02/08/2021

Se cocina una reforma política hecha a la medida del miedo de Santos a Uribe

Por: Juanita León
lasillavacia.com, enero 28 de 2013
Desde que se confirmó que el expresidente comenzaría una gira por todo el país haciendo campaña política para el 2014, entre funcionarios de Casa de Nariño y senadores amigos se han comenzado a socializar varias ideas sobre una reforma política que pueda salir antes de las elecciones. Más allá de cómo se presente, es una reforma con un objetivo único: frenar las aspiraciones de Uribe.
Casi sin excepción, cada elección legislativa va a acompañada previamente de un ajuste de las reglas de juego hecho a la medida de los intereses de la coalición mayoritaria. El año pasado parecía que en esto el gobierno de Santos iba a ser la excepción pues se terminó sin que hubiera prosperado ningún intento de cambiar la Constitución en ese sentido. Sin embargo, no acaban de anunciar las intenciones del expresidente de competir en las urnas con las listas de la Unidad Nacional, cuando se comenzaron a mover las iniciativas de reforma política.
El próximo martes, habrá una reunión del Gobierno con la Unidad Nacional para discutir las iniciativas. “Desde el Gobierno no se ha redactado un solo artículo de una reforma política”, dijo el ministro del Interior Fernando Carrilloa La Silla. “Todas son propuestas de congresistas y por eso el martes vamos a reunirnos para ver por dónde van los consensos. En lo que sí estamos trabajando es en sacar la mesa de garantías electorales”.
La Silla habló con cuatro senadores de diferentes partidos y ellos dicen que las ideas vienen es desde Casa de Nariño. Más allá del origen de estas propuestas, entre las ideas que se han barajado hay cuatro grandes. Una, que mencionó la revista Semana, es revivir la ‘ley Chupeta’, que consiste en que los congresistas puedan ser a la vez ministros, embajadores y hasta secretarios del despacho de la Gobernación. La justificación que esgrimen los que defienden esta idea es que levantar estas inhabilidades permitiría que gente de un mayor perfil llegara al Congreso. Varios políticos consultados por La Silla dicen que eso es cierto y que esa inhabilidad no tiene mucho sentido.
Pero en la práctica, en el Gobierno se ha comenzado a ‘barajar’ esa idea para complacer a Germán Vargas Lleras.  Como contó La Silla, Vargas Lleras podría ser el candidato ideal de Santos para darle la pelea a Uribe en los medios encabezando una lista de Cambio Radical al Senado pero al Ministro de Vivienda le da pereza volver al Senado y perderse la oportunidad de entregar las 100 mil casas gratis, cuyos contratos de construcción hasta ahora se están firmando.
La otra idea que se está discutiendo en los pasillos es acabar con la circunscripción nacional para el Senado y volver a la idea de que los senadores sean elegidos como lo son los representantes a la Cámara, es decir, por departamento.
De ser aprobada esta idea, sería letal para Uribe porque una lista encabezada por él solo podría arrasar en un departamento, que seguramente él escogería que fuera Antioquia. Esto limitaría drásticamente sus posibilidades de obtener un número de curules suficiente para tener capacidad de veto a iniciativas de Santos en el Congreso.
Pero más allá del miedo electoral que parece tenerle el gobierno de Santos a Uribe, esta iniciativa tiene muchos problemas. El principal es que acabaría con los partidos más pequeños. La circunscripción nacional para el Senado se creó en la Constitución del 91 para garantizar que partidos pequeños –pero con figuras de prestigio nacional como era la AD-M19- pudieran existir.
El argumento para proponer esto es que la circunscripción nacional ha encarecido demasiado la política pues ahora todos los políticos tienen que pautar en televisión o en medios nacionales para conservar su curul.
Pero si se acabara la circunscripción nacional el senador Jorge Enrique Robledo, por ejemplo, no llegaría al Senado suponiendo que se replicaran todas las demás condiciones de las pasadas elecciones. El senador del Polo –que en todas las mediciones aparece entre los más admirados-ganó con 165.509 votos, pero en el lugar donde sacó más votos fue en Bogotá con 52.301. Con circunscripción departamental, una persona como él podría quedarse por fuera porque no tendría la posibilidad de sumar votos en diferentes sitios del país.
“Si aprueban la circunscripción departamental se acabaría la proporcionalidad entre los departamentos pequeños y los grandes. Un voto en Vaupés equivale a un voto en Medellín y Cali. Sería un retroceso de un tamaño gigantesco porque además acaban con los partidos pequeños que así no tendrían cómo sumar votos en diferentes ciudades”, dijo a La Silla el senador verde John Sudarsky, una de las personas que más sabe de reforma política en el Congreso.
La tercera propuesta que se ha pensado, y que es una de las más desesperadas, es garantizarles a todos los expresidentes de la República un asiento permanente en el Senado. El argumento es que así funcionaba en Chile (no dicen que fue una medida hecha a la medida y por petición expresa de Pinochet). Esta propuesta supuestamente “calmaría” a Uribe y le ahorraría la campaña de desprestigio en contra de Santos.
Una cuarta, que ha venido más desde algunos congresistas, es permitir que los partidos puedan avalar un número de candidatos superior al de las curules que tiene cada circunscripción. Esto ayudaría a recoger más gente que podría terminar en la lista de Uribe simplemente porque no ‘cupo’ entre los avalados por los partidos.
Los riesgos
Conseguir suficiente apoyo político para cualquiera de estas iniciativas no va a ser fácil porque nada genera más interés entre los congresistas que las reformas políticas y lo que le sirve a un partido no le sirve a otro.
La ley ‘chupeta’, por ejemplo, que es las más fácil de vender pues ningún congresista quisiera en principio inhabilitarse para ocupar otros cargos podría no contar con apoyo en partidos grandes como el Liberal y el Conservador.  A ambos partidos, sobre todo a los rojos, no les conviene que se apruebe una medida que le insuflaría oxígeno a partidos como Cambio Radical y el Partido Verde que están agonizando.
Si se aprueba esta iniciativa y Germán Vargas Lleras y Lucho Garzón encabezan las listas de sus respectivos partidos es posible que consigan pasar el nuevo umbral electoral. Pero si no se aprueba y no se lanzan, entonces es más factible que varios senadores de esos partidos migren hacia el Partido Liberal para evitar quemarse. Por eso, conseguir el respaldo de la segunda bancada más grande del Senado para este propósito no será fácil.
Lo de la circunscripción departamental encontrará enemigos entre los congresistas de los departamentos que hoy están ‘sobrerrepresentados’ en el Congreso como son Nariño, Santander, Atlántico y Córdoba. Así haya ley de bancadas, estos senadores harán lobby para que se vote en contra esta iniciativa que va claramente en contra de sus intereses.
“Todas las propuesta suenan lógicas y pueden generar consenso. Pero por el solo hecho de presentar una reforma política surgirán dos temas que dividen a todo el mundo: la disminución del umbral y el transfuguismo. Por eso al Gobierno no le conviene hacerlo”, dijo a la Silla un senador de la Unidad Nacional.
A los liberales les conviene, por ejemplo, el transfuguismo, que permitiría que senadores y representantes puedan cambiarse de partido para las próximas elecciones sin que tengan que renunciar un año antes a su partido actual. Si esto se aprueba, varios del Partido Verde, de Cambio Radical y del Pin terminarían en las huestes rojas. El problema para el Gobierno -y por lo cual se opone frontalmente- es que varios del Partido de la U, del Conservador, del Pin y algunos de Cambio Radical podrían terminar en el Centro Democrático de Uribe.
La otra propuesta es la disminución del umbral, que hoy subirá del 2 al 3 por ciento del total de votos para la respectiva cámara, que se calcula podría oscilar alrededor de los 500 mil votos.  Este nuevo umbral preocupa mucho a los partidos pequeños como el Mira, el Polo, y los Verdes, que corren el riesgo de desaparecer.
El vocero político del Partido Verde Alfonso Prada, por ejemplo, lleva ya semanas abogando por una reforma que impida que entre en vigencia este nuevo umbral. Sin embargo, sus solicitudes caerán en oídos sordos de los partidos grandes, a quienes les conviene que desaparezcan.
Así las cosas, el miedo a Uribe podría terminar no solo engendrando una reforma política que termine reventando la coalición de la Unidad Nacional sino que, de nuevo, se estarían cambiando las reglas de juego electoral días antes de las elecciones.

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