CIENCIA, SOBERANÍA Y EDUCACIÓN

CIENCIA, SOBERANÍA Y EDUCACIÓN

Bogotá D.C., 24 de octubre de 2020, John Alexander Granados Rico, Asamblea de Delegados ADE, CEID-FECODE.

La humanidad en el siglo XXI logró superar muchos de los problemas fundamentales para la subsistencia: los modernos métodos agropecuarios permiten producir centenares de millones de toneladas de alimentos, los avanzados sistemas de transporte y de telecomunicaciones tienen interconectada toda la geografía terrestre y han facilitado la exploración del espacio exterior, la ciencia médica erradicó enfermedades mortales para los humanos y desarrolló tratamientos que han aumentado el promedio de vida de las personas en comparación con los siglos anteriores, y la industria mundial tiene una capacidad inigualable de producir diversas mercancías gracias a las actuales de tecnologías energéticas, de manufactura y de materiales. El impulso de la civilización no se detiene y cada día acumula más y más conocimientos para resolver los problemas que continuamente enfrenta la sociedad.

No obstante, el portentoso desarrollo al que asistimos, la brecha entre países desarrollados y no desarrollados aumenta cada día más, la riqueza se concentra en el 1% de la población con lo cual se impide que los importantes avances científicos y tecnológicos del siglo XXI estén al alcance de toda la humanidad. A lo anterior se suma que todo ese maravilloso desarrollo se concentra en un puñado de naciones desarrolladas que monopolizan más del 90% del nuevo conocimiento que se alcanza y que los organismos multilaterales imponen a la mayoría de las naciones políticas económicas y educativas que las marginan de la investigación en áreas fundamentales para profundizar en la ciencia y la tecnología, afectando el bienestar de la población y la soberanía nacional.

Es innegable la existencia de una relación directa entre el avance científico y tecnológico, la capacidad productiva y el progreso de la población de un país, con el ejercicio de la soberanía nacional. Por ejemplo, Colombia desde el siglo XX y lo que va corrido del presente, siempre ha estado bajo el control de Estados Unidos, quien impuso el dogma neoliberal materializado en un modelo económico de explotación de materias primas, de producción de monocultivos tropicales y dependiente de la financiación del capital del sector financiero internacional. Lo anterior, ha traído como consecuencia la destrucción de todo el aparato productivo agropecuario e industrial nacional, el empobrecimiento de la inmensa mayoría de la población y un raquítico desarrollo científico y tecnológico.

La doctrina neoliberal imperante en Colombia trae como consecuencia la imposibilidad de conocer de manera científica los fenómenos naturales y sociales, y hacen carrera las concepciones filosóficas que consideran que cualquier interpretación de la realidad es una opinión válida para justificar los intereses de las multinacionales y sus vasallos criollos. Por ello, el gobierno de Trump pudo ampararse en unos estudios pseudocientíficos que niegan el calentamiento global para retirar al Imperio Estadounidense del Tratado de París y le permitió al de Duque afirmar irresponsablemente que las comunidades educativas no corren peligro de contagiarse con el virus Covid-19 si regresan a las aulas, bajo la modalidad de la alternancia educativa.

Los académicos neoliberales niegan que la pobreza en Colombia responda a la firma de TLC con distintos países, a las políticas que han destruido la industria, la producción agropecuaria, el empleo y que impiden la redistribución equitativa de la riqueza, sino que están ligadas al estado de ánimo o la actitud con la cual el individuo enfrenta los retos de la sociedad o, mejor dicho, por no ser un sujeto emprendedor. En consecuencia, los documentos gestados en los centros de pensamiento neoliberal y adoptados por el Gobierno en el Plan Nacional de Desarrollo “Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad”, señalan que la educación en el país debe concentrase únicamente en las competencias comportamentales, comunicativas, para resolver problemas y, para desarrollar la empatía y la resiliencia.

En nuestro país, con el Programa Todos a Aprender se impusieron los Estándares Básicos de Competencias, los Derechos Básicos de Aprendizaje y las Mallas Curriculares que han sido diseñadas para formar a los estudiantes en habilidades, aptitudes y destrezas para analizar, resolver problemas y manejar información en situaciones de la vida adulta, donde lo importante no son los conocimientos específicos de una disciplina, sino la comprensión de los problemas más amplios que se debaten dentro de la comunidad adulta. Pero en concreto: ¿Cuáles son las situaciones de la vida adulta?, ¿cuáles son los debates de la comunidad adulta? y ¿qué se requiere para poder comprender un problema y darle solución?

