LA ESPAÑA DEL BICENTENARIO EN HUELGA GENERAL

LA ESPAÑA DEL BICENTENARIO EN HUELGA GENERAL

Raúl Arroyave A.

Director Dpto. Relaciones Internacionales

raularro@gmail.com

I. Las causas de la crisis

España recibió en su primera década de pertenencia a la Unión Europea 118.000 millones de euros. Estas inversiones le permitieron modernizar, bajo los estándares europeos, su infraestructura en comunicaciones, transportes y servicios públicos, sectores productivos y logísticos. Permitieron igualmente otorgar subsidios a la agricultura y a la pequeña industria, sin los cuales éstas no hubieran podido sobrevivir ante la competencia de la Unión Europea.

Sobre España se abalanzó la especulación inmobiliaria, de tal manera que cuando estalló la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos en el otoño del 2008, este país fue uno de los más afectados por la destorcida al poseer miles de millones de dólares en activos tóxicos. De la noche a la mañana, los españoles se vieron en la ruinosa situación de estar debiendo mucho más del valor real de sus propiedades. Gracias a los fondos europeos, España vivió una economía ficticia de prosperidad al debe. Así como el saqueo colonial en América pasó a engordar las arcas de los Welser y Fugger, los banqueros alemanes que financiaron las guerras de Carlos V en el siglo XVI, el producido del trabajo español deberá redituar los miles de millones de euros invertidos en la orgía modernizadora de las dos últimas décadas.

II. Los costos de la integración

La historia de la integración de España a la UE no tiene nada de idílica. Es enorme el precio que el pueblo y los trabajadores españoles pagaron y seguirán pagando para cumplir con las draconianas condiciones impuestas por las potencias europeas para permitir su ingreso a la UE. Fueron nefastas las secuelas sobre la reconversión industrial, agrícola y pesquera, el crecimiento ininterrumpido del paro a partir de 1986 y la precarización económica y social del pueblo español, según los estándares europeos.

La gran beneficiada de la integración no ha sido España. La mayor tajada financiera la han sacado principalmente Alemania y Francia. En el fondo de la crisis española está el cambio de prioridades para la expansión y conquista de mercados de las multinacionales europeas. Abruptamente, la UE retiró sus fondos de España para colocarlos al servicio de su política expansiva en los países del Este, con el fin de incorporarlos a la máquina productiva de Europa.

Un corte a 2005 indica que la integración sirvió para que la UE alcanzara en conjunto, frente a España, un superávit comercial, en los primeros 18 años, de 205 mil millones de euros. De este saldo, más de la mitad, 111 mil millones, corresponden a Alemania. Francia obtuvo 37 mil millones, lo que significa que entre los dos países se alzan con casi 150 mil millones del superávit comercial. Si la suma de los fondos estructurales y de cohesión que la UE ha invertido en España alcanza los 90 mil millones de euros, significa que sólo Alemania ha obtenido 21 mil millones de euros más sobre lo invertido.

Los fondos estructurales y de cohesión son una auténtica inversión estratégica de las potencias europeas encaminada a retomar las economías más débiles. Hasta el 40% de los fondos europeos que llegaron a España terminaron en las empresas de los países contribuyentes netos, con Alemania y Francia a la cabeza, a través de las infraestructuras que modernizan en España. Así ocurrió, por ejemplo, con la construcción de los trenes de alta velocidad (AVE), que se han alzado con el 40% de las ayudas europeas para las empresas Siemens y Alstom, alemana y francesa, respectivamente.

Cuando el rico busca al pobre es porque éste le debe al rico, o la comida es del pobre, o el pobre debe rendir un falso testimonio. Lo que se presenta como el altruismo de la integración es una falacia. La política de “ayuda” de las potencias hacia los países atrasados en los marcos de la globalización neoliberal y del libre comercio apunta realmente a garantizar a sus empresas el control de nuevos mercados, la construcción de infraestructuras que faciliten el saqueo y el arrinconamiento, vía reconversión, de sectores nacionales que les pueden competir en los mercados mundiales. Aunque los fondos se terminen o retiren, la retoma obtenida sigue funcionando y los negocios creciendo en bien de los nuevos dueños. De España, las empresas francesas y alemanas controlan el 23.5% de la cuota de mercado y responden por el 10% del PIB. A su vez, Alemania y Francia son los principales proveedores de activos de capital.

