Retos y tareas del magisterio

Francisco Torres Montealegre
Miembro del Comité Ejecutivo de Fecode
Bogotá, junio 22 de 2013
Los maestros nos enfrentamos a una situación de extrema gravedad. Comprender a cabalidad lo que está sucediendo, no engañarse o dejarse engañar en el análisis es clave y de ello depende la eficacia de nuestra respuesta.
El Gobierno Santos ha pisado a fondo el acelerador de la entrega de la soberanía, de la destrucción de la producción nacional, de la privatización y del arrasamiento de los derechos de los trabajadores y el pueblo. Y al mismo tiempo despliega una demagogia verbosa en todos los terrenos para aparentar justamente lo que no es.
Se desgañita hablando de su amor a Colombia lo que no le impide firmar a diestra y siniestra tratados de libre comercio que arrasan su soberanía, destruyen ganadería, agricultura e industria, y reducen a la miseria a millones de sus habitantes hasta el punto que los productores agrarios e industriales, y los pequeños y medianos mineros llenan carreteras y calles protestando.
Jura y perjura que es el gobernante de la equidad pero promueve y hace aprobar por su bancada una reforma tributaria que le quita impuestos a las grandes empresas para que los paguen las capas medias y populares de la población y de paso se lleva en los cachos al SENA y el ICBF.
Llora lágrimas de cocodrilo por la triste suerte de los colombianos sometidos a la impúdica voracidad de las EPS y acaba de ordenar y lograr que su unidad nacional en el congreso apruebe una reforma que las mantiene en su funesto negocio simplemente cambiándoles el nombre para engañar a la gente.
Hace la más grande alharaca porque entrega cien mil viviendas para ocultar que incumple sus propias metas y que en este país millones de familias no tienen donde vivir.
Y así podríamos seguir en un rosario casi infinito. La abortada reforma a la justicia, la reforma al fuero militar para que haya más impunidad en esta tierra de tantas impunidades, la reforma privatizadora de la educación superior, detenida por la lucha de los estudiantes, la entrega a los monopolios de las tierras que deben ser por ley para los campesinos, la entrega de los recursos naturales a las multinacionales mineras…
Pero aun así hay quienes le encuentran su lado simpático, democrático y progresista al presidente Santos. Dicen, “es menos malo que Uribe”, lo comparan con otro supuesto buen presidente, López Pumarejo, añadiendo a una confusión otra y, en fin, además de hacerse los de la vista gorda con los desastres que está causando declaran alegremente que se le debe alargar el período o que tiene que ser reelegido junto con todas sus políticas.
Todos los tratados de libre comercio firmados y por firmar coinciden en convertir a la educación en una mercancía con lo cual la política de privatización se acelera. Todos los TLC y la política santista buscan reducir a los maestros a las peores condiciones laborales. Si nosotros luchamos por un estatuto docente con estabilidad, un escalafón para ascender y derechos laborales, la tarea del gobierno es generalizar en la educación el libre mercado –ya comenzado con los colegios de concesión, los bancos de oferentes, etc.-, es decir, la imposición generalizada de salarios de hambre. Si defendemos nuestro modelo de salud, la reforma a la salud recientemente aprobada necesariamente lo golpea. La reforma pensional nos reduciría a pensiones de salario mínimo.
La inaceptable política educativa de Santos de educación de élite para las élites y de pobres para pobres viene siendo adelantada a toda marcha. La promoción automática continua vivita y coleando, la imposición de estándares y competencias, los rectores convertidos en gerentes, la negación del preescolar de tres años, sin jornada única pero si con remedos como las jornadas complementarias, la violación sistemática y descarada de la autonomía educativa con las pruebas SABER que deforman la educación conforme los intereses de Washington, programas remediales como Todos a Aprender y el plan de estudios establecido en el Plan Nacional de Desarrollo.
Ante ese panorama desolador los maestros debemos desechar cualquier ilusión en Santos,  unirnos estrechamente en la defensa de una educación pública científica y democrática y de nuestros derechos laborales, y prepararnos para grandes batallas.
Esos son los retos que enfrentamos y esas las tareas que tenemos.  

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