Las dos primeras preguntas son difíciles de responder por su grado de ambigüedad. Definir con precisión cuáles serán las situaciones de la vida adulta de los jóvenes que hoy se encuentran en el colegio y plantear cuáles debates enfrentarán en su vida adulta es imposible, por ejemplo, nadie pensó hace 25 años que la humanidad iba a enfrentar una pandemia por culpa de un coronavirus, y en consecuencia pronosticar cuáles habilidades requerían los ciudadanos para enfrentar la actual crisis sanitaria. Por lo tanto, concentrar los esfuerzos del sistema educativo en la formación de habilidades, aptitudes y destrezas que no estén respaldadas en el conocimiento es desperdiciar tiempo y recursos valiosos pues la historia de la humanidad ha demostrado que los seres humanos tienen una asombrosa capacidad de adaptación y de respuesta a situaciones novedosas y que el factor determinante para adaptarse es el conocimiento acumulado anteriormente por la humanidad.

La última pregunta nos lleva a otra aún más importante: ¿Qué se necesita para comprender un tema? Comprender es la facultad mental de entender un concepto o un fenómeno, poderlo explicar racionalmente y buscarle una aplicación práctica. En ese orden ideas, para comprender un artículo sobre biología molecular se requiere tener los conocimientos básicos de esa ciencia, del funcionamiento de la célula, del ADN, de las proteínas y poder leer el lenguaje en el que fue escrito; por lo tanto, para poder comprender un tópico es indispensable tener sólidos conocimientos disciplinares que son trasmitidos o enseñados desde la infancia, a lo largo del ciclo escolar y de la educación superior.

Con base en lo anterior se puede afirmar que centrar la educación en el desarrollo de habilidades, aptitudes y destrezas para analizar, resolver problemas no tiene sentido, porque lo fundamental es el conocimiento específico que posea el sujeto para sacarle provecho a esas capacidades. Por ende, lo propuesto por el gobierno de Duque en el Plan Nacional de Desarrollo profundizará más la brecha en ciencia y tecnología porque no se concentra en que los maestros tengan la posibilidad de trasmitir los conocimientos más avanzados alcanzados por la humanidad, sino en aspectos que no requieren una formación de vanguardia; esto impedirá que los colombianos puedan enfrentar los grandes retos que se le están presentando actualmente: nos dejan la astrología negándonos la astronomía.

Queda en evidencia que la política educativa en Colombia no responde a las necesidades para poder salir del subdesarrollo. Los maestros tienen en sus manos la inmensa responsabilidad de formar a esta y a las próximas generaciones en lo más avanzado del conocimiento científico, humanista y cultural, construyendo currículos escolares que no adopten los estándares Básicos de Competencias, haciendo uso de la libertad de cátedra y la autonomía escolar consagradas en la Constitución Nacional y en la Ley General de Educación.

El periodo previo a la Independencia nos enseñó que ofrecer una educación con lo más avanzado de la ciencia, con el objetivo de conocer las leyes del funcionamiento de la naturaleza, le permitió a un destacado grupo de personajes comprender la realidad concreta e impulsar la revolución contra el dominio español, esta tarea la adelantó, sin ser su propósito, José Celestino Mutis que influyó directamente en el pensamiento de Francisco José de Caldas, Sinforoso Mutis, Francisco Antonio Zea, Jorge Tadeo Lozano, Miguel Pombo, José María Carbonell quienes fueron importantes dirigentes de la gesta libertadora.

El atraso científico y tecnológico del país es inconmensurable, el control económico y político de los Estados Unidos sobre la nación es cada día más férreo y la insistencia de privatizar el derecho a educación no cesa. El magisterio bajo la dirección de Fecode ha logrado defender el servicio educativo público, pero debe arreciar el combate ideológico contra los Estándares Curriculares de Competencias e impulsar en el seno del Movimiento Pedagógico el carácter científico de la educación, que le permita a los estudiantes acceder a lo más avanzado del conocimiento, estudiar y comprender la realidad concreta en la que viven para transformarla.

 

TRIBUNA MAGISTERIAL BOGOTÁ
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