El ejemplo de España es aleccionador. Sin una infraestructura adecuada no es posible la explotación y saqueo rentable por parte de las multinacionales. La entrada de España en la Comunidad Económica Europea fue sobre la base de eliminar barreras y abrir las puertas de su economía. Sin embargo, sin el papel jugado por los fondos de la UE, preparando el terreno y engrasándolo con infraestructuras, esta ocupación hubiera sido mucho más lenta y limitada. Gracias a ellos, veinte años han sido suficientes para consolidar su penetración en el mercado español y asegurar su cuota de ganancia. Entre las cien primeras empresas que operan en España, 25 son total o mayoritariamente de capital alemán o francés. De las 50 empresas más exportadoras, 28 son franco-alemanas. Los primeros puestos de los grupos financieros por volumen de beneficios están ocupados por el alemán Volkswagen Finance Group y el francés Renault Financiaciones. En las 20 empresas con mayores beneficios, hay 8 alemanas y 8 francesas.

De otra parte, las multinacionales alemanas y francesas ocupan sectores estratégicos de la economía. Mantienen una posición hegemónica en la fabricación de coches, distribución comercial en grandes superficies, construcción y comercialización de material ferroviario y en la industria químico-farmacéutica; una posición dominante en las empresas de material eléctrico y electrónico, cosmética y fabricación de equipos mecánicos, y una posición influyente en siderometalúrgica, editoriales y maquinaria y equipos mecánicos. Más de 1.500 empresas francesas se han instalado en España desde la integración en la Comunidad Europea, por sólo 300 españolas en Francia. España se convirtió en el reino de los grupos alemanes y franceses: Volkswagen-SEAT, Fasa-Renault, Opel, Citroën, Carrefour, Alcampo, Mercedes y Peugeot.

III. La drástica reconversión industrial facilita la retoma

Como es lógico, la retoma de los renglones claves de la economía corrió pareja con un proceso de reconversión industrial que comenzó desde 1982, cuando soplaban los primeros vientos del neoliberalismo, como cumplimiento del pliego de condiciones exigido para admitir a España en la Comunidad. Este fue el papel que cumplió el “socialista” Felipe González y a este antinacional propósito se dedicó con tenacidad en sus 16 años de mandato.

Bajo el manoseado pretexto de la modernización de la economía española, los monopolios europeos comenzaron por reducir la capacidad productiva del país a sus propias necesidades. De esta forma, la reconversión llevada a cabo en la industria, significó, entre otras, la reducción a la tercera parte de la flota pesquera, la imposición de cuotas que limitaron el desarrollo de la agricultura y ganadería, incluyendo al sector lácteo, en el cual hay más demanda que producción propia. Estas reconversiones significaron el mayor proceso de destrucción de tejido productivo en la historia de España y con ellas se quebraron las bases de un desarrollo sólido e independiente de la industria nacional.

La reconversión en los sectores estratégicos de la siderurgia, la minería y la construcción naval fue especialmente dura y significó la destrucción de más de 200.000 empleos industriales directos y hasta un millón, contando los indirectos, así como el virtual arrasamiento económico de las comarcas donde estas industrias se asentaban. Se desmantelaron los Altos Hornos. En la construcción de barcos pasó de ser la tercera potencia mundial y de tener una cuota de mercado europeo del 5%, a ser la tercera parte y sólo 1.2% en Europa. La flota pesquera quedó reducida a la quinta parte. La industria automovilística se desmanteló por completo y las mejores empresas pasaron directamente a las multinacionales alemanas y francesas, sobre todo, SEAT, Pegaso, Ebro y Santana.

En agricultura, al desligar las subvenciones de la producción, se ha favorecido la concentración monopolista en el campo, eliminando más de un millón de empleos agrícolas y expulsando del sector agrícola a medio millón de pequeñas y medianas explotaciones.

