En los pasillos de la Normal de Gigante, en medio de orquídeas y ceibas de las que cuelgan las barbas verdiblancas de parasitas y bajo la tutela pedagógica de la hermanas religiosas Floralba interna logró su titulo de normalista, así cumplía su sueño de adolescente de educar a otros, una vocación que descubrió desde pequeña y que llena de regocijo su corazón.
Primero debió pasar un concurso, una vez aprobado se someterá a periodo de prueba y a una evaluación de desempeño anual, le asignaron carga académica en una vereda a dos horas de la cabecera municipal a la que solo se puede llegar primero montando en moto y al final en una cabalgadura si la comunidad tiene a bien prestarla o en su defecto a pie con lo que el trayecto se demora más. Para iniciar las clases debió comprar cartulinas con la plata de su bolsillo para elaborar algún material de apoyo pues en el ministerio no hay recursos para material didáctico. Cuando los muchachos iniciaron clases debió recoger entre los padres algunos víveres de la producción local e ingeniarse un menú vegetariano para que los estudiantes probaran algún bocado diario, pues como el servicio de restaurante se demoró en arrancar algunos muchachos desertaron acosados por el hambre. Como el salario no le alcanza, Floralba quiere ascender y para ello se matriculó en una especialización a distancia pues de otra manera no la puede hacer, ya le advirtieron que incluso con el cartón solo logrará la mejora si aprueba un examen de competencias y le certifican disponibilidad presupuestal, sin estos requisitos su espera será indefinida; a pesar de que cuando le hicieron el contrato se incluyó el servicio de salud anda en la incertidumbre, porque el gobierno le adeuda al Fondo setenta billones, el aporte es exiguo con lo que la calidad del servicio es cuestionable y los quieren llevar al régimen de Ley 100 que es un desastre según reconoce hasta el propio gobierno.
En el colegio a Floralba siempre le recomendaron que no se metiera en protestas, que eso lo promovían los perezosos y los desocupados, pero aburrida de bregar tanto y no encontrar soluciones en el mejoramiento de las condiciones en que trabaja y que no le facilitan impartir la educación que se merecen sus alumnos en el campo, decidió prepararse para acompañar a sus colegas en el paro nacional indefinido que tendrán que hacer para forzar respuestas del Ministerio de Educación.
Primero debió pasar un concurso, una vez aprobado se someterá a periodo de prueba y a una evaluación de desempeño anual, le asignaron carga académica en una vereda a dos horas de la cabecera municipal a la que solo se puede llegar primero montando en moto y al final en una cabalgadura si la comunidad tiene a bien prestarla o en su defecto a pie con lo que el trayecto se demora más. Para iniciar las clases debió comprar cartulinas con la plata de su bolsillo para elaborar algún material de apoyo pues en el ministerio no hay recursos para material didáctico. Cuando los muchachos iniciaron clases debió recoger entre los padres algunos víveres de la producción local e ingeniarse un menú vegetariano para que los estudiantes probaran algún bocado diario, pues como el servicio de restaurante se demoró en arrancar algunos muchachos desertaron acosados por el hambre. Como el salario no le alcanza, Floralba quiere ascender y para ello se matriculó en una especialización a distancia pues de otra manera no la puede hacer, ya le advirtieron que incluso con el cartón solo logrará la mejora si aprueba un examen de competencias y le certifican disponibilidad presupuestal, sin estos requisitos su espera será indefinida; a pesar de que cuando le hicieron el contrato se incluyó el servicio de salud anda en la incertidumbre, porque el gobierno le adeuda al Fondo setenta billones, el aporte es exiguo con lo que la calidad del servicio es cuestionable y los quieren llevar al régimen de Ley 100 que es un desastre según reconoce hasta el propio gobierno.
En el colegio a Floralba siempre le recomendaron que no se metiera en protestas, que eso lo promovían los perezosos y los desocupados, pero aburrida de bregar tanto y no encontrar soluciones en el mejoramiento de las condiciones en que trabaja y que no le facilitan impartir la educación que se merecen sus alumnos en el campo, decidió prepararse para acompañar a sus colegas en el paro nacional indefinido que tendrán que hacer para forzar respuestas del Ministerio de Educación.
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