Editorial de “Tribuna Magisterial”, noviembre 20 de 2011
Por: Álvaro Morales Sánchez, Director
El movimiento estudiantil colombiano, protagonista de las más grandes movilizaciones sociales que hayamos visto en los últimos años, ha dado muestra de una madurez que no se le había visto desde las gloriosas jornadas de los tempranos 70’s. Pero las coincidencias de las luchas estudiantiles de entonces con las que ahora presenciamos no se quedan sólo en esas muestras de madurez y en las multitudinarias marchas protagonizadas por los entusiastas y combativos jóvenes universitarios, sino que abarcan otros aspectos que son claves a la hora de analizar el significado que tiene el movimiento juvenil en el conjunto de las luchas sociales.
Comencemos por decir que el actual movimiento de los estudiantes colombianos se produce en el marco de movimientos similares que conmocionan diversos países del mundo. Los jóvenes son actores de primera línea en los recientes levantamientos sociales de Inglaterra y Portugal, se juegan el futuro en las luchas de los griegos, toman la iniciativa en el movimiento de los indignados españoles, resisten en los campamentos de indignados en Wall Street, mantienen en jaque al derechista gobierno de Piñera en Chile, no hace mucho lideraron los levantamientos que sacudieron a Francia. Podría decirse, parodiando al padre del socialismo científico, que “un fantasma recorre el mundo” y es la juventud levantisca que con su ímpetu y fogosidad vuelve a hacer sentir a los pueblos la necesidad de sacudirse el yugo de la dominación, rescatar la dignidad y coronar los sueños libertarios.
Hace cuarenta años el panorama era similar: el movimiento estudiantil colombiano hacía retumbar el eco del mayo francés de 1968, en el que los estudiantes generaron un levantamiento del pueblo galo que puso contra las cuerdas al mismísimo general Charles de Gaulle -aún rodeado de su aura de héroe de la segunda Guerra Mundial-, movimiento que tuvo repercusiones en la República Federal Alemana, Suiza, España, México, Argentina, Uruguay y Estados Unidos. Y aunque cada levantamiento tenía causas y objetivos propios relacionados con la situación nacional del país en que se producía, había un hilo conductor que identificaba a los movimientos en todo el mundo: el repudio generalizado a la guerra de agresión protagonizada por los Estados Unidos en Vietnam. Este período puede resumirse diciendo que los levantamientos de finales de los 60’s y comienzos de los 70’s fueron la primera oleada antiimperialista que sacudió al mundo. Y en esa batalla los estudiantes colombianos fueron actores de primera línea.
El movimiento estudiantil de hace 40 años y el de hoy tienen también en común otro aspecto que es fundamental en la definición de su contenido y de los objetivos que alimentan la movilización y la hacen perdurable. Y es que ambos movimientos se trazaron como elemento aglutinador lo que llamaron un “Programa Mínimo”, que en pocas palabras significa lo que aspiran a conseguir en el futuro más próximo, pero da cuenta también de que albergan otras aspiraciones de mayor envergadura que deberán ser discutidas, precisadas, adoptadas y enarboladas cuando se arribe a los objetivos de lo mínimo formulado. El programa mínimo de hoy, como el de ayer, se propone conquistar una educación que esté acorde con los intereses de la Nación colombiana, en contraposición de la que nos han impuesto, organizada de tal forma que sólo sirve a los intereses de las grandes corporaciones multinacionales y a los objetivos estratégicos de dominación de los Estados Unidos; para que sirva realmente a la Nación se requiere que la educación esté acorde con las necesidades de desarrollo autónomo, que desate las grandes potencialidades de progreso y aproveche los enormes recursos que la naturaleza le ha prodigado a nuestro país y ello implica tener acceso a los conocimientos científicos y tecnológicos más avanzados alcanzados por la humanidad, los mismos que el sistema educativo actual nos niega porque han sido acaparados por quienes concentran el capital y poseen el poder político y militar en el mundo; prevé también el programa mínimo de los estudiantes que a la educación tengan acceso todos los colombianos, que no sea un privilegio de quienes tienen medios para pagar por ella, como se pretende en las propuestas de reforma que el gobierno impulsa y como se aplica ya en muchos programas que tienen la privatización como objetivo central; una educación verdaderamente democrática y efectivamente avanzada sólo puede ser suministrada por el Estado, por ello cobra fuerza, al lado del programa mínimo de los estudiantes colombianos, la propuesta del magisterio, lanzada recientemente por Fecode, de impulsar un referendo para reformar la Constitución y establecer que la educación será totalmente gratuita y obligatoria para todos los colombianos.
En todo caso, la lucha actual de los estudiantes colombianos va más allá de los confines de las aulas universitarias, representa los intereses de toda la población en materia educativa, que necesita y requiere hoy más que nunca una educación que sea pieza fundamental en el proceso de construcción de una nueva nación, que surja de las cenizas del actual régimen de dominación e ignominia que vivimos.