Debilitando la base industrial del país, los monopolios europeos consiguieron lo que se proponían: invertir el desarrollo español y profundizar la economía de servicios, que hoy representa ya el 60 % del empleo total. En los años duros de la reconversión, el paro pasó de dos millones en 1982 a los casi cuatro millones de parados del 1985. Esta cifra volvió a dispararse en medio de la crisis y el paro afecta hoy a 4.8 millones de trabajadores.

La fuga de los fondos de cohesión y estructurales hacia los países del Este (de 40.000 a 48.000 millones de euros) y la conversión de España de país receptor de “ayudas” en aportante neto de la UE precipitaron la crisis. Así se paga la prosperidad al debe. El sueño europeo se hizo añicos y ahora, en las nuevas condiciones de una economía retomada por las multinacionales europeas, los españoles deberán abonar hasta el último centavo. El ciclo se va a repetir en la Europa del Este. Ese y no otro es el sentido que tiene la ampliación de las potencias de la Unión Europea a los débiles países de la antigua Europa soviética. Arrimándose hasta las fronteras de Rusia, la UE hace realidad el viejo sueño de la OTAN en la guerra fría.

IV. Las cifras de la retoma y de la crisis

Las cifras son verdaderamente alarmantes. España tuvo el año pasado un crecimiento negativo de -3.7% y la tendencia continúa en el 2010. Su déficit fiscal llega al 11% después de haber tenido un superávit del 2% en el 2006 y su déficit comercial es enorme. Como si fuera poco, su deuda pública tiene una tendencia creciente y alcanzará un récord del 74.3% del PIB en 2012, después de estar en un 36% en 2007 y en 63,5% en 2010. España padece un desempleo del 20.5% de su población activa, equivalente a 4.8 millones de trabajadores, el doble de lo de Grecia. El endeudamiento de las familias españolas está en el 117% de sus rentas disponibles.

Para remate, la calificadora de riesgo Standard and Poors, S&P, le bajó la calificación a España aumentando el riesgo país. Esto encarece el dinero, hace huir a los especuladores que ven en peligro sus capitales golondrinas y permite a los bancos endurecer las condiciones de crédito, lo que a la postre aumenta la retoma de las industrias nacionales, pues éstos, además de pedir las garantías tradicionales, exigen la venta de activos o la ampliación de capital de las empresas, creando el terreno para que los especuladores las tomen a precio de remate. Esta baja calificación que lleva al encarecimiento del dinero significa que por cada 1.000 millones de euros de nueva deuda hay que pagar unos excedentes de 7.3 millones, sobre las tasas del mercado. La sociedad española está altamente endeudada. La sumatoria a finales de 2009 de la deuda del gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, las empresas y los hogares y el sector bancario, alcanzaba el 390% del PIB, y por tanto, la baja en la calificación de las agencias de riesgo implica que el dinero se encarece para la sociedad en su conjunto.

V. El Fondo Monetario Internacional como árbitro de la crisis

El estallido de la crisis en la Unión Europea comenzó por Grecia. Cual mancha de petróleo se extendió por Irlanda, Portugal, Italia, Hungría y otros países de la periferia de la Unión. Ni siquiera las grandes potencias han escapado a su contagio. El nuevo gobierno británico declaró que la situación era mucho peor de lo que se pensaba. Y Francia se ha visto sacudida por gigantescas movilizaciones de los trabajadores contra una regresiva reforma pensional que eleva drásticamente la edad para obtener este derecho. La neoliberal y derechista Unión Europea se vio sin herramientas adecuadas para afrontar la crisis. Por esta razón tuvo que acudir una vez más al inefable Fondo Monetario Internacional para que diseñara los planes de ajuste y los recortes con que los países pobres de la periferia europea deberían pagar con sangre su osadía de pretender vivir como los ricos de la zona.

La Unión Europea y el Fondo Monetario forzaron a España a cumplir con una reducción del déficit fiscal hasta el 3% para el año 2013. Con este fin, el gobierno de Rodríguez Zapatero ha adoptado una serie de medidas de ajuste que implican el ahorro de 50.000 millones de euros en los próximos cuatro años. Por supuesto, en ninguna de las medidas de ajuste se ve exigencia alguna a las grandes multinacionales y al capital financiero. Por el contrario, todas apuntan a reducir los gastos sociales del Estado, que disminuye sus costos de funcionamiento, inversiones y transferencias y a golpear aún más a los trabajadores reduciendo y congelando los salarios, disminuyendo las pensiones, aumentando la edad de jubilación y precarizando las condiciones laborales.

