El Plan Nacional de Desarrollo una reforma contra la educación colombiana

El Plan Nacional de Desarrollo una reforma contra la educación colombiana

Bogotá D.C., 20 de junio 2019, John Granados Rico, Asesor de asuntos pedagógicos en CEID-FECODE.

Hoy en día en los foros educativos se afirma que el papel de la escuela es el desarrollo de competencias funcionales, específicas, financieras y ciudadanas en los estudiantes, también,  que se debe hacer énfasis en el saber hacer y en el saber aprender para enfrentar los retos laborales del siglo XXI, se enfatiza, que el sistema educativo debe formar Capital Humano para afrontar las necesidades del mercado laboral globalizado y por ende las instituciones educativas deben responder a las necesidades de los grandes capitales nacionales e internacionales.

El plan Nacional de Desarrollo – PND del gobierno de Iván Duque “Pacto por Colombia pacto por la equidad 2018 – 2022”, hecho a la medida del imperialismo Norte Americano y que cumple las orientaciones del Banco Mundial y de la OCDE, profundiza en el modelo educativo basado en competencias afectando lo alcanzado en la Ley General de Educación en lo concerniente a los fines de la educación, las áreas fundamentales y obligatorias, la autonomía escolar y la libertad de cátedra. Para comprender las implicaciones de las anteriores afirmaciones es indispensable desenmascarar lo que oculta el discurso de las competencias.

En el informe realizado por el Banco Mundial sobre el desarrollo mundial de 2018, Aprender para hacerle realidad la promesa de la educación. Panorama general, el organismo establece que el objetivo del sistema educativo es el aprendizaje de competencias para el mercado laboral, además, afirma que deben llegar trabajadores con aprendizajes multidimensionales en competencias básicas, cognitivas, socioemocionales y específicas indispensables para la competir en la economía global que les permita mejorar sus condiciones de vida y superar la pobreza.

La OCDE presenta un marco de habilidades basado en tres pilares; competencias relevantes desde la infancia hasta la adultez, las competencias para el mercado laboral y el uso de las competencias para la economía y la sociedad. La estrategia del organismo es promover en las instituciones educativas solo aquellas competencias que sirvan para el desarrollo económico.

El PND, aprobado este año, señala que la política educativa pública para los niveles de preescolar, básica y media estarán encaminados al aprendizaje de las competencias para la vida, haciendo énfasis en las competencias transversales, socioemocionales, ciudadanas y financieras. Esta política se desarrollará mediante la ampliación hasta grado séptimo del Programa Todos a Aprender – PTA para modificar las prácticas docentes, la imposición de secuencias didácticas basadas en competencias hasta grado undécimo y mayor incidencia de los resultados las Pruebas Saber y PISA en la definición de la política educativa nacional y en la dirección de las instituciones educativas públicas.

El grupo de competencias mencionadas hacen énfasis a las conductas, a los comportamientos y a las actitudes requeridas por el mercado laboral y el sector financiero, para participar proactivamente en los procesos democráticos de manera pacífica, valorando y respetando las diferencias. Por ende, se requieren habilidades para la solución de problemas, la comunicación asertiva, la toma de decisiones y el manejo de las emociones, las cuales son indispensables para la interacción y relacionamiento con otras personas en el ámbito personal y organizativo.

Por lo tanto, lo planteado en el PND no está dirigido al desarrollo de la ciencia, de la cultura y de las fuerzas productivas nacionales, sino por el contrario, es una política orientada a garantizar una masa trabajadora que se adecue a los requerimientos del imperialismo Norte Americano, al mercado laboral y a las necesidades del sector financiero internacional.

En conclusión, las competencias atacan la ley general de educación al imponer las competencias transversales, socioemocionales, ciudadanas y financieras dejando de lado el conocimiento de la ciencia, de la cultura nacional y universal, de la historia y del arte. Este enfoque no hace énfasis en una formación integral, sino en el saber hacer en un contexto particular y direccionado a satisfacer las necesidades del mercado laboral. De este modo la educación deja de ser el vehículo para comprender la naturaleza, promover y desarrollar la ciencia, conocer y afianzar la cultura nacional, desarrollar las fuerzas productivas del país para acumular y distribuir la riqueza, sino que pasa a satisfacer las necesidades del imperialismo Norte Americano y de los grandes capitales internacionales que requieren mano de obra barata y dócil.