Privatización, antidemocracia, pauperización y acientificidad

Francisco Torres, 

candidato al Comité Ejecutivo de Fecode, Arauca, febrero 28 de 2013

Nos encontramos inmersos en una paradoja gubernamental. Entre más se habla en las altas esferas de calidad, democracia y derechos en la educación, más se imponen desde esos círculos del poder privatización, antidemocracia, empobrecimiento y destrucción de la ciencia y la tecnología, como podemos ver,
1. Se impone la privatización con el argumento de que con ella se mejorará la educación y, sin embargo, con resultados bien mediocres se convierten en cláusulas contractuales el aumento escandaloso del número de estudiantes por aula, la desaparición de la educación media técnica, la imposición de bajísimos sueldos a los educadores y la desaparición de cualquier clase de democracia.
2. Se habla hasta por los codos de una educación para la democracia, pero se le infringe todo el daño posible a tres libertades fundamentales: la de cátedra, la de textos y la autonomía escolar con las pruebas Saber, los estándares y competencias, los planes de estudio remediales del ministerio, programas como Todos a Aprender y los rectores gerentes. No obstante es de sobra conocido que las libertades mencionadas han iluminado la democracia y el desarrollo de la investigación científica y el quehacer académico. Y se deja una sola “libertad”, que las instituciones educativas públicas asuman crecientes obligaciones financieras con la hojita de parra de una limosnita denominada gratuidad.
3. Se avanza a paso de carga en el proceso de arrebatarle al magisterio todos sus derechos, empezando por el de una remuneración digna. Se le colocó al 1278 el falso nombre de estatuto para la profesionalización cuando en la realidad surte como una barrera para que los maestros puedan ascender desalentando además los estudios de posgrado en todos sus niveles. Con ello se llega a la avivatada gubernamental de esperar avances espectaculares en la educación pagándole lo menos posible a los docentes, tanto en sus salarios como en sus pensiones, como se anuncia en la reforma gubernamental. Y se ataca el derecho democrático de la protesta sindical y la participación autónoma en el gobierno escolar por unos educadores amenazados todos los días por la inestabilidad.
4. Se impone una política educativa promocionada con bombos y platillos que contiene, como lo dice José Fernando Ocampo, siete plagas bíblicas: la promoción automática –reino de la mediocridad-, la destrucción del preescolar de tres grados –sobran los comentarios-, el hacinamiento de los estudiantes con el pago per cápita –y se asevera que entre más, mejor-, la imposición de los estándares y las competencias –negación del conocimiento científico-, la conversión de los rectores en gerentes y los colegios en empresas –privatización y antidemocracia- , se homogeneiza a la educación con las pruebas Saber –antidemocracia y acientificidad- y se mantiene la doble jornada –de las peores de las plagas, inaugurada por el gobierno de Lleras y ampliada por los gobiernos siguientes, hasta el actual, que quiere ocultarla con jornadas extendidas o complementarias que, además, niegan el salario profesional- . Plagas que, en resumen, atacan el conocimiento científico, desmoronan la autonomía educativa, abren el camino para la privatización y desvirtúan el papel del maestro.
Cada una de esas líneas de la política neoliberal refuerza a las otras. Un entramado en el cual cada aspecto contiene los otros tres como someramente acabamos de ver. En cada uno se revela la política entera. Y en el conjunto de los cuatro encontramos de cuerpo entero la política impuesta en el mundo hace más de treinta años y en Colombia hace más de dos décadas, el neoliberalismo. La ironía de la historia es que precisamente en el momento en que esa política se demuestra absolutamente fracasada a nivel universal y nacional es cuando gobiernos como el de Santos más hacen esfuerzos para mantenerla, profundizarla y acelerarla cuesta lo que cueste al bienestar, desarrollo, democracia y conocimiento de las naciones.
Tarea de nuestro que hacer es enfrentar decididamente en los terrenos ideológico y práctico la política neoliberal que abandera Santos y su ministra. Tal como lo vienen haciendo, en otros sectores, con organización, claridad, perseverancia y denuedo el campesinado cafetero y cacaotero, y los obreros del Cerrejón, entre otros.

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