02/08/2021

Algunas precisiones sobre Padilla y el Bicentenario

Norman Alarcón Rodas, Barranquilla, 4 de noviembre de 2010

Me hacen llegar una réplica de Nicolás Contreras a un artículo que escribí como sencillo homenaje a José Prudencio Padilla y para destacar también a algunos patriotas que dirigieron y lucharon por la independencia del colonialismo español hace doscientos años.

Señala Nicolás Contreras su rechazo a “la historia amañada del bicentenario espurio” y que los gritos de independencia de 1810 fueron “rebeliones burocráticas” porque tenían como consigna “que viva el rey, abajo el mal gobierno”. Además que “las elites bogotanas negaron ayuda a los delegados de Cartagena contra Pablo Morillo”. Y que en cambio los pueblos cartagenero y momposino “realizaban actividades independentistas incondicionales”. Asimismo critica que se haya omitido mencionar “las batallas navales en el lago de Maracaibo, Bajo Sinú y el golfo de Morrosquillo, que realmente liberaron a Colombia del dominio español en 1824”

Sobre los asertos anteriores, en primer lugar merecen respeto, así no los comparta. El análisis de la historia nacional tiene diversas interpretaciones. Yo me encuentro entre quienes consideramos que el bicentenario de la independencia nacional nos debe enseñar por ejemplo positivo la gesta de quienes contribuyeron desde distintos escenarios al logro de la victoria contra la opresión colonial de viejo cuño; sin descartar a ninguno de los que pusieron su granito de arena.

Esta revolución de independencia nacional tuvo sus preparativos políticos, ideológicos y culturales. La revolución de los Comuneros en 1781, la Expedición Botánica y los grandes aportes de José Celestino Mutis, la declaración de los Derechos del Hombre por Antonio Nariño, las luchas de Bolívar y Santander por constituir un estado mayor independentista…

Debe tenerse en cuenta el contexto internacional de la época, en el cual se destacan el triunfo de las revoluciones democrático burguesas de Estados Unidos y Francia, la invasión napoleónica a España que debilitó a las fuerzas monárquicas que controlaban estos países. Por eso en esas calendas se suceden en cadena levantamientos y trifulcas por doquier, se proclaman independencias, se conforman juntas populares, unas con visos más consecuentes que otras, pero todas en conexión con la idea de la necesidad de un nuevo orden de cosas frente a la dominación española. Con el cabildo abierto del 20 de julio de 1810 se inicia un proceso que una década después obtendría la victoria con las Batallas del Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá y que el 10 de octubre de 1821 se sellaría con la entrada triunfal de José Prudencio Padilla con sus tropas a Cartagena, habiendo capitulado días antes el ejército realista.

Nadie puede desconocer que Padilla continuó batallando en el mar Caribe, persiguiendo a las tropas españolas ya que, como relata el periodista y escritor Carlos Delgado Nieto “si bien era cierto que la independencia de lo que hoy es la República de Colombia estaba asegurada, no sucedía lo mismo en Venezuela” donde las tropas españolas “al mando del sanguinario Francisco Tomás Morales habían tomado el Castillo de San Carlos, posición clave para la posesión del golfo y de la ciudad de Maracaibo”. Es memorable la batalla librada allí por José Prudencio el 23 de julio de 1823 dándole la estocada final al ejército de la corona española, aunque esta mantendría colonias en América como Cuba y Puerto Rico hasta finales del siglo XIX cuando se las arrebataría Estados Unidos que inauguraba su nueva condición de potencia imperial.

Infortunadamente José Prudencio Padilla, por las vicisitudes políticas que se desataron, terminó siendo fusilado en 1828 después de la conspiración septembrina contra Bolívar, sin haber participado en ella por cuanto estaba detenido. Le correspondió iniciar la rehabilitación plena de la memoria de Padilla al general Santander en agosto de 1831, hecho que solo se oficializó a fines de 1833.

En su escrito, el señor Contreras hace comentarios sobre las posiciones de Bolívar en contraposición a las de Santander, sin ser preciso en sus elucubraciones. Creo que durante la década definitiva de la lucha por la independencia nacional las dos figuras cimeras se identificaron y lucharon conjuntamente con la sola idea del triunfo sobre los colonialistas españoles. Luego vinieron las discrepancias porque ya se trataba de construir el Estado – Nación que no existía, de erigir las bases de la nueva sociedad, las instituciones jurídico políticas, las estructuras económicas, la instrucción pública, amén de continuar la lucha militar en el sur del continente. Las primeras las iniciaría Santander en su calidad de vicepresidente y la última le correspondió a Bolívar, quien completó sus hazañas liberando a Ecuador, Bolivia y Perú.

La discusión está abierta sobre estos temas trascendentales, por cuanto es necesario conocer las raíces de nuestra Nación y su devenir histórico para poder extraer las leyes que rigen el desarrollo social de nuestro pueblo. Para eso debe servir la conmemoración del bicentenario de la independencia, para crear conciencia que en la actualidad nos vemos abocados a una nueva gesta emancipadora contra la dominación centenaria de los Estados Unidos. El ejemplo de nuestros próceres nos enseña el camino de la lucha abnegada sin detenernos en los sacrificios que sea menester para lograr la democracia y la soberanía necesarias para el progreso social.

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