‘Colombia, very well!’

‘Colombia, very well!’

Yolanda Reyes

El eslogan hace pensar más en mercadeo turístico que en una estrategia educativa de largo plazo y refleja esa pobreza lingüística de la enseñaza del país.

2:39 a.m. | 2 de febrero de 2015

El 10 de julio del 2014, en el Instituto Técnico Central La Salle, el presidente Santos lanzó el Programa Nacional de Inglés 2015-2025, ‘Colombia, very well!’. El eslogan, bastante obvio, hacía pensar más en mercadeo turístico que en una estrategia educativa de largo plazo y reflejaba esa pobreza lingüística que ha caracterizado no solo la enseñanza del inglés, sino la del español, con sus frases hechas y sus prácticas repetitivas.

Sin embargo, el discurso presidencial resultó más pobre que el eslogan. “Hablar inglés es una necesidad apremiante que tienen, incluso, países del primer mundo como España, Corea y Alemania”, dijo Santos, y agregó, a modo de justificación: “Ustedes seguramente conocen un popular video en YouTube, muy simpático y muy diciente de cómo hace falta el bilingüismo en nuestro país: se trata de una muy linda candidata al Reinado de Belleza a quien le preguntan si habla inglés, y ella –para probarlo– dice: ‘I loving in Colombia… its felicing de estar in Cartagen Hilton’ ”.

Ya al comienzo de su intervención, el Presidente se había burlado de los alumnos del colegio Gabriel García Márquez de Soacha por haberle atribuido al escritor la autoría de La hija del mariachi, y esos chistes, sumados a comentarios típicos sobre las pruebas Pisa, fueron sus argumentos para insistir en el otro eslogan de ‘Colombia, la más educada’. El fondo de su discurso, y no me refiero solo al de ese día, sino al discurso pedagógico del Gobierno, parecía reducirse a clichés de los tiempos escolares de Santos: sacar notas más altas que los vecinos en los exámenes, “desempeñarse” bien en certámenes y enumerar obras y autores.

Pero faltaba la justificación más ilustrativa sobre la importancia de enseñar inglés en instituciones oficiales, y he aquí la explicación presidencial: “Por varios motivos, Colombia es un país ideal para atraer lo que llaman los call centers. Ustedes saben que hoy en el mundo, cuando ustedes quieren hacer alguna transacción internacional, digamos de una tarjeta internacional American Express, llaman supuestamente a Estados Unidos y les están contestando en la China o en la India (…). Nosotros nos estamos convirtiendo en un país muy atractivo porque tenemos la fama de ser el país con mejor español y no tenemos acentos muy marcados… La única limitante… es la falta del inglés”.

Si es cierto que somos, pensamos y nos formamos con la lengua o las lenguas que hablamos –y leemos y escribimos–, y si ese binomio lenguaje-pensamiento es la esencia de nuestra forma de construir significado y de insertarnos en la cultura y transformarla, el aprendizaje, el desarrollo personal y social y, por consiguiente también, el funcionamiento de la democracia suponen un dominio lingüístico mucho más complejo que el de hablar un español “neutro” y un inglés para call center, o el de tener una alfabetización instrumental. Y no se trata únicamente de un asunto laboral, sino de un asunto político, en el sentido pleno de la palabra: en el sentido de equidad del capital simbólico.

De ahí que una apuesta de enseñanza de las lenguas para una educación en igualdad de condiciones requiera ir más allá de campañas mediáticas basadas en voluntarios que vienen a Colombia a enseñar inglés durante un año. Al Ministerio de Educación le corresponde, además de dar línea conceptual, comunicar al país los porqués y los cómos de la enseñanza de las lenguas, sin sacrificar la complejidad de los procesos ni las múltiples conexiones entre lengua(s) materna(s) y extranjeras, planes de lectura y escritura y políticas culturales. En ese sentido, no sobra recordar que la calidad de la educación comienza por respetar la inteligencia de los interlocutores y dotar de contenido los discursos de Estado.

Yolanda Reyes