RECHAZAMOS LA PRESENCIA DE TROPAS GRINGAS   Y LA SERVIL ACEPTACIÓN DE DUQUE

RECHAZAMOS LA PRESENCIA DE TROPAS GRINGAS Y LA SERVIL ACEPTACIÓN DE DUQUE

Bogotá D.C., 07 de junio de 2020, Francisco Alfonso Torres Montealegre, Director Nacional de Tribuna Magisterial.

El célebre escritor colombiano José María Vargas Vila lanzó su grito, Ante los bárbaros, en el propio corazón del imperio en 1893. En 1900 publicó el libro que lleva ese nombre, en el que expresó su repudio contra la creciente dominación de los Estados Unidos, que en 1898, en medio de una gigantesca campaña periodística dirigida por Hearst y Pullitzer, dueños de sendos monopolios de las comunicaciones, utilizó el justo anhelo de los cubanos de liberarse del dominio de España para apoderarse de Cuba y Puerto Rico. El pretexto utilizado para la intromisión fue la explosión del acorazado norteamericano Maine en el puerto de la Habana, la cual sin investigación fue achacada a los españoles a los cuales se les declaró la guerra, no para liberar sus colonias sino para apoderarse de ellas.

Ese fue el modelo a seguir en sus intervenciones imperialistas, el cacareo incesante de su acendrado amor por la libertad -para saquear los recursos naturales y el trabajo-, su empecinado apego a la democracia -siempre y cuando no fuera ejercida para defender la soberanía de la naciones-. Así, para agredir a Viet Nam se fabricó un falso ataque contra la marina gringa en el Golfo de Tonkin. Para invadir a Irak se inventó sin prueba alguna la existencia de armas de destrucción masiva. Para atacar a Irán, pese a que ese país estaba cumpliendo todos los términos del acuerdo, señalar obsesivamente que está construyendo armas nucleares.  Aupó una “primavera árabe” para desatar terribles guerras en Libia y Siria usando grupos terroristas como el estado islámico que asolaron diversos países. Ello auspiciado por el Gobierno Norteamericano so pretexto de acabar la tiranía, cuando sus principales aliados en esas aventura eran las tiranías  de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes. Y, en fin, cientos de pretextos y montajes que se resumen en que el gobierno de Estados Unidos se abroga el papel de policía orbital que garantiza la democracia, los derechos humanos, la libertad y la guerra contra los narcóticos. Por supuesto, la humanidad no le ha conferido al imperialismo semejante mandato.

Por lo demás, en su saqueo del trabajo y los recursos naturales, en su arraigado racismo, en su papel de sostén de dictaduras tenebrosas, en sus complots para tumbar y poner gobiernos, en imponer bloqueos que hunden en el hambre millones de seres y en calificar o descalificar naciones por el control del narcotráfico que nunca se ha controlado en Estados Unidos, se basa en el poder que dimana de un gasto militar de 600 mil millones de dólares al año, casi un millar de bases por todo el mundo y la parafernalia del capital financiero y el control de la moneda con que extorsiona al resto del orbe apoyada en una desenfrenada propaganda para que todos aceptemos que América -Estados Unidos- siempre estará de primera.

Colombia en 1903 sufrió el robo de Panamá por parte del imperio gringo, bajo la poca elaborada careta de un movimiento secesionista y con la parsimoniosa complicidad del gobierno colombiano, que en boca del presidente Marroquín expresó su grotesca abyección, “yo no sé de qué se quejan. Recibí un país y les devuelvo dos”. Las diferencias entre el partido conservador y el liberal en el siglo XX desaparecieron. Marco Fidel Suárez llamaba al país a ver a Estados Unidos como su estrella polar, la que nos guiaba en el viaje, Uribe Uribe había encontrado que los norteamericanos se hacían amar de manera irresistible. El solio de Bolivar sintió las posaderas de abogados que pasaban de servir a las compañías petroleras desde sus oficinas a servirlas desde la presidencia de la República.

La masacre de las bananeras fue perpetrada para el beneficio de una compañía norteamericana, solicitada con barcos de guerra de ese país y ejecutada, literalmente, por un gobierno amamantado por el imperialismo, tal como lo reveló Jorge Eliecer Gaitán. Los soldados del batallón Colombiano fueron como carne de cañón de los gringos a una guerra injusta y perdida en Corea. El ejemplo recibido les sirvió para masacrar a los estudiantes el 8 y 9 de junio de 1954.

El pasado 1 de junio llegó al país una brigada del ejército norteamericano pretextando apoyo a labores de lucha contra el narcotráfico. Cualquiera que sea la disculpa, la presencia de tropas extranjeras es una afrenta contra la soberanía, que es el bien más preciado de cualquier nación, en el que se realizan su identidad y sus posibilidades de desarrollo. Por eso la política del imperialismo pasa por destruir la soberanía en lo militar, en lo económico, en la cultura a la cual se esfuerza por desaparecer y en la educación, en la que se ha proscrito la enseñanza de la historia. Para cumplir su cometido requiere de la íntima colaboración de quienes gobiernan y durante los siglos  XX y XXI todos los presidentes han estado al servicio de una dominación cada vez más asfixiante que burdamente se pasa por la faja el Consejo de Estado, el senado y la Constitución Política de Colombia. Pero, además, esta odiosa ocupación se da en medio de una campaña para derrocar al gobierno de Venezuela por cualquier medio, incluido el militar. Un conflicto en la región sería altamente negativo, la presencia de tropas gringas y el apoyo que reciben del gobierno Duque desestabiliza la región.

Rechazamos la presencia de tropas norteamericanas, exigimos su salida inmediata del territorio nacional y llamamos a los colombianos a unirse en la defensa de Colombia.