24/07/2021

La calidad en educación se hace con recursos

Libardo Gómez Sánchez, Diario del Huila, Neiva, abril 11 de 2011

En una hermosa propiedad de 120 acres, rodeada de jardines y localizada en la ciudad de Chicago, con una construcción diseñada por el famoso arquitecto Ludwig Mies van der Rohe, reconocido como uno de los 200 trabajos arquitectónicos más significativos del siglo XX por el American Institute of Architects, en un ambiente ideal para el estudio, se formó como ingeniero electrónico el doctor Martin Cooper el padre de la telefonía celular, tal vez una de las invenciones tecnológicas más revolucionarias de la historia de la humanidad. Lo que se inició como un servicio únicamente de voz, ha evolucionado en varias generaciones que permiten hoy día transmisión de audio, datos y video; más de 1000 millones de aparatos circulando por el mundo son una cifra que prueba los alcances de este sistema de comunicación, que sin duda alteró positivamente el modo de vida de millones de seres. Es una herramienta fundamental en los negocios y las actividades productivas urbanas y rurales, las aplicaciones en áreas como las finanzas y medicina son enormes, en esta última se están desarrollando dispositivos que ubicados en algún lugar del organismo, a través del celular suministran información sobre el funcionamiento del mismo y puede alertar sobre alguna anormalidad que se puede prevenir. Los celulares liberaron del aislamiento geográfico a millones, facilitaron la comunicación permanente con las personas importantes en nuestra vida, hicieron realidad la imagen del capitán Kirk comunicándose desde el suelo de un planeta con su nave en el espacio.
El doctor Cooper se formó primero como Ingeniero y luego cursó una Maestría en el Instituto Tecnológico de Illinois, una institución educativa de carácter privado en los Estados Unidos, circunstancia que probablemente el Ministerio de Educación de Colombia, que traza la política educativa del gobierno de Santos, quisiera aprovechar para presentar como una prueba del éxito de la privatización de la educación superior. Por supuesto que en su presentación, como es costumbre, omitirían al menos dos detalles que marcan la diferencia, porque no es lo mismo una patilla en Venadillo que otra en Osaka, como diría el colombojaponés famoso de un video que anda circulando profusamente en internet: primero, que Colombia es un país subdesarrollado, con una precaria base industrial sin empresas de tecnología de envergadura y segundo, con un ingreso per capita bajo y muy desigualmente distribuido.

El doctor Cooper logró desarrollar su invento, gracias a una formación de alto nivel en una institución educativa que tiene costos anuales del orden de los 25.000 dólares en matrícula y textos, es decir, cerca de cincuenta millones de pesos, según información que suministra la misma universidad en su página de internet y adicionalmente contó con el financiamiento, sin restricciones, de Motorola una multinacional con varias divisiones de trabajo y diseminada por el mundo, para atender los enormes gastos de su investigación.

Valdría la pena preguntarle a la Ministra que en estos días alardea de la importancia de permitirle al sector privado invertir en la Educación Superior con ánimo de lucro, qué rentabilidad esperan, porque salvo un núcleo muy reducido de colombianos, la inmensa mayoría están lejos de poder sufragar matrículas tan costosas, incluso accediendo a los créditos que ofrece el Icetex y la banca privada, otro negocio que crece paralelo a la privatización de la educación. La única explicación posible es que sus tasas de ganancia se garantizan con una educación mediocre, de bajos costos, en garajes, con docentes mal pagos, sin bibliotecas, ni salas de internet, ni laboratorios, ni apoyos pedagógicos modernos.

En un país de desigualdades como el nuestro el único que puede garantizar una educación de calidad al conjunto de la sociedad, sin distingos es el Estado, por eso valen las manifestaciones de protesta de los muchachos del jueves.

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