Bogotá, agosto de 2024
JOSE DIOGENES ORJUELA G.
Expresidente de la CUT
En la memoria de los trabajadores colombianos siempre estarán grabadas las valerosas huelgas de los bananeros, textileros, petroleros, empleados del Estado y maestros del siglo pasado. Sin embargo, hoy quiero referirme a tres batallas recientes que, desarrolladas todas en el presente siglo, han sido un claro ejemplo de valentía, unidad y desafío de los trabajadores hacia los gobiernos de turno—en cabeza de Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos y Gustavo Petro, sus patronos y la política neoliberal. Estas luchas son, sobre todo, un testimonio de la defensa inquebrantable del derecho de huelga: la de los corteros de caña en 2008, los pilotos de Avianca en 2017 y la reciente huelga de los trabajadores del Ministerio del Trabajo.
La huelga de SINALCORTEROS y otros sindicatos, hoy SINTRAINAGRO, en el Valle del Cauca paralizó los ingenios azucareros durante cerca de 60 días. 17,000 trabajadores tercerizados, sometidos a condiciones extremas de trabajo precario, osaron exigir respeto al derecho de asociarse, presentar pliegos y negociar condiciones de trabajo y de vida digna. El gobierno de la época, en complicidad con los dueños de los ingenios, sostuvo que por ser trabajadores tercerizados, carecían de estos derechos, intentando así romper la huelga bajo la amenaza de quiebra empresarial. Sin embargo, la huelga contó con el respaldo absoluto del movimiento sindical, liderado por la CUT bajo la presidencia de Carlos Rodríguez. Los corteros, gracias a su ejemplar lucha, ganaron la batalla; hoy tienen sindicatos y negocian convenciones colectivas. Los empresarios no quebraron y el gobierno quedó deshonrado con su postura violatoria de los convenios de la OIT. Se demostró que incluso bajo las peores formas de contratación, los trabajadores gozan de la protección del derecho de asociación, negociación colectiva y huelga.
El 20 de septiembre de 2017, tras negociaciones infructuosas del pliego presentado a la empresa, los 702 pilotos de AVIANCA afiliados a ACDAC (Asociación Colombiana de Aviadores Civiles) decidieron en asamblea general iniciar una huelga. Esta decisión no solo fue motivada por la negativa de la empresa a negociar, sino también por la existencia de pactos colectivos, el incumplimiento de acuerdos convencionales y problemas en el mantenimiento de los aviones, entre otras razones. Esta huelga, que se convirtió en la más prolongada en la historia de la aviación civil con una duración de 54 días, fue un ejemplo de unidad y determinación en la lucha, resistiendo los peores atropellos tanto de la empresa como del gobierno de entonces.
Durante este período, ACDAC contó con el respaldo incondicional del movimiento sindical, especialmente de la CUT, bajo la presidencia de Alejandro Pedraza. Sin embargo, el gobierno de Juan Manuel Santos y el presidente de Avianca, Germán Efromovich, se confabularon para quebrar la huelga. Apelaron a la teoría del servicio aéreo como público esencial, a pesar de que nunca fue declarado como tal según el Convenio 87 de la OIT ni por la jurisprudencia de los órganos de control de la misma. Usurpando la competencia del Tribunal Superior de Bogotá, órgano judicial competente para calificar la huelga, la declararon ilegal desde su inicio sin que existiera fallo judicial alguno. Con inusitada rapidez, intentaron montar un tribunal de arbitramento amañado y, mediante numerosas artimañas, lograron la declaratoria de ilegalidad de la huelga y el despido de más de un centenar de pilotos, incluyendo a la dirigencia sindical.
A pesar de estos embates, ACDAC jamás entregó sus banderas. Defendió con fiereza los valores y principios del sindicalismo, mostrando una resiliencia ejemplar frente a un empleador aliado con las autoridades del Estado, incluida la Aeronáutica Civil y, sin lugar a duda, el aparato judicial. Incluso, las comunicaciones de la junta directiva del sindicato fueron interceptadas, en un claro abuso de poder.
La historia, sin embargo, demostró el fracaso de Germán Efromovich. Su arrogancia y mala gestión llevaron a Avianca a la quiebra, perdiendo la empresa y cayendo en manos de otros propietarios. Incluso antes de su colapso, Efromovich contrajo un préstamo de 450 millones de dólares con United Airlines, que nunca fue pagado. El gobierno colombiano, por su parte, hizo uno de los peores ridículos en la arena internacional.
Hoy, ACDAC sigue siendo una organización sindical poderosa, que ha ganado todas las acciones presentadas ante la OIT y otros escenarios internacionales. Hace dos años, firmó un acuerdo con la nueva dirección de Avianca, que incluyó el reintegro de los pilotos despedidos. Ni la huelga fue ilegal, ni el servicio aéreo era un servicio esencial. Esta lucha dejó una gran lección para los trabajadores colombianos: la defensa de los derechos laborales es una causa que, con unidad y determinación, siempre prevalece.
El pasado mes de mayo, por absoluta mayoría los trabajadores del Ministerio del Trabajo, afiliados a la mayoría de los sindicatos existentes en la entidad, votaron a favor de la huelga para exigir el cumplimiento de los acuerdos firmados a comienzos de año con la ministra Gloria Inés Ramírez. Para ello, constituyeron un comité de huelga y una comisión negociadora, siguiendo rigurosamente los procedimientos legales, e iniciaron la huelga el 31 de mayo, cumpliendo con todas las normativas. Al igual que los poderosos ingenios azucareros y Avianca, el gobierno del «cambio», en este caso como empleador, reaccionó de la peor manera: se negó a negociar, cuestionó el derecho de sus trabajadores a la huelga y la ministra, autodenominada “obrera”, se rehusó a dialogar, rechazando incluso las mediaciones del CETCOIT y la Conferencia Episcopal. El viceministro encargado, Iván Jaramillo, antes defensor de estos derechos, desplegó todas las estrategias gubernamentales entre ellas la violencia, para quebrar la huelga. Aunque el apoyo del sindicalismo fue notable, en este caso el presidente de la CUT, Fabio Arias, jugó a favor del patrón, asumiendo el papel de rompehuelgas, una actitud que lo ha caracterizado desde su elección. La Huelga los trabajadores la suspendieron el día 62, pero los sindicatos resistieron valientemente, dejando una enseñanza clara a los trabajadores del Estado: el derecho a la huelga también existe en este sector. El gobierno de Gustavo Petro sufrió un vergonzoso juicio en la OIT y pasará a la historia como el que dio el peor ejemplo en lo corrido de este siglo contra una huelga de trabajadores. Además, han sido incoherentes en su discurso, pues en esta oportunidad están revictimizando a los trabajadores del ministerio de trabajo, los tienen obligados trabajando y nunca les han resuelto sus peticiones que básicamente se centran en el cumplimiento de acuerdos pasados. Puede considerarse increíble que este gobierno no cumpla los acuerdos que suscribe dejando un estela de duda frente a sus compromiso que adquiere en la nación y enviando un pésimo mensaje a todo el mundo de incumplimiento de derechos humanos fundamentales amparados por normas que en otrora defendieron quienes hoy están en el gobierno.
Estas tres batallas recientes son un recordatorio contundente de que la independencia y la autonomía son principio rectores del sindicalismo y que luchar si paga.
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