Que Colombia es un país de alcaldadas e idioteces burocráticas nadie lo puede negar. Tanto que hasta canción tienen:
El alcalde de Candelaria
En uso de facultades legales
Y considerando,
Que el pueblo de Candelaria
Se sobra con media res,
Resuelve, artículo único,
Mátese media vaca,
Mátese media vaca.
Ahora, que con el reinado neoliberal de los llamados tecnócratas se podría suponer que tales cosas se habían acabado, nos encontramos con que han sido elevadas y santificadas con la autoridad de las agencias internacionales, del alto gobierno y de una especia de pseudo ciencia que el pueblo raso conoce como la ley del embudo.
Es el caso de las auditorías técnicas –otra vez nos refriegan la palabra- a los colegios públicos, que se hacen calculadora en mano dividiendo el número de estudiantes por un estándar arbitrariamente definido por el gobierno. De esa operación debe salir el número de maestros necesarios en cada establecimiento. El resultado es que en algunos colegios sobra medio, 0,6, ó 1,3 docentes. En otros pasa lo contrario: falta medio o cincuenta y dos centésimas de educador
¿Cómo resuelve ese problema el gobierno? Pues con un juicio que compite con el del sabio Salomón. Si sobra medio maestro saca al maestro completo y lo destierra a algún incierto y lejano destino. Pero al hacerlo crea otro problema: le falta medio maestro. Entonces decide convertir ese medio maestro en horas cátedra, para lo cual debería traer un profesor que labore en jornada contraria de otro colegio. Pero resulta que en zonas apartadas –y las hay muchas en esta Colombia nuestra- se necesitarían helicópteros para hacer el puente. Como esa solución “técnica” no está a la mano quedan tres posibilidades:
a) Que las horas se dicten en la otra jornada de los estudiantes condenándolos a aguantar hambre en el colegio –no hay alimentación escolar- o a caminar horas para ir a buscar la alimentación –no hay transporte escolar-.
b) Qué los profesores se excedan en su asignación académica y atiendan las horas del medio maestro.
c) Qué no se enseñe –como sucede en tantas partes- y queden alumnos y padres de familia añorando al medio maestro.
Esos estándares, aplicados a raja tabla como el más importante mandamiento, dan para todo: qué hay 499 estudiantes, entonces no hay coordinador porque falta un alumno; que no hay 600 niños, pues se les quita el orientador; que hay cuatro grupos de treinta estudiantes en secundaria, entonces se amontonan en tres salones.
Tal política, que nos venden computador en mano para que se vea más técnica, es en realidad la reforma más descerebrada que se ha aplicado contra la educación colombiana y está al nivel de las más insólitas alcaldadas.
Como es de suponer en esas auditorías no se estudia ni se critica el pavoroso abandono en que tiene el Estado a la educación pública. Si los alumnos desertan por falta de transporte y alimentación, si no pueden llegar porque los ríos se han llevado los puentes ante la incuria del Gobierno, si los colegios se caen a pedazos, si niños y educadores se juegan la vida en las trochas de esta adolorida nación, eso no importa. Se cotejan los alumnos matriculados en el SIMAT con los que están asistiendo y listo. No importa que la deserción escolar se haya disparado como lo acaba de denunciar la defensoría del pueblo. Esa es una cifra estadística más.
Para echarle un poco de tierra a todos esos despropósitos que atropellan el derecho de los niños y jóvenes a recibir una educación científica, se ha inventado el gobierno la jornada complementaria, con la que trata de hacer creer que ha vuelto la jornada única, lo que es una falsedad. Para ello se deberían construir muchos colegios y nombrar muchos maestros, cosa que no piensa hacer, toda vez que se ha dedicado a quitarle los recursos a la educación. Para engañar sigue con la política de trasladar los maestros a pedazos, en esta ocasión, a jornadas complementarias.
Indigna que se trate a estudiantes y maestros como cosas que se pueden romper, partir en pedazos para acomodarlos a la brava en la austeridad –miseria- que en uso de facultades legales han resuelto gobiernos apátridas.
La población está hasta la coronilla con esos atropellos, por lo cual todos los días las comunidades salen a protestar y departamentos enteros como Casanare se van a paro demostrando con su éxito el camino a seguir en un paro nacional. Ya basta de las alcaldadas del Gobierno de Santos.
