24/07/2021

De Saulo a mister Hyde

Francisco Torres, Arauca, febrero 17 de 2011.

Conocí a Angelino –no el vicepresidente- sino, en un remoto pasado, al sindicalista, en un acto en Boyacá de apoyo a los obreros de Paz del Río. Muchas aguas, y en el caso suyo, muchos puestos oficiales, han pasado bajo los puentes.

Le haría un gran servicio a la historia del país aquel que pudiera descubrir el preciso instante en que a este Saulo moderno lo hirió, en su camino a Damasco, la revelación del ídolo del neoliberalismo. Cómo cayó de su proletario caballo para ser transportado a una limosina oficial. Desgraciadamente esos tejemanejes de las tradiciones, perdón, quise decir traiciones políticas en Colombia se efectúan lejos de los caminos transitados, en la reserva casi que impenetrable de los clubes, los despachos oficiales y otros lugares.

Lo cierto es que el otro hora compañero Angelino transmutó en el doctor Angelino. Primero, Ministro de Trabajo, que es un decir, una careta para lo que en verdad es: el ministerio del capital, al servicio del capital y en beneficio del capital, timoneado generalmente por un capataz sin entrañas y, una que otra vez, por un burócrata sindical que le vendiera su alma al diablo por una cartera ministerial. Y eso hizo el converso de marras. Después, ya en ese camino en el cual no hay barranco que ataje, fue Gobernador de su tierra valluna, donde se destacó por hacer exactamente lo contrario de lo que predicara antaño. Pero de eso se tratan esta clase de conversiones: hacer de tripas corazón y salir a pisotear a aquellos que le sirvieron para dar el paso al mundo de arriba.

Naturalmente, en la democracia moderna, y la de nuestra patria es tan moderna como la de cualquier otra que sufra el neoliberalismo, la gracia de los conversos es que manifiesten que siguen siendo los mismos, en este caso, el mismo dirigente sindical con “sensibilidad social”. En eso –y otras cosas- nos diferenciamos de la antigüedad: el arte de la simulación se ha perfeccionado. Se va a Estados Unidos como lo hizo y lo hace Angelino a defender la aprobación del TLC con el argumento de que es muy bueno para las empresas norteamericanas, que si no lo hacen pierden plata y, al mismo tiempo, gracias a la magia de los grandes medios de comunicación, se le hace creer a los colombianos lo contrario ¿No es una maravilla? Que los gringos se apoderen de nuestro mercado y nuestras empresas arruinado a nuestros obreros y productores es bueno para los monopolios norteamericanos-tan cierto como que la tierra da vueltas alrededor del sol- y que al mismo tiempo es bueno para los productores colombianos y los obreros criollos –tan falso como que la tierra es el centro del sistema solar-.

Y ahora, en el triunfo inigualable de este converso, el novísimo doctor llega a vicepresidente de la república ¿Se lo habría imaginado? De pronto sí. La ambición que en silencio anida en el pecho es poderosa. Y a veces se convierte en realidad. Pero su precio es alto. Pues su fórmula secreta es aquella que transformaba al Doctor Jekyll, en el malvado Míster Hyde en la novela de Stevenson. Y en este caso permanentemente.

No obstante, en la política colombiana Hyde –que despreciaba enmascarar sus actos en la versión original- simula ser Jekyll. Pero lo hace tan mal que en el cuento de terror que escenifica -porque la miseria y el atraso son terroríficos- se cubre del ridículo. Vocifera contra la propuesta patronal de 3% para el salario mínimo y termina por parir el risible ratón del 3,4% -luego transmutado en el 4%, tan escuálido como sus anteriores encarnaciones-. Se declara indignado y sorprendido por la propuesta de aumentar la edad de pensión, para luego declararse abierto a que los ya de por sí recortados derechos de los colombianos sean todavía más trasquilados. Y lo dice porque van a presentar la reforma en una ley ordinaria y no en el Plan de Desarrollo ¡Qué alivio, van a condenar a millones de adultos mayores a la indigencia con las leyes correctas!

Es el agente oficial del engaño para darle vía libre a la política neoliberal: TLC, depauperación de las masas trabajadoras, escamoteo del derecho a la pensión. Y ahora, entonar cantos de sirenas ante los camioneros para entregarlos amansados a las fauces del Ministro de Transporte, cosa que no ha podido ante el valor y el poder creciente del paro.

Asunto de importancia para el pueblo colombiano es quitarle la careta a este converso, a este míster Hyde que funge de Doctor Jekyll. No sobra recordar que esas aguas mansas son las peores.

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