La revolución de las ruanas

Libardo Gómez Sánchez, Diario del Huila, Neiva, agosto 26 de 2013

Tuve la oportunidad de adelantar mis estudios de secundaria en un municipio cercano a la Sabana de Bogotá en donde la leche y la papa eran sinónimo de prosperidad, es difícil olvidar el talante tranquilo, el temor a Dios y el respeto por las instituciones que caracterizaba a los pobladores de esa región en donde se respiraba un ambiente bucólico y patriarcal. Aún recuerdo que a muy temprana edad los hijos de los agricultores de la zona que se iniciaban en las labores que sus padres desarrollaban en el campo, rápidamente se montaban en enormes camionetas con las que transportaban las semillas y los insumos que aplicaban en las parcelas cedidas por los mayores, las cantinas a reventar de leche o los bultos de papa u hortalizas que sembraban y por supuesto eran los que mantenían en los bolsillos dinero para gastar en los momentos de recreo en el colegio, algo similar a lo que acontecía con los arroceros huilenses en el pasado. Con esta remembranza resulta sorprendente verlos ahora con sus ruanas para atenuar el frio ocupando las vías, disponiendo obstáculos en ellas para llamar la atención del gobierno que desde comienzos de la apertura económica fue disponiendo de políticas que progresivamente los ha traído a la ruina.
Las imágenes vistas estos días prueban que al menos la sumisión a las instituciones se perdió y que los agricultores de clima frio haciendo honor a sus antepasados recobraron el espíritu libertario con el que encararon la revolución de independencia nacional, el sitio que escogieron para iniciar su protesta, el puente de Boyacá, fue un recorderis de esa gesta que viene bien ahora evocar.
Al igual que los cafeteros, los paperos y lecheros sufren con el ingreso de la producción extranjera que envilece el precio de nuestros productos y nos niega la posibilidad de abastecer el mercado interno; desconcierta a muchos observar por los medios de comunicación que algunos productores opten por botar sus productos, no tienen alternativa: producirlos y transportarlos les significan costos que superan los ingresos, no debe olvidarse que pagamos la gasolina más cara de medio mundo y peajes numerosos y gravosos en pésimas vías.
Imposible que el gobierno explique la resistencia de los enruanados con el cuento de la subversión, pues en esas tierras la relativa prosperidad y el espíritu conservador de sus gentes nunca facilitaron su presencia, la pobreza y un futuro incierto son el acicate de esta protesta que el gobierno no quiere resolver.

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