El alcalde de Candelaria
En uso de facultades legales
Y considerando,
Que el pueblo de Candelaria
Se sobra con media res,
Resuelve, artículo único,
Mátese media vaca,
Mátese media vaca.
Ahora, que con el reinado neoliberal de los llamados tecnócratas se podría suponer que tales cosas se habían acabado, nos encontramos con que han sido elevadas y santificadas con la autoridad de las agencias internacionales, del alto gobierno y de una especia de pseudo ciencia que el pueblo raso conoce como la ley del embudo.
Es el caso de las auditorías técnicas –otra vez nos refriegan la palabra- a los colegios públicos, que se hacen calculadora en mano dividiendo el número de estudiantes por un estándar arbitrariamente definido por el gobierno. De esa operación debe salir el número de maestros necesarios en cada establecimiento. El resultado es que en algunos colegios sobra medio, 0,6, ó 1,3 docentes. En otros pasa lo contrario: falta medio o cincuenta y dos centésimas de educador
¿Cómo resuelve ese problema el gobierno? Pues con un juicio que compite con el del sabio Salomón. Si sobra medio maestro saca al maestro completo y lo destierra a algún incierto y lejano destino. Pero al hacerlo crea otro problema: le falta medio maestro. Entonces decide convertir ese medio maestro en horas cátedra, para lo cual debería traer un profesor que labore en jornada contraria de otro colegio. Pero resulta que en zonas apartadas –y las hay muchas en esta Colombia nuestra- se necesitarían helicópteros para hacer el puente. Como esa solución “técnica” no está a la mano quedan tres posibilidades:
a) Que las horas se dicten en la otra jornada de los estudiantes condenándolos a aguantar hambre en el colegio –no hay alimentación escolar- o a caminar horas para ir a buscar la alimentación –no hay transporte escolar-.
b) Qué los profesores se excedan en su asignación académica y atiendan las horas del medio maestro.
c) Qué no se enseñe –como sucede en tantas partes- y queden alumnos y padres de familia añorando al medio maestro.
Esos estándares, aplicados a raja tabla como el más importante mandamiento, dan para todo: qué hay 499 estudiantes, entonces no hay coordinador porque falta un alumno; que no hay 600 niños, pues se les quita el orientador; que hay cuatro grupos de treinta estudiantes en secundaria, entonces se amontonan en tres salones.
Tal política, que nos venden computador en mano para que se vea más técnica, es en realidad la reforma más descerebrada que se ha aplicado contra la educación colombiana y está al nivel de las más insólitas alcaldadas.
Como es de suponer en esas auditorías no se estudia ni se critica el pavoroso abandono en que tiene el Estado a la educación pública. Si los alumnos desertan por falta de transporte y alimentación, si no pueden llegar porque los ríos se han llevado los puentes ante la incuria del Gobierno, si los colegios se caen a pedazos, si niños y educadores se juegan la vida en las trochas de esta adolorida nación, eso no importa. Se cotejan los alumnos matriculados en el SIMAT con los que están asistiendo y listo. No importa que la deserción escolar se haya disparado como lo acaba de denunciar la defensoría del pueblo. Esa es una cifra estadística más.
Para echarle un poco de tierra a todos esos despropósitos que atropellan el derecho de los niños y jóvenes a recibir una educación científica, se ha inventado el gobierno la jornada complementaria, con la que trata de hacer creer que ha vuelto la jornada única, lo que es una falsedad. Para ello se deberían construir muchos colegios y nombrar muchos maestros, cosa que no piensa hacer, toda vez que se ha dedicado a quitarle los recursos a la educación. Para engañar sigue con la política de trasladar los maestros a pedazos, en esta ocasión, a jornadas complementarias.
Indigna que se trate a estudiantes y maestros como cosas que se pueden romper, partir en pedazos para acomodarlos a la brava en la austeridad –miseria- que en uso de facultades legales han resuelto gobiernos apátridas.
La población está hasta la coronilla con esos atropellos, por lo cual todos los días las comunidades salen a protestar y departamentos enteros como Casanare se van a paro demostrando con su éxito el camino a seguir en un paro nacional. Ya basta de las alcaldadas del Gobierno de Santos.
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