Resulta completamente indignante la pretensión del gobierno de Gustavo Petro de recortar, por segunda vez consecutiva, el ya escaso presupuesto destinado a financiar la ciencia y la tecnología.
Mientras en el año 2023 Minciencias recibió $485.000 millones, para 2024 el gobierno del cambio lo redujo a $398.000 millones, un recorte de aproximadamente $87.000 millones, que representa 17% menos recursos.
En el Presupuesto General de la Nación del año 2025 se pretende dar otro tijeretazo presupuestal a la financiación de la investigación científica: el Gobierno propone asignar unos $300.000 millones, es decir, se hace un segundo recorte de casi $100.000 millones (una reducción del 25%). Es toda una infamia que el hoy Ministerio de Ciencia y Tecnología reciba menos recursos que la antigua Colciencias.
Cuando Gustavo Petro estaba en campaña visitó la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales donde prometió que haría de Colombia «una sociedad del conocimiento». Además, vociferaba a los cuatro vientos que «no puede haber política progresista sin la ciencia». Promesas que resultaron un vulgar engaño electorero.
Cuando ocurrió el primer recorte presupuestal la Academia le recordó al ya posesionado Presidente de la República «que el presupuesto asignado a Minciencias no corresponde con sus propuestas». Tenían razón los académicos, pues Petro se comprometió para que el Ministerio de la Ciencia tuviera un «robusto financiamiento».
Ante ese primer recorte la representante Jennifer Pedraza propuso aumentar significativamente el presupuesto para financiar la ciencia y la tecnología. Contra su propuesta votó toda la plana mayor del Pacto Histórico: María José Pizarro, Inti Asprilla, la fallecida Piedad Córdoba, Martha Isabel Peralta, Isabel Cristina Zuleta (¡que está impulsando la reelección de Petro!), Pedro Flórez, Aída Avella y Alex Flórez.
Cuando estaban en la oposición exigían mayores recursos para financiar la ciencia. Hoy, cuando tienen el poder, los disminuyen. Todo un ejemplo de la falta de coherencia entre lo que se pregona y lo que se hace, característica muy propia del petrismo.
Gustavo Petro, además de insultar, por ejemplo, a los geólogos cuando les dijo que para sacar las riquezas minerales del subsuelo prácticamente no se necesita ni el cerebro, ha hecho lo mismo que todos los gobiernos de antes: no tiene ningún interés para promover de verdad el avance de la ciencia y la tecnología en nuestro país.
Siguiendo los mandatos del FMI, el Banco Mundial y la OCDE el gobierno que se hizo elegir con la promesa del cambio, no está interesado en impulsar un verdadero desarrollo industrial y agropecuario para Colombia, por el contrario, su política es la del mandato neoliberal: diseñar un país pobre, con una ciencia pobre. No crea riqueza para repartir, lo que reparte es pobreza.
Eso explica por qué 56% de la fuerza laboral está en la informalidad, por qué algo más de cinco millones de compatriotas han tenido que emigrar al extranjero para buscar mejores oportunidades y por qué se negó a renegociar los dañinos TLC. Un país que los poderes económicos del mundo han decidido que sea pobre, no necesita una financiación adecuada para la ciencia. Este gobierno y los anteriores, reviven la oscura frase del Pacificador Pablo Morillo y todos a una repiten: «Colombia no necesita sabios».
Petro predica que lucha contra el cambio climático y que promueve la transición energética, pero eso también resulta ser pura demagogia, pues tales cambios son imposibles de hacer sin el concurso del conocimiento generado por la investigación científica y la tecnología.
Mientras en el proyecto de presupuesto para el año 2025 los recursos para financiar la ciencia disminuyen, lo destinado al pago del servicio de la deuda se lleva una tajada de casi 113 billones de pesos, un incremento del 19% respecto del presupuesto del año 2024.
A pesar de los dañinos efectos que para la ciencia tienen las políticas del gobierno petrista, los científicos del país saben, como lo dijo Louis Pasteur, que «La ciencia es el alma de la prosperidad de las naciones y la fuente de vida de todo progreso».
Ya llegará el momento para que eso se haga realidad.
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