La rentabilidad de Isagén

La rentabilidad de Isagén

Enero 11 de 2016 – 5:12 pm

En 16 años, desde que se intentó vender por primera vez, su valor subió 12,5 veces, lo cual equivale a un crecimiento anual de 16,4%, nada mal, para tratarse de una compañía estatal de esas que tienen fama de estar mal manejadas. Esto además de los dividendos que han recibido sus dueños.

Uno de los principales argumentos de los partidarios de la venta de Isagén es que se trata de una inversión muy poco rentable para el Gobierno porque lo que recibe por dividendos apenas le da un rendimiento inferior al 5% anual del capital invertido. Es mejor, dicen, vender la empresa y dedicar esos recursos a inversiones en carreteras, que tienen una rentabilidad mucho mayor pues mejoran la competitividad del país.

Hay dos falacias enormes en esa argumentación, una de falsa analogía y otra financiera. La falsa analogía es que se están comparando dos rentabilidades diferentes: de una parte, la de la empresa medida por la relación entre los dividendos anuales y el precio de la acción, que es una medida bursátil; de otra, la de las carreteras, que es lo que se conoce como rentabilidad social, pues incluye además de los ingresos monetarios los beneficios sociales y económicos asociados al proyecto (las externalidades positivas, dirían los economistas), como por ejemplo la reducción en los costos del transporte.

Si se mirara la simple rentabilidad bursátil, Isagén es más rentable para el Estado, pues recibe los dividendos, mientras que en las carreteras el Estado no va a recibir un peso, sino que las utilidades monetarias irán para los constructores. Pero esta es una comparación que no tiene sentido.

La falacia financiera consiste en medir la rentabilidad de una empresa únicamente por los dividendos que reparte.

Cualquier inversionista sabe que la rentabilidad de una acción tiene otro componente que es el aumento en su precio, de manera que para evaluar la rentabilidad de Isagén hay que mirar los dividendos que ha repartido, pero también la valorización que ha tenido, que ha sido muy sustancial.

Una forma de ver el gran aumento de valor de Isagén es comparar las valoraciones que hicieron los tres últimos gobiernos cuando salieron a vender la empresa. Estas valoraciones eran el precio base para la subasta de privatización.

En 1999 Pastrana la trató de vender con un valor de 902.000 millones de pesos, que dos años más tarde incrementó a 1 billón. Uribe sí vendió el 19,2% de la empresa, en el 2007, sobre la base de un valor de 3,1 billones de pesos. La valoración utilizada por el gobierno Santos cuando inició el proceso, hace 2 años, eran 7,7 billones de pesos y con la última revisión la subió a $11,2 billones de pesos. En los 16 años transcurridos desde que se intentó vender por primera vez, el valor de Isagén se incrementó 12,5 veces, lo cual equivale a un crecimiento anual de 16,4%, muy superior a la inflación del periodo que en promedio fue del 5% anual. Nada mal para tratarse de una empresa estatal, de esas que tienen fama de ineficientes y mal manejadas.

Pero la rentabilidad de los dueños de Isagén ha sido mucho mayor, pues además han recibido dividendos. Tomemos el caso de los afortunados que compraron acciones de Isagén en el 2007 a $1.130, y ahora van a poder venderlas por lo menos a $4.130 por acción. Además de que se les multiplicó por 3,65 el precio, han recibido dividendos de 654,7 por acción, lo cual significa una rentabilidad de 324% en esos 8 años, o del 18% promedio anual, mientras que la inflación anual fue solo el 3,5% en promedio.

Los inversionistas privados hicieron un magnífico negocio con ese regalito de Uribe, pues pagaron $592.000 millones por el 19,2% de Isagén y ahora lo van a poder vender en $2,2 billones, además de que en estos años recibieron dividendos por $347.000 millones. Es decir que cuadruplicaron su capital, con una rentabilidad anual del 18%. Pocas inversiones tienen tan alta rentabilidad.

El reverso de la moneda es una pérdida para el Gobierno, mejor dicho, para todos los colombianos, pues si Uribe no hubiera vendido ese 19,2% y siguiera siendo propiedad del Estado, este hoy recibiría $1,9 billones de pesos más. Esa platica se perdió, y creo que eso lo llaman detrimento patrimonial.

Al gobierno Santos lo han salvado de un detrimento similar las demandas y tutelas que impidieron la venta en agosto del 2013. Si hubiera vendido Isagén en ese momento hubiera recibido $4,5 billones, mientras que hoy va a recibir más de $6,5 billones. El Ministro debería agradecer a los demandantes y a los jueces.

Nadie tiene la bola de cristal para saber cuánto se valorizará Isagén en los próximos años, pero no hay duda de que las perspectivas de una generadora de energía hidroeléctrica son muy positivas ante las crecientes críticas a los combustibles fósiles.

Por eso hay inversionistas extranjeros dispuestos a pagar ese precio por Isagén: porque quieren ganarse esa valorización, y el Gobierno está dispuesto a regalársela sin necesidad, pues tiene varias alternativas para financiar las carreteras sin feriar las joyas de la corona.

 

Mauricio Cabrera Galvis
Consultor privado

 

 

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