LA EDUCACIÓN COMO LUCRO INDIVIDUAL

LA EDUCACIÓN COMO LUCRO INDIVIDUAL

Eduardo Sarmiento, El Espectador, Bogotá, marzo 20 de 2011


La nueva reforma educativa contempla la inversión con ánimo de lucro en las instituciones de educación superior.
La norma está orientada a propiciar la entrada de capital privado y de los inversionistas para ampliar la oferta del servicio y reducir la necesidad de los aportes presupuestales para las universidades públicas.
En razón de que los beneficios económicos de la educación son mayores en los estratos altos que disponen de los medios más favorables para explotarla, de hecho surgiría una alianza para apropiárselos. Los estudiantes pudientes pagarían más para que les otorguen un servicio con características especiales, las instituciones los preferirían con respecto a otros estratos y se montaría la ficción de que son mejores porque exhiben matrículas más altas.
Los estudiantes de menores ingresos quedarían en desventaja, porque se verían como un negocio inferior y de mayor riesgo. Su formación dejaría de ser un derecho constitucional para convertirse en una concesión de las instituciones privadas.
Quiérase o no, se profundizaría la estructura en que una cúpula recibe una educación de alta calidad y el resto de mala calidad. Las desigualdades se replican en las oportunidades de la educación y éstas acentúan las desigualdades.
Al igual que sucede con la distribución del ingreso, el desempeño de la mayoría de los estudiantes se encuentra por debajo del promedio y la diferencia entre los mejores y los peores es abismal.
Curiosamente, la propuesta oficial se justifica con los argumentos neoliberales que predominaron hace 20 años y que han sido controvertidos por los hechos. No es cierto que las instituciones que cargan las mayores matrículas obtengan los mejores resultados escolares. Mientras los exámenes Ecaes revelan que no hay diferencias considerables entre los puntajes de las universidades privadas de élite y las universidades públicas, en los balances se observan disparidades de cinco veces entre las matrículas de las primeras y los costos por estudiante de las últimas. Aún más diciente, en los exámenes internacionales PISA se encuentra que el mejor desempeño no se da en los países, como Estados Unidos, que destinan mayores gastos en educación, sino en los países igualitarios como Finlandia, que han logrado avanzar en organizaciones integradas que exhiben menores diferencias entre los mejores y los peores.
La evidencia histórica muestra que la tradición cultural, el medio ambiente y las capacidades cognoscitivas son las principales causas del desempeño escolar. A diferencia de lo que ocurre con las empresas manufactureras, se trata de elementos externos a las instituciones docentes que no pueden adquirirse con lucro empresarial. El acceso de los sectores menos favorecidos a estos factores sólo puede lograrse dentro de un marco institucional que propicie su interacción e integración con los grupos altos, como sería la concurrencia de los estudiantes de distintos estratos a las mismas instalaciones escolares.
En este contexto, el papel esencial del Estado no puede ser distinto al de suministrar los recursos adecuados para que toda la población acceda a la educación y crear las condiciones para nivelar los beneficios y las oportunidades. La tarea sólo puede realizarse dentro de una amplia participación de las instituciones públicas y severa regulación de las privadas. La delegación de esta responsabilidad en los inversionistas privados es una apuesta a la inequidad.