Demostración palpable de la forma como desarrolla Santos su falsa política de equidad son la anunciada reforma pensional para subir la edad de pensión de las mujeres,  la arremetida nefasta de los Tratados de Libre Comercio y el Plan Nacional de Desarrollo, verdadero engendro que afecta negativamente cada una de las facetas  de la vida de la mayoría de los colombianos, especialmente de las mujeres.

En medio de una profunda crisis económica, de entrega descarada de la soberanía nacional,  de destrucción de la producción agrícola e industrial, de privatización al por mayor,  de arrasamiento del trabajo,  de acrecentamiento de la pobreza y la miseria,  se hace evidente con diáfana claridad una verdad incuestionable: sin la combatividad  y claridad de la mujer es imposible la transformación que requiere con urgencia Colombia.

  Esta conmemoración no puede ser motivo  a la conciliación con el Gobierno, sino, por el contrario, una invitación a avivar la llama que millones de trabajadoras han hecho arder con ahínco en la hermosa tarea de luchar  por un mundo mejor, y que se mantiene viva y crece en las trabajadoras colombianas,  de las cuales son un destacamento de avanzada, por su claridad y combatividad,  las maestras, que ahora dan una gran batalla por la educación pública y sus derechos.

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