04/08/2021

El Plan de Desarrollo de Petro retrocede en la senda educativa trazada y no enfrenta consecuentemente la “segregación”


 María Antonieta Cano
Docente 1278
Cel.: 3164695181
El pasado 26 de mayo el Concejo de Bogotá aprobó en Comisión Primera el Plan Distrital de Desarrollo. Quedó claro que la apuesta de Gustavo Petro en el sector educativo no dista mucho de lo que plantea Juan Manuel Santos en la política nacional.
Es un plan que, en el marco de las “alianzas público-privadas,” apunta a la privatización en la prestación del servicio en varios niveles.
En Preescolar, la política distrital debería contemplar sin equívocos la implementación de por lo menos tres grados, gratuitos y obligatorios: pre jardín, jardín y transición, mediante la construcción y adecuación de escuelas o centros infantiles, con docentes vinculados a la Secretaría de Educación que garanticen la formación pedagógica necesaria. Es imposible hablar de educación de calidad si no se asume la Educación Infantil con responsabilidad estatal y prestada como educación formal.
A contramano, como dice un documento de análisis del Plan (Clara López y Aurelio Suárez) al respecto: “No es esto lo que está proponiendo Petro cuando habla de programas para la primera infancia. Los jardines infantiles por sus propias limitaciones, como también por quienes serían los responsables del cuidado de los niños y niñas en ellos, no pueden jugar el papel que se les pretende dar en términos de ‘educación incluyente y de calidad’. El PDD coincide infortunadamente en esto con el PND del gobierno de Juan Manuel Santos, asunto denunciado por FECODE y consignado en su actual pliego de peticiones ante el ministerio de Educación”.     
Con la discusión del Plan en el Concejo hay anuncios de que algunas modificaciones se incluirán al planteamiento inicial. El magisterio debe vigilar que efectivamente ello ocurra. Que el preescolar no se reduzca a un solo año de atención estatal denominado grado cero y que la atención de la primera infancia no esté enfocada hacia el cuidado sino hacia la pedagogía. Impedir que, de hecho, los profesores sean desplazados en su misión por quienes el Plan denomina cuidadores y cuidadoras, que es exactamente lo mismo que propone el Programa del Gobierno de Santos en sus contenidos y planteamientos expresados en el artículo 137 de la Ley 1450 de 2011, Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014.

Sobre Jornada Única,  para atender esta reivindicación histórica del magisterio se requiere aumentar la infraestructura, la planta de personal docente y administrativo y la destinación presupuestal para que la educación sea financiada y administrada directamente por el Estado. No puede sustituirse por una simulación de lo que es realmente en su verdadero cometido hacia la elevación de la calidad.
La forma que le da el Plan Distrital de Desarrollo a la Jornada Única desdibuja esta legítima aspiración de los maestros, pues no elimina la doble jornada sino que la extiende a 40 horas efectivas semanales. En el tiempo adicional, según el Plan, los estudiantes deberán migrar a parques, sedes culturales, museos, entre otros, dado que, como la infraestructura actual es insuficiente para el cubrimiento de toda la población estudiantil, el gobierno distrital decidió tomar el camino de la improvisación y la insuficiencia. Tampoco hay claridad acerca de las condiciones laborales para los docentes incorporados en esa ocurrente modalidad.
La implementación del grado 12, que ya existe en muchos colegios privados, puede ser una de las tantas alternativas válidas para la formación de los estudiantes en el proceso educativo. Sin embargo,  tampoco puede deformarse al implementarla como un medio de suplir la responsabilidad que el  gobierno nacional y el distrital tienen de garantizar educación superior pública y de calidad y presentarla demagógicamente  como primer o hasta segundo año universitario.
En el Plan Distrital de Desarrollo el denominado grado 12 se fundamenta en la instrucción de mano de obra, cada vez más pauperizada y necesaria para los inversionistas y las multinacionales en marco de los TLC, negándoles la posibilidad a los estudiantes de ingresos bajos y medios el acceso a un conocimiento de alto nivel.
Al leer el Plan Distrital de Desarrollo es ostensible, en las distintas propuestas, que el cimiento en  que se fundamenta la alcaldía de Petro son las alianzas público-privadas que, según éste, se constituirán en mecanismos de cofinanciación de las inversiones de carácter estratégico, intensificando la gestión conjunta con el sector privado. El Plan está acorde con la ley correspondiente promulgada por Santos en la cual los privados se vuelven dueños de la infraestructura y agentes principales en cada sector.
Ese enfoque guarda relación directa con el proyecto del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, con nuevos inversionistas como el programa “Primero lo Primero”, aparato mediante el cual la fundación Julio Mario Santodomingo, y otras de grupos económicos internacionales, hace un negocio con la atención a la primera infancia.
Una política educativa correcta, ajustada a las necesidades de los bogotanos y de signo democrático debería estar encaminada a la gratuidad plena desde los tres grados de preescolar, grado once y educación superior, con alimentación, textos básicos y uniformes para el estudiantado. Se apoyaría de manera decisiva la labor y la formación de los docentes. Y se profundizaría en los grandes avances que en materia educativa tuvo Bogotá con las dos administraciones del Polo traducidas en cerca de un millón de estudiantes con gratuidad, 700 mil de los cuales se beneficiaron con refrigerios y una comida caliente; más de 38 mil estudiantes hicieron uso del transporte escolar gratuito y cerca de 15 mil recibieron subsidio de transporte cuando su lugar de residencia así lo requería; cerca de 65 mil niños y niñas de preescolar y primero, recibieron útiles escolares;  se entregaron 70 colegios nuevos, reforzados o ampliados; se frenó la entrega de colegios por concesión y Bogotá fue así la pionera en garantizar la educación gratuita a todos los estudiantes inscritos en los establecimientos educativos del Distrito.
En conclusión, es claro que el Plan de Desarrollo de Petro en materia educativa, al adoptar otros enfoques, abandona el modelo que el Polo venía desarrollando, acoge perjudiciales propuestas del gobierno de Santos, no avanza en profundizar la gratuidad, implementa soluciones mediocres para atender los problemas centrales, en especial en la educación inicial y en calidad y, en consecuencia, su propuesta significa un retroceso en la dirección que se trazó en los dos últimos gobiernos y no incide en la verdadera disminución de la desigualdad, en abierta contradicción con lo que tanto pregona. Es muy grave que la educación, que constituye un instrumento eficaz y probado para eliminar las diferencias sociales, en el gobierno de Bogotá Humana no vaya a cumplir con esa misión transcendental. 
  

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