El vice y el súper en Arauca

Francisco Torres, Arauca, febrero  7 de 2012
El pasado 3 de febrero Arauca recibió la visita del Viceministro de Salud, Carlos Mario Ramírez, y del Superintendente de Salud, Conrado Adolfo Gómez. El público esperaba a la Ministra, pero no le importó que fuera sustituida por su segundo a bordo. Lo importante era que el vice y el súper traían soluciones para la catástrofe de la salud en el departamento.
Pidió el gobernador que se pusiera tatequieto a los atropellos de dos EPS, Sol Salud Y Salud Vida; un avión ambulancia, la devolución de la Unidad y la ESE; y que se protegiera a los viejos. En ese último aspecto quedó al descubierto la demagogia del Gobierno Nacional: de 17.674 abuelos desprotegidos sólo el 7,5% recibe el bono y apenas el 10,8% el almuerzo caliente. Y a esa situación quiere reducir a todos los trabajadores colombianos con la reforma pensional al aumentar la edad y el tiempo para pensionarse.
Ante el clamor de los asistentes para que la Súper Salud dé por terminada su intervención de la Unidad Especial de Salud y de la ESE Departamental, que llevan más de dos años en sus manos, el Doctor Conrado se puso, como se dice en el Llano, guabinoso –resbaloso-, que de pronto, quizás, a lo mejor, en abril o mayo, siempre y cuando se cumplan determinadas condiciones. Y eso para la Unidad, porque para la ESE señaló que el asunto era más difícil. Si la Súper –así se le dice no por cariño sino por no cansarse- no ha mejorado la situación ni corregido los hallazgos, ¿para qué sirve?
Con esa intervención está sucediendo lo que pasó con la empresa de Energía Eléctrica de Arauca –ENELAR-, que la intervención del Gobierno Nacional se eternizó por años y luego la devolvió en peor situación, por lo que hay que preguntarse, ¿a quién le sirve la intervención?
En cuanto al Vice –también nombrado así para no cansarse-, lo primero que desechó fue la petición del Gobernador de un avión ambulancia. Como el Vice vive en Bogotá no necesita avión ambulancia. Planteó que los excedentes de unos recursos -16 mil millones- que tienen los municipios –después de darle su parte a las EPS- pasen directamente a los hospitales y no den la vuelta por las EPS. Nadie  tiene confianza en esas empresas, entonces ¿Por qué no se les acaba legalmente con iniciativa gubernamental? De eso, por supuesto, nada.
Ante la solicitud de recursos salió el Vice con la más ingeniosa de las ideas: que los comunales afilien a las EPS –no explicó cómo sisbenizarlos- veinte mil colombianos residentes en Venezuela  que en algún momento acuden a los servicios de la red hospitalaria pública del departamento de Arauca –no explicó cómo, cuándo, dónde-. Con esa genialidad resolvió el problema de la quiebra de la salud.
La cosa no paró ahí. Ante los reclamos de la nueva clasificación del SISBEN que saca mucha gente de los estratos 1 y 2, y los convierte, por arte de magia, de pobres a no pobres, dijo que eso todavía tenía posibilidades de reclamo. Y listo. Qué le redujeron las regalías a Arauca y con ellas pagaban salud, el Vice también se puso resbaloso –guabinoso-, de tal manera que no se supo cómo van a pagarse los proyectos de control de la morbilidad sin los cuales los hospitales están quebrados.
Otra perla: las EPS –sí, las pobrecitas EPS- le deben a los hospitales públicos la bobadita de 22 mil millones ¿Cómo lograr que paguen? La salida la tenía, naturalmente, el Vice: programar unas reuniones ¿Para qué? A ver si quieren pagar.
Quedaba un asunto espinoso: cómo se va a nombrar los trabajadores que vienen por contrato, conforme a lo que ha mandado el excelente Ministro del Trabajo. Pues bien, el Vice nos contó que esos sufridos camilleros, auxiliares de enfermería, enfermeras jefes, médicos a los cuales les deben siete y diez meses de salario son, en su mayoría, burócratas. Dicho esto –con lo cual levantó acta de defunción laboral de tantos empleados- nos dio otra genial solución para los que sobrevivan: que los sindicatos, asociaciones de usuarios y juntas de acción comunal logren que los directores de los hospitales compren medicamentos y demás insumos al más bajo precio. Con esa platica ahorrada se pagaría a los trabajadores que queden. Como se ve, es tan sencillo, que es genial. Claro que se le escapó una verdad: como las EPS no pagan sino de vez en cuando pues a los directores les toca comprar fiado. Y fiado todo es más caro. Y una verdad que no fue capaz de salir de su versátil boca: que al lado tenía bien sentado y bien callado al Súper, que supuestamente debe vigilar la salud y que, además, tiene intervenida la ESE Departamental. Resulta que al parecer se le olvidó nombrarlo como el que tiene que vigilar por mandato de la ley.  Tantas responsabilidades hacen que los altos funcionarios no se acuerden del ordenamiento legal.
¿Para qué sirve la Súper?, se preguntaron muchos asistentes y lo expresaron en voz alta. El Súper guardó prudente silencio. Indudablemente no sirve para controlar la rapacidad de las EPS ¿Qué hace el Gobierno Nacional ante la catástrofe de la salud? Alguien diría que nada, pero la realidad es peor: atizar la destrucción de la salud pública para que sobre sus ruinas se fortalezca el negocio de la privatización.
Después de lo cual los dos altos funcionarios se devolvieron para Bogotá con la certeza –quien lo duda- del deber cumplido.

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