VI. Las medidas del presidente “socialista”

El gobierno del llamado Partido Socialista Obrero decidió reducir los sueldos de los funcionarios públicos en un 5% para el 2010 y su congelación para el 2011, reemplazar solamente uno de cada 10 trabajadores que se jubilen, congelar las pensiones y eliminar el régimen de transición para las jubilaciones parciales, que significaba reducir la jornada laboral al 75% antes de los 65 años. Decidió además suprimir el llamado cheque-bebé, reducir los gastos en medicamentos, eliminar los retroactivos relacionados con la morosidad en el pago de las prestaciones, reducir la ayuda oficial a gastos de desarrollo, restringir la inversión pública, recortar las transferencias del Estado central a comunidades autónomas y ayuntamientos e incrementar dos puntos en el impuesto del IVA.

A las anteriores medidas hay que sumar la rebaja en las indemnizaciones por despidos injustos y el aumento de la informalidad y temporalidad de los empleos y la decisión de expulsar de sus puestos a trabajadores veteranos para ser reemplazados por jóvenes asalariados con menores ingresos y garantías. Las decisiones fueron adoptadas primero por la vía de un Real Decreto-Ley en el pasado junio, y posteriormente, en septiembre, ratificadas y empeoradas por ley en el parlamento español. Como se ve, la esencia de las medidas es un ataque a la estabilidad laboral y a los derechos históricos de los trabajadores, así como la reducción de los salarios. Todo esto en un país que padece una enorme tasa de desempleo y contra infinidad de hechos que evidencian que no se crea trabajo precarizando las condiciones de los trabajadores. En realidad, los salarios en el resto de Europa son tres y cuatro veces superiores a los de España, con precios similares, prácticamente los mismos impuestos y muchas más coberturas sociales por parte del Estado. Todas estas determinaciones van en sentido contrario a las que en una situación similar tomó la Argentina y que le permitieron salir de la crisis, superando el problema de la deuda, el paro y el bienestar de la población.

VII. Los sindicatos convocan a la huelga general

Ante estos hechos los sindicatos españoles convocaron para el 29 septiembre la huelga general. Tuvieron que hacerlo venciendo las reticencias de enfrentar a un gobierno al que políticamente habían apoyado con toda decisión. Una vez más, reeditan la experiencia de las cuatro huelgas generales que libraron en los comienzos de los gobiernos de Felipe González. Al asumir la senda de la resistencia, la UGT y CCOO, los sindicatos mayoritarios convocantes, adoptaron el camino correcto que los aparta de la línea conciliadora y claudicante que ha venido preconizando a nivel internacional la Confederación Sindical de Trabajadores, CSI. El papel de esta Confederación en la actual crisis, que golpea duramente a los trabajadores, ha sido lamentable. Se ha limitado, a través de sus jerarcas, a deambular por los pasillos donde se reúnen las cumbres del G8 y el G20, pidiendo pequeñas enmiendas en los documentos oficiales. Y han llegado al extremo de otorgar carta blanca al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, los cancerberos internacionales del capital financiero, cuyas políticas son las causantes de los males, a que sean ellos los que los remedien con sus planes de ajuste.

La huelga, sin duda alguna, ha sido exitosa y estuvo acompañada de gigantescas manifestaciones, no sólo en las ciudades de España, sino en muchas de las capitales europeas, pues las regresivas reformas contra los derechos de los trabajadores se adelantan en todas partes. Les auguramos nuevos éxitos a nuestros hermanos de clase, en la seguridad de que estas batallas son solamente episodios de la larga lucha que deberá seguirse librando entre el trabajo y el capital. La conspiración mediática y de la gran prensa no podrán silenciar las enormes protestas y mantener este espíritu de resistencia y movilización s condición necesaria para echar atrás las regresivas medidas de Rodríguez Zapatero contra los trabajadores españoles.