. Y te recordé las crónicas de John Reed sobre aquellos acontecimientos, del mismo que había escrito sobre las jornadas memorables de la revolución de octubre en Rusia. Escribiste artículos brillantes en los periódicos sindicales y del Partido: sobre los acontecimientos de la política mundial contemporánea, sobre los vericuetos de una historia nacional tan azarosa, sobre la realidad política del país. Me asombrabas. Todo te cabía en una cabeza de extraordinaria capacidad.

Cómo te vas en este momento Raúl. Trabajamos arduamente en los materiales de la escuela. Le dedicaste horas y esfuerzo a poner al día y adecuar a las condiciones concretas del país la teoría maoísta de la nueva democracia. Te metiste a fondo en los vericuetos leninistas del estado y la revolución. Discutiste conmigo en detalle los principios de la economía política marxista. Trabajamos en la dirección de la escuela la historia del Partido y sus estatutos y programa. Contribuiste en todos los detalles de la construcción de una escuela de cuadros que llegara a una juventud nueva ansiosa de adentrarse en la teoría y en la práctica revolucionaria. A propósito del segundo centenario del grito de independencia de 1810 compartimos documentos, ideas, esquemas, orientados a la elaboración de conferencias y charlas que le dieran sentido a aquellos acontecimientos proyectados a la necesidad de una nueva liberación, a una segunda independencia. Tenías una capacidad impresionante de lectura y de asimilación de la teoría.

Cómo te vas en este momento Raúl. Eras un revolucionario. Tenías en la sangre el carácter proletario. Amabas a rabiar tu organización política, el MOIR, esta organización con la que nos comprometimos hace cuarenta años. Le fuiste fiel a rabiar. Nunca tuviste dudas en los virajes necesarios de la política. Habías abrazado con pasión esta tarea estratégica y fundamental del Polo Democrático Alternativo, de consolidarlo, de superar sus dificultades, de llevarlo a las masas, de hacerlo comprender en los organismos internacionales, porque estabas convencido de que podía convertirse en una verdadera realidad de transformación nacional. Atendías con cuidado y dedicación el trabajo del Polo en el centro de Bogotá. Fuiste implacable por doquier en la denuncia de los tratados de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea. Siempre pusiste la política por encima de la amistad o las conveniencias y eso quedó como un ejemplo. Trabajaste día y noche, sin descanso, sin ahorrar esfuerzos en llevar a cabo las tareas y los compromisos partidarios, Raúl, hasta poner en riesgo tu salud y tu vida. ¿No cierto, Raúl, que diste tu vida por este partido, por esta patria y por esta revolución? Eso fue lo que hiciste. Cuántas veces te rogué que hicieras pausa, que cuidaras tu corazón herido, que no siguieras montando en avión para atender un llamado de los maestros o de los obreros o de los amigos o de los compañeros partidarios siempre ansiosos de escucharte, que no manejaras un carro, que no siguieras atendiendo las actividades internacionales. Todo porque conocía tu corazón herido de muerte. No me hiciste caso porque respondías al trabajo revolucionario como una tarea ineludible. Raúl, te fuiste ahora. Haz entregado tu vida por la revolución colombiana. Lo entregaste todo. Yo lo sé. Yo lo sé. Hasta dar la vida por este país, por esta patria, por una nueva aurora para Colombia. Te prometo como lo hablamos tantas veces, que no cejaré en esta tarea sin pausa y sin descanso. Aquí están despidiéndote hoy todos tus compañeros y amigos que te hacen la misma promesa. Y como dijo Neruda, “fuiste más hermano que mi hermano”. Adiós, Raúl.

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