Conociendo la historia de los cielos

Conociendo la historia de los cielos

Bogotá, D.C., junio 9 de 2019, Guillermo Guevara Pardo.

 

El enigma de los cielos. Una breve historia de la cosmología. Juan Carlos Sanabria, Ph. D., Debate, 2019.

Las ciencias naturales han alcanzado increíbles niveles de profundidad en la explicación de los distintos fenómenos naturales que de manera incesante ocurren en el infinito cosmos. Esto ha hecho que los científicos se especialicen más y más en cada una de las diferentes ramas de la ciencia que se dedican a estudiar una u otra faceta de la naturaleza. En la antigua Grecia un individuo como Aristóteles era capaz de dominar con propiedad campos tan diversos como la astronomía o la zoología. Hoy, eso es imposible o por lo menos no práctico: aunque el recién fallecido Murray Gell-Mann podía plantear opiniones sobre, por ejemplo, la selección natural, el fuerte de su conocimiento estaba en las entrañas del átomo, especialmente lo que tenía que ver con la dinámica de los quarks. La mayor profundidad que día a día logra la actividad científica tiene que ver con el hecho de que tras cada descubrimiento, tras cada explicación lograda, tras cada verdad establecida surgen nuevos hechos que requieren nuevas explicaciones para alcanzar nuevas verdades. La ciencia es infinita, recorre un camino en espiral que amplía cada vez más el conocimiento del mundo. Se parece al «Trofeo senza fine» con el que se premia al atleta que finalmente vence a sus rivales, montando una bicicleta en las carreteras de Italia.

Ante el hecho evidente del incremento teórico y práctico ascendente del cuerpo de la ciencia, su divulgación se ha convertido en una muy importante vía para acercar a una masa amplia de neófitos a los maravillosos resultados que obtienen los científicos en distintas partes del mundo, o que lograron en épocas que ya quedaron en la historia. Eso sí, la principal forma de difusión científica sigue siendo a través del sistema educativo en todos sus niveles. De allí la necesidad de desarrollar planes de estudio donde los contenidos primen frente a los métodos. Los maestros de biología, física, matemáticas y química deben estar constantemente al tanto de los avances que se dan todos los días en el campo de la ciencia. A esa tarea contribuye el libro aquí reseñado.

Desde que los hombres alzaron la mirada hacia los cielos nocturnos tachonados de misteriosas luces, contemplaron la esfera de fuego que todos los días sale por un lado del horizonte y se oculta por el opuesto, se admiraron ante el astro que aparece y desaparece con ritmo femenino, empezaron a plantearse preguntas que únicamente se hacen los humanos, por ejemplo: ¿cómo se originó todo lo que vemos? Pero también lo hicieron para resolver problemas más prosaicos: diseñar calendarios, cobrar impuestos, definir cuándo sembrar y cuándo cosechar, orientarse cuando siguieran el llamado de los caminos del mar, etcétera.

La cosmología, como tantas cosas, tuvo sus primeros balbuceos en el trabajo de pensadores de culturas que florecieron en Babilonia, China, Egipto, Persia y especialmente en Grecia donde, por ejemplo, Anaxágoras planteó que el Sol debía ser una gran roca incandescente y lejana. La ciencia del cosmos hubo de transitar un largo camino hasta alcanzar el estatuto de teoría científica a principios del siglo XX, con el advenimiento de una las máximas creaciones del intelecto humano: la teoría de la relatividad, después complementada con esa otra catedral científica que es la mecánica cuántica. El libro del físico e ingeniero eléctrico Juan Carlos Sanabria es un buen ejemplo de cómo valerse de la historia de la ciencia para hacer divulgación científica

El texto, que no está escrito para especialistas de la física ni de la historia de la ciencia, es el producto de veinte años dedicados a la enseñanza en las aulas de la Universidad de los Andes y pensado por su autor para personas que no tienen formación científica. Empleando un lenguaje sencillo, usando la matemática mínima necesaria que permita comprender lo fundamental de algún concepto («Las Matemáticas son apropiadas y fabulosas para describir los fenómenos de la naturaleza, en especial los de la Física, pero lamentablemente solo una minoría domina suficientemente ese lenguaje») el autor conduce al lector por los momentos más importantes en el desarrollo y consolidación de la cosmología, desde la música de las esferas celestiales que Pitágoras creía escuchar tras los misterios de los números, hasta la detección, en el complejo experimento LIGO, de un murmullo en forma de onda gravitacional, destacando en cada instante el rol de los actores más importantes de la narración: los científicos.

Los profesores de ciencias naturales (y cualquier otra persona con suficiente interés intelectual) tienen la oportunidad, al leer El enigma de los cielos, de acercarse a la maravillosa historia del desarrollo de la cosmología y formar una comprensión racional de la estructura y evolución del universo que habitamos.  Además, su lectura y difusión debe estimular a otros científicos colombianos para que también se embarquen en la noble tarea de acercar la ciencia a quienes son ajenos a lo que se hace tras las puertas de laboratorios y observatorios.