¿Cuál es el secreto de Finlandia para ser la mejor educación del mundo?

¿Cuál es el secreto de Finlandia para ser la mejor educación del mundo?

María Antonieta Cano, miembro Junta Directiva ADE, Bogotá, agosto 8 de 2017

¿Qué tiene Finlandia que no tenemos nosotros? ¿Por qué ellos ostentan el mejor sistema educativo del mundo y nosotros, uno de los peores? Las respuestas a estas preguntas son más sencillas de lo que se prevé. En Finlandia la educación es universal, pública, gratuita y de alta calidad. En las mismas instituciones estudian los hijos de la élite y de los pobres. Cuenta con un sistema en el que los profesores son de los profesionales mejor pagos, con una excelente formación docente garantizada por el Estado y con garantías laborales. Elemental, querido Watson. ¡Claro! Ni punto de comparación con lo que aquí sucede.

Se trata de hacer conciencia de que es el Estado el que debe asumir la responsabilidad, al ser el único con el músculo económico suficiente para garantizar la educación como un derecho. Al ser un asunto de Estado, se debe garantizar como derecho una educación universal, gratuita y de alta calidad.

Si miramos, los mejores sistemas educativos del mundo, como el de Finlandia, no tienen una receta mágica, simplemente obedecen a unos criterios básicos;

La educación en estos países es universal, es decir, para todos. Los pobres, los de clase media y los ricos van a la misma escuela. El hijo de un minstro se sienta al lado de la hija de un obrero y esto hace que haya un criterio altamente democrático y que quienes gobiernan se preocupen por la educación que recibirán sus propios hijos. El principal objetivo de la política educativa finlandesa, financiada en su mayor parte por el Estado, es ofrecer a todos los ciudadanos igualdad de oportunidades.

Es pública y gratuita. Otra de las características básicas de la educación finlandesa es que es pública en todos los niveles, desde el preescolar hasta la educación superior. Y gratuita en todo el sentido de la palabra. Incluye los textos escolares, la alimentación y el transporte. En Colombia, el concepto de gratuidad no pasa de ser mera retórica y en el caso de la cobertura la cifra es alarmante. Hay más de 1.800.000 estudiantes que se encuentran matriculados en colegios privados y para completar el cuadro, alrededor de 1.400.000 son de estratos uno, dos y tres. ¡Vergüenza nacional!

Es democrática. En Finlandia existe y se respeta la autonomía escolar. Las escuelas siguen unos lineamientos curriculares, que incluyen los objetivos y contenidos básicos de las diferentes materias, pero son las autoridades locales de educación y las escuelas mismas las que elaboran sus propios planes de estudio, en el marco del plan nacional de estudios, y los maestros gozan de libertad de cátedra. Pueden decidir sus métodos de enseñanza, su método para evaluar, sus textos escolares y otros materiales. A contramano, en Colombia la autonomía y la libertad de cátedra son letra muerta frente a las imposiciones del Ministerio de Educación. El mundo al revés. Mientras que en países como Finlandia el gobierno financia y las escuelas deciden autónomamente los contenidos y los métodos, en Colombia el Estado no solo se ha ido desentendiendo de la financiación, sino que ha ido imponiendo los énfasis a rajatabla, pasando de los contenidos en los años sesenta a los logros en los noventa y de aquí a los indicadores de logros, las competencias interpretativas, argumentativas y propositivas y, finalmente, a los estándares.

Es de calidad. Países como Finlandia tienen claro que la educación apuntala el desarrollo del conocimiento y de las sociedades siempre y cuando sea de buena calidad. En palabras del senador Robledo, “La clave es el desarrollo del conocimiento. No hay progreso social que no está antecedido por un progreso del conocimiento, ni progreso que no genere saltos en el conocimiento”. La educación debe generar desarrollo, no subdesarrollo. En Colombia, la mala educación es una política de Estado.

En nuestro país, infortunadamente, se ha impuesto la lógica neoliberal. Se le ha impuesto como meta al sistema educativo, no la fundamentación y alcance del saber, sino obtener alguna habilidad. Se desecha así el conocimiento por la búsqueda de la competencia. Se trata, no del conocimiento científico, sino de lograr formar una competencia, algo así como “un saber hacer en contexto”, pues las competencias son en esencia “formación para la vida en sociedad”, lo cual significa la adaptación del individuo a las condiciones de la globalización y el libre comercio.

 

En Finlandia los profesores son tratados con respeto y es un orgullo ser profesor. La docencia es una carrera atractiva en Finlandia. Como los centros de formación pedagógica hacen un exhaustivo proceso de selección, sólo accede el 12% de los postulantes. Se considera imprescindible contar con personal altamente calificado, porque los maestros gozan de amplia autonomía.

Los educadores son reconocidos como la clave de la calidad y, por lo tanto, se presta atención a su formación, tanto a sus estudios como a la continua actualización. Todo lo contrario sucede en Colombia, donde el salario de los docentes es uno de los más bajos del mundo, comparado apenas con países como Monzambique o Haití y donde el gobierno de Santos acaba de expedir los Decretos 501, 490 y 915, que configuran una verdadera contrareforma laboral tendiente a flexibilizar, precarizar y tercerizar la labor docente.

Así pues que no existe truco, receta ni pócima secreta. Para tener una buena educación como la de Finlandia solo basta con que el Estado, en aras del interés general, cumpla con edificar un proyecto educativo para la sociedad. Está claro que los intereses privados no pueden cumplir con dicha misión.

Si es tan fácil, ¿por qué en Colombia no se aplican estos mismos criterios? La respuesta es indignante. Aquí desde hace mucho tiempo los que han malgobernado al país decidieron imponer una educación pobre para pobres.

Es el momento de emprender una cruzada para defender como derecho la educación universal, pública, gratuita y de calidad, que rescate la dignidad de la profesión docente y que restablezca la verdadera autonomía escolar, para que los docentes y las instituciones sean los que determinen qué se enseña y cómo se enseña, qué se evalúa y cómo se evalúa y sean los criterios de la calidad y de servicio a los intereses nacionales los que se impongan y no los de la “racionalización económica” y “sostenibilidad fiscal” impuestas por el modelo neoliberal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *