La exitosa batalla librada por el magisterio colombiano deja valiosas enseñanzas para el sindicalismo, particularmente por la coyuntura y por la participación masiva de las bases que lograron el hundimiento de la versión de ley estatutaria de educación pactada entre gobierno, pacto histórico, centro democrático, cambio radical, el partido conservador, entre otros, en su paso por la comisión primera del senado.
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Para lograr su hundimiento, el Comité Ejecutivo de Fecode y su Junta Nacional asumieron el reto de enfrentar el proyecto neoliberal que contenía gravísimas medidas en contra del magisterio y la educación pública. Exigir el retiro o su hundimiento, a pesar de la oposición del gobierno y de los autores de las enmiendas, fue una táctica correcta que facilitó el incuestionable triunfo.
Contrasta esta disposición de lucha de Fecode, con la actitud del presidente de la CUT Fabio Arias, de oposición a los paros y movilizaciones en este gobierno. Su constante activismo para evitar que los sindicatos se confronten con el gobierno de Petro, es evidente. Además de los tibios pronunciamientos a nombre de la Central, como el emitido en medio de la portentosa batalla del magisterio, no hubo un llamado a los sindicatos de la CUT para que acompañaran la lucha de los maestros, los instructores del Sena y los profesores universitarios. La presencia de algunos ejecutivos de la CUT a titulo casi que personal y el apoyo de subdirectivas, salvó que nuestra Central hubiese estado totalmente ausente.
Ha sido una definición política de Fabio Arias como presidente de la CUT, que raya en el esquirolaje, como en los conflictos de los escoltas de la UNP, los paros en el Ministerio del Trabajo y en Colpensiones, los trabajadores administrativos de la educación, las madres comunitarias y muchos otros, que conllevan a poner la CUT más al servicio del gobierno de Gustavo Petro que de los trabajadores. Esta renuncia al principio de la autonomía y la independencia frente al gobierno y los patronos conduce a la total inmovilidad.
Así como Fecode reaccionó con entereza ante los contenidos neoliberales de la ley estatutaria de educación, debió reaccionar la CUT contra los lesivos elementos neoliberales y contrarios a los intereses de los trabajadores, introducidos en la reforma pensional, aprobada a pupitrazo por el congreso, y la reforma laboral peluqueada a más no poder en su tortuoso trámite.
Indignante ver que la CUT aplauda que los trabajadores hayan sido condenados a tener pensiones de máximo $1.990.000 pesos de hoy. Avalar que, si un trabajador gana más de 3 millones de pesos debe afiliarse a los fondos privados. Aplaudir que se les dejen más de 400 billones de pesos a Sarmiento Angulo, Sura y demás aseguradoras que los usufructuarán hasta cuando el trabajador se pensione ganándose además una jugosa comisión de 2.1 billones anuales, “mico” que generosamente redactó Asofondos y fue avalado por el gobierno. Aplaudir a rabiar que esos fondos privados, combatidos por la CUT durante 30 años, se vuelvan obligatorios para miles de trabajadores afiliados a los sindicatos y que, por sus luchas, su estudio, las convenciones colectivas o el trabajo independiente ganan más de 2,3 salarios mínimos. Engañan a los colombianos con el cuento que dos millones de ancianos van a salir de la pobreza con 230 mil pesos de auxilio económico, subsidio que pagará Prosperidad Social y que no requería de una reforma pensional para establecerlo. Grotesco ver a la ministra de trabajo, el ministro del interior, la bancada oficialista y al presidente de la CUT celebrando una reforma aplaudida por el FMI, BM, y la OCDE, mientras el magisterio marchaba digna y combativamente impidiendo que estos mismos agentes introdujeran sus elementos neoliberales en la ley estatutaria.
Como si fuera poco, aplauden con hilaridad la reforma laboral. Muy a pesar de la eliminación de todo el paquete de derechos colectivos, es decir, la esencia del derecho de asociación, negociación colectiva y de fortalecimiento de los sindicatos, sin mencionar otras perlas que la ministra Gloria Inés Ramírez acordó con la oposición. Fabio Arias proclama descontentos para engañar incautos, pues niega la movilización contra las medidas lesivas para los trabajadores, mientras pone todo su empeño en respaldar las reformas impregnadas de neoliberalismo que hacen tránsito en el Congreso.
Es hora de que los sindicatos y sus dirigentes tomen cartas frente a este comportamiento, si no quieren que la CUT desaparezca del escenario de las luchas sociales, destruyendo el pedestal que ha ocupado en las luchas nacionalistas y democráticas. No puede seguir prevaleciendo en el movimiento sindical la teoría, liderada por Fabio Arias, que al “gobierno del cambio” hay que respaldarlo así haga las cosas mal. ¡No más aplaudan y aplaudan!
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