Vivan las marchas de las mujeres contra Trump

Vivan las marchas de las mujeres contra Trump

María Antonieta Cano Acosta, Bogotá, febrero 3 de 2017

“Las marchas de las mujeres se configuran como una de las mayores demostraciones de resistencia civil en toda la historia de los Estados Unidos”.

“Este es el día más grande de las manifestaciones de Estados Unidos en toda su historia”.

Son dos de los titulares con los que los diarios registraron las gigantescas movilizaciones realizadas en Estados Unidos y en varias ciudades del mundo como bienvenida a la Era Trump. Las mujeres escribieron uno de los capítulos más bellos de la historia norteamericana. Las cifras más conservadoras hablan de 3,3 millones de personas que marcharon en 500 ciudades.

Y no es para menos. Al mejor estilo de las dictaduras y plutocracias donde las libertades públicas, la democracia y la justicia son pisoteadas a diario, en Estados Unidos el debate electoral predecía que el que coronara, Clinton o Trump, continuaría con la política del establecimiento. Y así fue, finalmente quien llegó a la Casa Blanca fue Donald Trump prometiendo exacerbar, como lo haría Clinton, los preceptos neoliberales causantes de la enorme desigualdad que vive el país del Norte y profundizar la dominación imperial contra el resto de países.

En el contenido las diferencias con su oponente eran prácticamente insubstanciales pero en la forma Trump llega con un estilo más grotesco, más grosero, más burdo que el de sus predecesores y oponentes, quienes tampoco eran peras en dulce. Trump hace que la persecución, la humillación, los insultos contra las mujeres y los homosexuales, los inmigrantes y las minorías raciales, los discapacitados y los transexuales, sean mucho más evidentes y esto genera reacciones en masa.

Basta mirar su actitud contra las mujeres con las que el presidente es particularmente agresivo. No tuvo empacho en gritarle “Eres repugnante, eres repugnante” a una abogada que, en un juicio, pidió un receso para poder dar leche a su bebé. Justifica cínicamente las violaciones a mujeres en el ejército y dice que por ser magnate tiene el “derecho” de irrespetar a las mujeres, como se ve en afirmaciones tales como: “Cuando tienes dinero puedes hacer cualquier cosa. Agarrarlas por el coño, lo que quieras” o que “Las mujeres son, en esencia, objetos estéticamente agradables”. A más de los insultos, ya Trump anunció que va a acabar con la financiación a los centros de planificación familiar.

Por eso no sorprende que hayan sido precisamente las mujeres las promotoras de movilizaciones multitudinarias, sus exigencias fueron diversas logrando el respaldo del resto de la población. Van desde reivindicar el papel de las mujeres, la justicia social, los derechos para los homosexuales, la defensa de los emigrantes y el control de las armas hasta el fin del neoliberalismo, ya fracasado. Las marchas pidieron hacer frente al cambio climático y requirieron que Estados Unidos deje de bombardear países por todo el orbe.

Esta plataforma de lucha se afianza cada vez más. En solo diez días de gobierno ya Trump había ordenado la primera operación militar, contra Yemen, en la que murieron mujeres, niños y soldados de EU, expidió el veto migratorio que cierra las fronteras de Estados Unidos a los inmigrantes de siete países de mayoría musulmana y a refugiados de todo el mundo, y dio la orden de construir un muro en la frontera con México para contener el ingreso de latinoamericanos. Y la renegociación de los Tratados de Libre Comercio y acuerdos transnacionales, no los plantea para beneficiar a sus socios comerciales en pie de igualdad, sino para remozarlos a favor de Estados Unidos.

Ante este panorama, ¡aplausos y vítores para las marchas de las mujeres contra Trump! Ese es el camino, el camino de la movilización. Es un motivo de alegría para todos los ciudadanos del mundo la reacción de las mujeres y hacemos votos para que ellas, unidas al resto de la población, logren consolidar una resistencia organizada que contrarreste la política de Trump. La lucha del pueblo norteamericano será un bastión importante para las grandes batallas que se libran por todo el mundo contra la opresión imperial de Estados Unidos.

 

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