Fue Sixto, uno de los primeros educadores chocoanos que llegaron al departamento del Cesar a ejercer la más bonita de las profesiones de la humanidad: Maestro.
Actividad que inició en La Vega Arriba, en Valledupar, de donde luego fue trasladado al municipio de La Gloria, lugar en el que aún se le recuerda con inmenso cariño y devoción por su trabajo gremial y social, pues allí, de la mano de Nicolás Mendoza, para ese entonces trabajador de la salud, se vinculó a la lucha por recuperación de tierra para vivienda urbana, la vía predilecta para el crecimiento de los pueblos.
Su labor política en el MOIR, bandera que abrazó con especial entusiasmo y a la cual le fue fiel hasta su muerte, le granjeó el respeto y cariño de los maestros glorieros, entre los cuales es obligatorio mencionar a Justino Pacheco, Lourdes Marchena, Adolfo Palacios y otros más.
Para esos tiempos, el magisterio no disponía de norma alguna que salvaguardara sus derechos. Sixto, sin mucha experiencia, guiado solo por su naturaleza de hombre indomable, heredada de los negros cimarrones vinculados a la minería chocoana, se vinculó a la gran batalla por la conquista de un Estatuto que brindara estabilidad a los docentes de la Colombia de los años setenta. Conquista que se concretaría, al final de esa década con la expedición del Estatuto Docente 2277 de 1979, no sin antes recibir como escarmiento la suspensión en el cargo, durante un año, al lado de otros compañeros, como Elías Fonseca Cortina, Dora Esther Novoa, y Rafael Camelo. Castigo que asimiló con altivez y orgullo, sin bajar la cabeza, como decian nuestros abuelos, «con la frente bien en alto».
En la línea del castigo, una vez fue reintegrado, se ubicó bien al Sur, en San Alberto, Cesar, donde se trasladó con su compañera de toda su vida, Emilce Serrano y sus hijos, Vladimir, Darwin y Nasly.
Una vez allí, como Director de la Escuela Urbana Mixta Luis Felipe Rivera, reinició el trabajo sindical y político, que grandes aportes habría de sumarle a la corriente sindical del Frente de Educadores Tribuna Magisterial.
Fue San Alberto, el municipio donde obtuvo su mayor figuración en lo sindical y político. El Negro Sixto, como fue rebautizado por los docentes y habitantes de la región, desarrolló con inigualable tesón la actividad sindical de la cual fue ejemplo a emular por los nuevos y veteranos docentes, que veían con admiración y respeto la entrega desmedida con la que el Negro Sixto, encaraba las tareas de su amada Aducesar, gesto que le mereció ser el más grande dirigente sindical surcesarense de todos los tiempos. Servicial y amigo, como ningún otro. Un hombre de vida sencilla y trabajo duro, celoso guardián de la educación pública, y aguerrido escudero de los derechos de los maestros, condición que lo llevó a ser Concejal por el MOIR, durante varios periodos, labor que dispuso al servicio de los trabajadores y pobladores de San Alberto. Esta faceta, asumida con la entereza y valentía necesarias, le obligó a salir de la zona y reubicarse laboralmente en Valledupar, en la IE Divino Niño, donde laboró hasta su retiro del servicio educativo.
Allá, como en La Gloria, también estableció entrañables relaciones de amistad con todos los maestros y trabajadores de Indupalma. Vienen a mi memoria Cristian Uribe Rincón, Yolanda de la Cruz Carretero (Qepd), la familia de educadores Montiel Montiel, César Almendrales, Sonia y Belinda Durán Sepúlveda, Ángel Lizcano, Pupo Moreno, Alirio Aislán, Vilma Ortega, y cientos de compañeros más, quienes como todos nosotros, seguramente lamentan con profundo dolor su partida.
En Valledupar, de la mano y la guía del cachaco Raúl Arroyave Arango, acompañó todo tipo de luchas democráticas, y de resistencia frente al modelo neoliberal impuesto por el imperio gringo a los países ubicados al Sur del continente americano. En la extensa lista de sus batallas libradas, no puede dejar de mencionarse aquellas en contra de los TLC suscritos por los gobiernos cipayos de Colombia, que han arrasado con el escaso desarrollo industrial y agrario de la nación. Participó con denodado entusiasmo, en las luchas por la conquista de las leyes 91/89 y General de la Educación.
Definitivamente fue el Negro Sixto, un auténtico guerrero, de esos que pare la tierra cada cien o más años.
Hoy, quienes junto a él transitamos el largo trecho señalado, le rendimos especial homenaje en ésta su otra casa, COOTEC, la que junto a un puñado de soñadores despiertos y la enseña imborrable de Raúl, Elías, Dora, Kiko Rinaldy, Atenógenes Mejía, (Qepd), Dennis Casado, Blanca Pérez, Lucila Maestre, y unos cuantos más, construyeron para los maestros y trabajadores de la educación del Cesar, configurándose así la gran familia de la Cooperativa Cootec.
Despedimos hoy a un gran hombre, a un gladiador de las causas nobles. A un excelente militante. Al mejor padre, esposo y abuelo. ¡Descansa en paz, querido Sixto!.
¡Gloria eterna a la memoria de Sixto Salas Cuesta!
¡Gloria eterna!
¡Compañero Sixto Salas Cuesta!
¡Presente, Presente, Presente!
¡Frente de Educadores Tribuna Magisterial!.
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