02/08/2021

El 30 de mayo crece la audiencia

Francisco Torres
Secretario de Prensa de ASEDAR 
                    

La CUT y FECODE han convocado a paro nacional estatal y educativo para el próximo 30 de mayo. Es la respuesta erguida y decidida de los trabajadores colombianos a la avalancha de medidas del Gobierno Santos contra la soberanía nacional, el progreso de Colombia, el bienestar de sus habitantes y los derechos de sus trabajadores.
La lista de los atropellos es tan extensa que los objetivos centrales del paro son apenas una muestra de las reivindicaciones:
El conjunto de los trabajadores colombianos exige la construcción de un nuevo modelo de salud que pasa por la derogatoria de la Ley 100 y la defensa de los hospitales públicos; fortalecer la justicia, garantizando su autonomía e impidiendo su privatización; contra las medidas que afectan al pueblo en la próxima reforma tributaria y terminación de las exenciones de impuestos que favorecen al gran capital; un decreto que garantice la negociación en el sector público; eliminación de la tercerización laboral; estabilidad para los empleados provisionales; negociación inmediata del pliego de peticiones presentado por las federaciones de trabajadores estatales; y difusión del Referendo Nacional por la educación pública y de calidad.
Los educadores exigen la derogatoria de la Directiva 002 –que alarga la jornada laboral y académica de docentes y estudiantes, entre otras cosas-; el aumento de los recursos para la salud; auditorías concertadas con FECODE para controlar las empresas de salud; definición de criterios para establecer zonas urbanas de difícil acceso; permisos sindicales; decreto sobre planes de vivienda; pago de las pensiones con todos los factores salariales; revisión salarial para los Etnoeducadores; y que por fin se instale la comisión tripartita –gobierno, Congreso, FECODE- sobre un nuevo estatuto docente.
Las exigencias del sector educativo se enmarcan en la defensa de la educación pública, del Fondo de Prestaciones del Magisterio y el pago por parte del Gobierno Nacional de la deuda prestacional.
Por una sola de esas reivindicaciones habría suficiente motivo para hacer un paro. Ahora bien, con la catarata de atropellos que ha caído sobre el pueblo colombiano no queda duda, ninguna duda, que el camino que le queda es la protesta, paralizar las actividades, cerrar filas en torno a sus derechos.
Ya saldrán los grandes medios de comunicación a descalificar el paro con argumentos falaces: que no es bueno para el país, que hay que buscar el diálogo –al que siempre se ha negado el Gobierno-; que los trabajadores no ganan nada, que patatín patatá. Ya saldrá el Gobierno buscando dividir y desmovilizar usando a su vicepresidente “social”, sus estadísticas amañadas donde ya casi no hay desempleados ni pobres y Colombia es el país de la felicidad; y, al mismo tiempo, a amenazar, “que se atengan a las consecuencias”, que los descuentos, etc.
Pero no cabe duda que la gente se está hartando. Todos los días, en todos los periódicos, en todos los noticieros, mediatizados, relegado a unos pocos segundos, distorsionados, aparece el creciente aguacero de las inconformidades que se expresan en paros, luchas cívicas, marchas, plantones, foros, asambleas, bloqueos. Y esas aguas que traen a trabajadores, campesinos, estudiantes, empresarios nacionales se multiplican a lo largo y ancho de la geografía colombiana.
Y también el gobierno ha tenido que, por la fuerza arrolladora de la crisis mundial, aceptar que Colombia va asistir a un tremendo coletazo. No estamos blindados y ¡cómo íbamos a estarlo siguiendo con fe de carboneros el dogma neo liberal! Pero en su claudicación total a Estados Unidos y otros imperios firma TLCs a diestra y siniestra y redobla su política de descargar la crisis en los trabajadores y la producción nacional.
En esas aguas agitadas el paro del 30 de mayo nos recuerda el canto profético del maestro Zalamea:
¡Acusa, acusa la audiencia!
¡Crece, crece la audiencia!, Hay ya silbos de llama en la brasa.

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